Amapola del 66

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La columna de radio de hoy estuvo dedicada al flamante disco de Divididos: Amapola del 66, una verdadera muestra de talento, creatividad y vigencia. Sin duda, la paciencia fue pagada con creces. Podría decir miles de cosas, pero para eso está el audio... que lo disfruten.

PARTE 1





PARTE 2




Jimi Hendrix: Valleys of Neptune

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Dediqué mi columna de hoy al inagotable e inoxidable talento de Jimi Hendrix; evidenciado, en este caso, a través del flamante disco "Valleys of Neptune".

PARTE 1





PARTE 2


No detenga su motor

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Amo y esclavo del ritmo, Santiago Vazquez es un músico extraordinario y un trabajador compulsivo. De su mano, La bomba de tiempo dejó de ser una orquesta de percusionistas para convertirse en un fenómeno cultural. Como si fuera poco, sus proyectos con Puente Celeste y La Grande están en constante ebullición. En esta nota, una radiografía de una mente que no puede quedarse quieta.

TEXTO MARTIN SANTORO





¿Cómo comenzó tu amor con la música?
Mis padres escuchaban todo tipo de música y yo, según ellos, cantaba e inventaba canciones permanentemente. Recuerdo que tenía una relación especial con el tocadiscos. Apenas lo supe manejar, me podía pasar horas poniendo y sacando discos y mirando el surco mientras escuchaba la música.

Después, recuerdo que armaba baterías con objetos de la casa como libros, cajas, tapas de casettes, ollas y almohadones. Los ponía sobre la alfombra y tocaba con unos palitos chinos junto a la música del equipo. En ocasiones, tocaba y cantaba improvisando melodías, que algunas veces grababa con un walkman. Algunas se convirtieron en mis primeras composiciones.

Mas adelante, a los 10 años comencé a estudiar batería y durante varios años trabajé como baterista, hasta que fui descubriendo otros instrumentos de percusión como el berimbao y la kalimba, por ejemplo. Ahí fui rescatando aquello que yo hacía desde muy chiquito: juntar objetos de todo tipo y hacer música con eso. Al mismo tiempo, siempre fui estudiando audiopercepción, piano, composición, dirección, etc., para poder desarrollar esa inquietud melódica.

Una de las habilidades que más te distingue el tu dirección con un sistema de señas. ¿Cómo desarrollaste el sistema y la composición en tiempo real?
Yo venía trabajando con unos grupos de entrenamiento rítmico con los que utilizaba algunas señas muy rudimentarias fruto de la necesidad. En esa época vi un ensayo del músico norteamericano Butch Morris, que se dedica a la dirección de improvisación con señas y se me abrió una puerta conceptual. Yo no conocía su lenguaje gestual, pero entendí que se pueden usar señas para expresar lo que uno necesite como compositor o como director de improvisación.

En ese momento creé un sistema de señas para generar armonías aleatorias, algo en lo que me encontraba investigando. A partir de ahí, armé el Colectivo Eterofónico de Improvisación: un grupo para explorar la generación de armonías aleatorias y la composición en tiempo real. Ese grupo tenía la sonoridad de una pequeña orquesta de cámara, mezclado con un grupo de jazz. Lo que hacíamos enfocaba sobre todo en la exploración tímbrica y armónica.

¿Por qué pasaste de una propuesta como la del Colectivo Eterofónico a La bomba de tiempo? ¿Qué querías lograr con ese nuevo proyecto?
Después de varios años de trabajo con el Colectivo, fui sintiendo la necesidad de trabajar con el ritmo y especialmente con eso como forma de integrar la mente y el cuerpo en una sola cosa: el baile.

Después de terminar el Colectivo Eterofónico pasé tres años grabando mis discos Raamon y Mbira y Pampa, que van en esa dirección. También tocaba y grababa con Puente Celeste, juntando material para un disco íntegramente dedicado a lo rítmico que sería una colección de estudios de ritmo donde volcar años de trabajo en este sentido pero, a la vez, hacerlo desde un lugar de mucho gozo corporal, y no solamente como algo intelectual. También extrañaba el espacio social y cultural que se genera alrededor de la percusión en muchas ciudades del mundo. Me preguntaba cómo podría producirse algo así en Buenos Aires.

En un momento todas esas búsquedas se juntaron en un clic, y pude ver que un grupo grande de percusión podría trabajar esos “estudios de ritmo” mediante las señas y la improvisación, generando así ese espacio de baile y lo social para mucha gente, de una forma original y flexible. No imitamos otras culturas sino que buscamos lo que cada uno es. Desde ahí, pasé cerca de un año madurando la idea del grupo y desarrollando el lenguaje de señas hasta que tuve una lista de mis músicos ideales para este grupo.

¿Cómo elegís a los músicos con los que trabajás?
En el caso de La Bomba, era muy importante que, además de ser muy buenos percusionistas, fueran capaces de comprender analíticamente lo que tocan… y aún así tocar como si fuera puro corazón. Algunas de las señas que utilizamos exigen un grado alto de entrenamiento teórico y de lectura musical, etc. También es fundamental que tengan una personalidad especial, madura, ya que trabajar juntos durante tanto tiempo es una prueba difícil de convivencia.

En ese sentido, ¿cómo haces para dirigir a un grupo tan amplio de músicos donde cada uno viene con su estilo, sus ideas y sus egos?
La variedad de estilos es bienvenida y tiene su lugar en el sonido del grupo, aunque el lenguaje tímbrico de La Bomba está bastante definido desde el vamos. Para mí, lo fundamental es escuchar lo que motiva a cada uno y tratar de que eso no falte en el grupo. La verdad es que cada uno aporta de su propia visión y madurez personal para que todo fluya entre nosotros. Al mismo tiempo, todos somos conscientes de que en un grupo tan grande hay cosas que podremos hacer y otras que no.

Dada esa simbiosis de ritmo y baile que proponen, ¿sentís que la banda necesita de una retroalimentación del público para llegar a su máximo potencial?
La Bomba y su público son un todo. Creo que sin ellos haríamos otra cosa. Es música para bailar y si nadie baila no sirve.

Uno de los rasgos distintivos del show de La Bomba es la forma en que los invitados entrelazan sus estilos propios con el de la banda. ¿Con qué criterio elegís a los invitados?
El hecho de que haya invitados tiene que ver con la integración. Se trata de un mosaico cultural y musical, que es el de nuestra ciudad, nuestro país, nuestro continente y el mundo. Cada artista que sea parte de esa trama es valioso, mientras que entregue su arte con sinceridad y sin retacear nada. Por eso sentimos que invitar a músicos de estilos muy distintos es natural y que todos ellos nos enriquecen. Los queremos homenajear compartiendo nuestro escenario y nuestro juego.

¿Qué rol cumple La Bombería en el proyecto a mayor escala?
En un momento percibí que ésta forma de improvisar-jugar que usamos en La Bomba, con sus reglas y su sistema de señas, es una herramienta maravillosa para aprender y practicar música grupalmente en todos los niveles. Es suficientemente elástica y poderosa para que un grupo que improvisa con esto consiga cosas totalmente distintas de cualquier otro, usando las el mismo sistema. Desde ahí empecé a pensar que había que divulgar este lenguaje a través de una escuela y seminarios y abrirlo para que muchos otros lo puedan usar en todo el mundo.

Uno de los mayores logros que tiene el grupo en un constante crecimiento exponencial. ¿Por qué sentís que La Bomba se ha convertido en un fenómeno cultural tan importante en estos últimos años?
Supongo que hacía falta algo que cumpla esta función: poder reunirse, bailar, algo que cambia cada vez, tracción a sangre, un espacio que no rechaza influencias ni estilos, que no se encolumna detrás de ninguna estética o ideología, que es para todos y de cualquier edad, que es de acá… El ritmo, cuando se desprende de sus etiquetas, es realmente universal y conecta con algo que nos constituye en lo más profundo.

Con esta popularidad también se generó un cambio en el público que, si bien mantiene la esencia, cada vez parece banalizar un poco la propuesta artística, asistiendo por una cuestión de moda más que de empatía musical. ¿Estás de acuerdo?
Cada uno va por motivos diferentes y me parece que eso es muy bueno. No hacemos un show para ver sentados en una butaca y aplaudir al final. El ritmo es la bandeja sobre la que suceden muchas cosas y esa es la idea. Por supuesto que nosotros como músicos queremos que la música nos alimente y nos exprese y que a la gente le llegue lo que hacemos, pero no vamos a parar el show para pedir que escuchen porque llegamos a alguna polirritmia interesante o porque alguien hizo un solo que la rompió. Todo eso nos genera alegría a nosotros y estoy seguro de que eso llega a la gente de una u otra forma.

El proyecto de La Bomba comenzó como algo más bien under y hoy en día ya son un nombre instalado y popular. ¿Qué ganaron y qué perdieron con la popularidad?
No afecta mucha a lo que hacemos sobre el escenario. Gradualmente tratamos de profesionalizarnos un poco en relación al sonido, luces o esas cosas, pero La Bomba sigue siendo un grupo de goce y de investigación. Es maravilloso que algo así pueda ser popular. Yo tiendo a verlo como el fútbol: los equipos prueban diferentes formas de juego, cambian posiciones en la cancha, tratan de mejorar cada vez y nunca saben como va a terminar el partido. Las reglas del juego impiden que se convierta en un show: sigue siendo siempre un juego.

¿La cómo hacés para que la propuesta se mantenga fresca e interesante después de tanto tiempo?
Un poco de eso lo pone la improvisación y nuestros deseos de probar nuevos recursos. También estoy proponiendo un sistema por el que va a haber una rotación cada cierto tiempo en la dirección musical del grupo, para que nos podamos nutrir de los diferentes estilos de los directores. Algo parecido al rol del director técnico de un equipo deportivo.

¿Qué son Puente Celeste y La Grande en tu vida? ¿Tus otros proyectos llenan un espacio vacante que queda con La Bomba o nacen de inquietudes distintas?
Son cosas muy distintas. Puente Celeste surgió hace 13 años como mi grupo, pero hace ya 7 años que es un grupo con cinco líderes. Por lo tanto, es el espacio de confluencia de esas cinco personas en particular: Edgardo Cardozo, Luciano Dyzenchauz, Marcelo Moguilevsky, Lucas Nikotian y yo. Hay lugar para la improvisación y el juego, pero esto gira alrededor de composiciones instrumentales y canciones. Para mí Puente Celeste es el espacio para encontrarme con mis viejos amigos y jugar al a lo que mejor hacemos, usando de excusa músicas compuestas por cada uno que nos dan ganas de tocar.

Por su parte, La Grande es mi proyecto mas reciente. Es un grupo que integra mis facetas de compositor y productor con mi experiencia con la Bomba de Tiempo. Es como agregar a la idea de La Bomba un montón de instrumentos melódicos y mezclar todo eso en tiempo real, como si al dirigirlo yo fuera un DJ haciendo un mash-up. Para mí esto representa una forma nueva de hacer música con un grupo.

¿Cómo hacés para desdoblarte creativamente con tantos proyectos y mantenerte artísticamente interesante?
Para mí es como los amigos: con uno hablás de fútbol, con otro de artes, con otro te une el humor… Cada relación cubre distintas necesidades que uno tiene y extrañaría a cualquiera de ellas si me faltaran.

Parece que no parás ni un segundo. ¿Tenés una fobia a la quietud? ¿Qué te mantiene en constante movimiento?
No le tengo ninguna fobia a la quietud. Es mas, me encanta y necesito quietud interior para hacer lo que hago en el afuera. Me sucede que, así como a otros se les ocurren canciones todos los días, a mí se me ocurren conceptos de proyectos musicales. Pero a diferencia de las canciones, que se pueden escribir en media hora, un proyecto musical completo puede llevar varios años y muchísimo trabajo de muchas personas para ser concretado. Entonces descarto todas las ideas que puedo. Pero hay algunas ideas que no logro sacarme de encima. Esas las tengo que realizar porque si no, me pesan tanto que no me dejan avanzar.

¿Cuáles son tus planes para este año?
Grabaré un disco y tal vez un DVD con La Grande. Estaremos tocando en Konex en mayo y junio, durante una pausa de La Bomba de Tiempo. También tengo algunas giras como Santiago Vazquez Solo, que son shows que hago con percusión, voces, mbira, berimbao y electrónica en tiempo real. Con Puente Celeste estaremos tocando todos los jueves a partir de abril en el CAFF y grabaremos un disco nuevo para Japón ese mismo mes. Con La Bomba seguramente también hagamos un disco nuevo para fin de año, y seguiremos tocando como siempre los lunes en Konex, y en otros lugares fuera de Buenos Aires.

Fuera de los shows, espero hacerme algo de tiempo para completar un libro que empecé a escribir con el fin de divulgar el lenguaje de señas, otro de entrenamiento rítmico… ¡y no perderme el atardecer!


*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.revistaG7.com

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Ok, si los fanáticos de Riff me quieren cagar a cadenazos por el título, ¡que me vengan a buscarrrrrrrrrrr! (los espero con unos mates y chipá).

Motorama en Roxy Live Bar

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MOTORAMA
3 de marzo 2010
Roxy Live Bar

Por lejos, una de las mejores bandas para ver en vivo. Música que contagia adrenalina, swing, frenesí y todas las ganas de sacudir el cuerpo hasta que salga el sol.

Parada obligatoria: su MySpace.

Para ver más fotos, visiten mi Flickr.



Freak out!

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Ácido, irreverente, bizarro, anárquico, desubicado, incómodo, rockero… ¿Cuántos adjetivos pueden describir perfectamente la obra de Gustavo Sala? Este historietista marplatense se ha ganado un lugar en las principales publicaciones del país a fuerza de humor deforme y absoluta ignorancia de las “reglas de etiqueta” de cualquier publicación.

TEXTO MARTIN SANTORO





Allí reside su genialidad: altas dosis de humor no convencional, espíritu punk y un absurdo inteligente (que no es lo mismo que “hacer cualquier cosa”) llevado a su máxima expresión. Este cóctel embebe lo cotidiano para resultar en un cambalache lisérgico que descostilla de la risa a quien se anime a adentrarse en su mundo.

Además, es una especie de terrorista gráfico que no para: sus trabajos descolocan en la revista Fierro, Rolling Stone y el suplemento NO de Página12. Ya editó la antología “Bife angosto” con Ediciones de la Flor (Quino, Liniers) y acaba de lanzar “Bola triste”, un segundo compilado con un lema en la tapa que reza, cual Groucho Marx del subdesarrollo, “Advertencia: incluye sexo extremo, violencia explícita y advertencias innecesarias”. ¿Acaso queda alguna duda?

Tenés un estilo y un sello propio; algo que hace que al ver un trabajo tuyo no haga falta fijarse en la firma para saber de quién es. ¿De dónde nace tu humor? ¿Cómo hiciste para desarrollarlo?
El estilo nace a partir de lo que a uno le sale y de las cosas que más te gustan, que empezás a meter en tu dibujo aun sin proponértelo. Yo me ubiqué en un lado del dibujo de humor más grotesco o deforme por dos razones: primero porque me gusta y segundo porque me cuesta un huevo el dibujo realista, académico, donde no la podes pilotear y si dibujas para el orto la figura humana estas hasta las bolas. ¿Estoy usando un léxico inconveniente para esta revista? Espero que no, ¡carajo!

¿Sentís que hoy en día definen tu humor como “absurdo” porque no saben bien cómo catalogarlo? Si bien todos los rótulos son odiosos porque, inevitablemente, condicionan al receptor antes de ponerse en contacto real con la obra, ¿hay alguno que sientas que puede reflejarte fielmente?
No esta mal el rotulo de “absurdo” aunque no creo que me identifique en todo lo que hago. En todo caso, prefiero que me rotulen como “gracioso”. Es mucho más difícil ser “gracioso” que ser “absurdo”.

¿Cómo probás si algo es gracioso? ¿A esta altura, te das cuenta solo del potencial humorístico de un chiste o ya estás tan metido que acudís a otros para medirlo?
A veces pierdo el foco completamente sobre mi propio trabajo y, mirando una tira bocetada, me parece al mismo tiempo una idea copada que funciona y una reverenda pelotudez sin ninguna gracia. Para eso están mis amigos Quique, Pablo y Juan, a quienes les paso los bocetos que están “en duda” y, según sus devoluciones, los encaro para dibujarlos a full, me guardo la idea para cuando le encuentre la vuelta o simplemente las tiro ala mierda.

Debe ser muy difícil lograr que, después de tantos años, tu humor no se vuelva redundante y se agote. ¿Sentís que lo deforme/absurdo (otra vez esos rótulos…) te ayuda a eludir eso? ¿Se puede llegar a un punto donde ese lime también se vuelve previsible?
Por supuesto, todo el tiempo se puede ser redundante y caer en los mismos trucos o recursos una y otra vez. Muchas veces se me ocurren cosas que, haciendo memoria, me doy cuenta de que ya las había pensado años atrás. La memoria es así: miserable. Por eso siempre hay que tratar de hacer lo que a uno le sale y trabajar en un terreno cómodo y conocido. A la vez, es igual de importante pensar con otra perspectiva, metiendo elementos nuevos o tratando de encarar las estructuras de otra manera para ver si, de pedo, aparece alguna idea nueva.

Contame sobre tu método de trabajo. ¿Esperás que te llegue la inspiración o la vas a buscar?
La paso a buscar por la casa. Le toco timbre y ella baja, pero la mayoría de las veces esta toda sucia, desarreglada y demacrada. Con una inspiración así no se puede salir a la calle. Hay que esperar que aparezca una un poco más presentable y ahí sí, abusar de ella sin piedad… pero a veces hija de puta tarda muchísimo en aparecer y hay que tomarse muchos cafés y morder muchas biromes en la aburrida y desesperante espera.

Más allá de los guiones, desarrollaste un estilo de dibujo muy personal que se complementa perfectamente con el espíritu de tu humor. ¿Quiénes fueron tus influencias en eso?
De chico me volvía loco con las historietas de Carlos Nine en la “Humi”. También fueron una gran influencia los dibujantes de la revista MAD y autores de acá como “El niño” Rodriguez, Pablo Fayo, Dany Theo, Esteban Podetti y otros, que juntos hacían la excelente revista “¡Suélteme!” a fines de los noventas.

¿Cómo conociste a Humberto Miranda, tu colorista? ¿Qué sentís que aporta a tu trabajo? …¡y no digas “el color”! (risas)
A Beto lo conocí en una charla que dio Rep en Mar del Plata en 1993. Con Humberto y varios más hicimos tres numero del fanzine “Mar negro” y ahí empezamos nuestra amistad comiquera que sigue hasta hoy. Un día, en el 2005, tenía que pintar un trabajo digitalmente y, como yo no tenía ni computadora ni idea, le sugerí a Beto que lo hiciera (porque tenía las dos cosas). Justo a partir de eso empiezan a salir colaboraciones para medios como Genios y Pagina 12, donde las tiras tenían que ser a color. Humberto aporta su mirada y su paleta. A veces una página cambia muchísimo con el aporte del color, así que es una mano más que refuerza el trabajo que uno hace.

¿Estar en medios masivos y populares como la Rolling Stone y Página12, por ejemplo, te condicionan (aunque sea internamente) a la hora de trabajar?
Debo decir que ni en Rolling Stone ni en Pagina12 tuve jamás problemas de censura ni algo parecido. Todo lo contrario: puede irme al carajo más de una vez y publicar tiras o viñetas que pensaba que no iban a salir. Las pocas veces que me “sugirieron” cambiar algo era porque eran malas… y las cambie, claro, ¡por otras peores!

¿Cómo decidís qué ideas o material va para cada publicación en la que trabajás?
Cada medio tiene un tono y un “discurso” o “estilo”, así que ya sé para qué lugar sirve mejor determinada idea. Además, uno se pone mentalmente en el medio para el que trabaja a la hora de pensar una tira. En Fierro, por ejemplo, no hay casi comentarios sobre rock o “cultura joven”, que sí aparecen seguidos en la tira del suplemento NO de Pagina12, por ejemplo.

¿A qué se debe que muchos de tus personajes tienen como nombre una versión distorsionada del de otra persona (famosa)?
La mayoría de las veces, los nombres para las tiras o los personajes son solo caprichos míos o chistes internos con amigos o conocidos. A veces sí aparecen personas reales como Cerati, Fidel Nadal o Spinetta porque me divierto tontamente usando nombres de periodistas, escritores o músicos.

Dado que estás en casi todo el proceso de tus tiras, ¿podrías escribir para otro dibujante o dibujar para otro escritor, o sentís que la obra entera tiene que salir de tu cabeza?
Me siento más cómodo como autor completo, haciéndome cargo de la idea, el guión y el dibujo. Escribí para otros dibujantes, como en “Lolypop”, por ejemplo, que dibujaba Lucas Varela para la revista dominical de La Nación hace tres años. También dibujé guiones de otros, como “Torni”, con guiones de Trillo y Maicas, para la revista Genios. Es un trabajo que uno hace desde otro lugar, formando parte de un proyecto en colaboración, que es bastante diferente en la forma de trabajo a la que uno está acostumbrado (o “malacostumbrado”). Escribir para otro dibujante tiene la ventaja que no te volvés loco plasmando una escena complicada. Lo malo de dibujar guiones ajenos es que… ¡hay que saber dibujar! (risas)

Ciertamente estás ganando popularidad. ¿Qué sentís que busca el público en tus tiras que no encuentra en otro lado?
Popular es Nik. Yo espero que la gente encuentre a mis tiras graciosas y personales, y que también se puedan enganchar con el dibujo en sí. Uno trata de ser lo mas personal posible. En eso estamos.

La escena parece haber cambiado mucho desde tus inicios. ¿Pensás que en los últimos años se ha dado una especie de “revalorización” del humor gráfico y la historieta o es solo una ilusión?
La “revaporización” de la historieta y el humor gráfico es muy relativa. Es verdad que el panorama es muy diferente al de diez años atrás. Hoy los grandes diarios sacan colecciones de historieta, desde Patoruzito al Corto Maltés, pasando por Spider Man y Maitena. En algunos medios que no son “del palo” también aparecen reseñas de revistas o libros de historietas. Además, editoriales como Sudamericana sacaron libros de cómic como “El síndrome Guastavino” de Lucas Varela y Carlos Trillo. También aparecieron muchas editoriales chicas pero serias que editan muy bien como es el caso de Locorabia, Moebius, Thalos, etc. A pesar de esto, sigue sin haber revistas de historietas argentinas nuevas todos los meses en los kioscos, salvo la Fierro y la Comic.ar. Ni hablar de que la historieta se sigue pagando poquísimo.

Además de las historietas, has tenido varios proyectos en otras áreas. ¿Qué te aportó estar en una banda como Dentistas tristes, realizar una obra como Afeitándose en Alemania, estar en el éter con Maldita radio, etc.? ¿Ahí canalizás otras vetas creativas que escapan a la historieta?
Sí, la historieta es un medio hermoso pero a veces dibujar y escribir se hace largo, solitario y aburrido, así que trato de hacer otras cosas como música y radio donde entran en juego elementos totalmente opuestos al cómic: la velocidad, la improvisación, el hecho de estar en vivo, la voz, el sonido… Me divierte hacerlo y me hace tener más ganas de volver a dibujar solo y en silencio después de pasar vergüenza arriba de un escenario.

¿Qué proyectos tenés para este año?
Estoy terminando de completar “Amasala”, un libro que recopila material viejo mío de fines de los noventas y principios de los dos mil, junto con cosas del año pasado y otras inéditas. Lo edita Moebius, que son los mimos que sacaron mi último libro, “Bola triste”. Tiene que salir en abril para presentarlo en la Feria del Libro de Buenos Aires. También debería salir “Bife angosto 2″ a mediados de año. Además, este año sale mi primer libro en España, compilando las dos series que hice para la revista Fierro (”El baño” y “Violeta macho”) mas algunas historias cortas.

¿Qué consejo le darías a alguien que está arrancando?
Le diría que no se caliente tanto por copiar a algún dibujante que le guste mucho y que se preocupe más por encontrar un estilo de dibujo y de guión que le guste y en el que se sienta cómodo. Muchas veces el “estilo” de un dibujante sale a partir de las mismas limitaciones gráficas. Un estilo minimalista y simple puede ser mucho más emocional y personal que un dibujante superdotado en lo académico.

Nos ponemos un poco apocalípticos… Suponiendo que los Mayas tienen razón, ¿cómo querés que te encuentre el 2012?
Sentado.

¿Qué te gustaría que diga tu tumba (urna, caja de cartón, bolsa de consorcio o donde sea que vayas a parar)?
“No te doy la mano porque estoy muerto”.

Unas cortitas…

Tres discos:
“Doolitle” (Pixies), “Peluson of milk “(Spinetta) y “Bipolar” (Cuarteto de nos)

Tres películas:
“El milagro de P.Tinto” (Javier Fesser), “Old boy” (Chan-wook Park), “American Splendor” (Robert Pulcini y Shari Springer Berman).

Tres cosas que te molestan mucho:
La tarjeta magnética de bondi en Mar del Plata, engordar y que me cueste dormir la siesta.

Tres cosas que te alegran el día:
Los alfajores, los helados y los alfajores helados.

¿Últimas palabras?
Esas dos.





*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7,
www.revistaG7.com


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¿Qué tiene que ver esto con el rock? TODO. Entren acá. Si no les saca una carcajada, no entendieron nada.

Natas en Niceto

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NATAS
13 de febrero 2010
Niceto

Para levitar, su sitio.

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Latido electrónico

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Poncho es un mutante electrorockero nacido de las cabezas de Javier Zuker, Leandro Lopatín (ex guitarrista de Turf) y Fabián Picciano (Zuker XP). La banda acaba de lanzar “Ponchototal”, su primer disco de estudio, que cuenta con invitados tan grandes como diversos: Luis Alberto Spinetta, Banda de Turistas, Chivas (de Norma) y la voz de Shannon Funchess. Además, cuenta con la producción del renombrado DJ inglés Justin Robertson. Como si fuera poco, la propuesta estética y visual en vivo está a cargo del estudio Punga Visual Consorcio, quienes pusieron su creatividad bajo la dirección de los mismísimos Chemical Brothers. RevistaG7.com habló con Zúker para conocer más sobre este proyecto.

TEXTO MARTIN SANTORO





¿Cómo nació la relación entre ustedes? ¿Cuándo pensaron que sería una buena idea hacer algo juntos? ¿Ya tenían una idea concreta de lo que querían o se juntaron “a ver qué pasa”?
Habíamos hablado de hacer algo juntos con Lea [Lopatín] y cuando se separo Turf fue un buen momento. Él vino a casa y yo estaba con Fabián, que era parte de XP, empezando a hacer un disco. Se puede decir que fue en el momento justo. Ahí empezamos, pero sin saber hacia donde íbamos. Comenzamos a tocar, grabar y divertirnos. Nos hicimos amigos y de pronto ya teníamos varias ideas que fueron creciendo hasta llegar al disco.

¿Las ideas y el estilo de Zuker XP fueron el germen de todo esto o lo ves como cosas totalmente distintas?
En parte sí, como también lo fue Turf. Aunque no seamos una banda de rock tal como se las conoce, nos sentimos como si lo fuéramos. Ciertamente, las historias de todos nosotros influyen obviamente en lo que es Poncho.

A la hora de componer o incluso cuando grababan el disco, ¿ya tenían en mente cómo se iban a ser en vivo o lo tomaron como dos cosas distintas?
No, para nada. Nosotros grabamos un disco como una obra de arte. De hecho, hay varios colaboradores externos que también lo hicieron por amor a la música y al experimento. Después se nos ocurrió una buena forma para presentarlo en vivo, para exponerlo. Ahí se unió Tomi, de Punga Visual Consorcio, para darle una identidad visual.

¿Cómo fue el proceso creativo?
Las grabaciones fueron alocadas, psicodélicas y diarias. De hecho, no sabíamos que estábamos grabando un disco pero, al mismo tiempo, al ir registrando todo lo que hacíamos, nos dimos cuenta que empezaba a serlo.

¿Cuál es el condimento que agregó Justin Robertson al disco? ¿Por qué lo elegiste a él?
Justin es muy grosso. Tiene mucha experiencia en esto, es de Manchester y era el DJ de la Hacienda, así que imaginate. Volcó un poco de todo eso en Poncho. De todos modos, nosotros producimos la otra mitad del disco.

¿Se puede considerar al disco es una invitación a verlos en vivo o, por su cuenta, logra encapsular todo lo que son?
El disco tiene un mundo propio. Es un delirio muy hermoso donde, además, canta Spinetta y Shannon Funchess del grupo Chk Chk Chk (!!!) de Nueva York. Es una obra muy potente en si misma y en vivo explota todo.

Una vez que pasó el gran boom electrónico, el estilo se asentó como algo masivo de forma inevitable. ¿Cómo hacés para mantener al género y a tu estilo interesante y novedoso en estos tiempos?
Escucho música todo el tiempo, ya sea nueva o vieja. Eso me nutre constantemente. En ese sentido, trato de que mis sets sean novedosos, renovándolos todos los días. Además, mi programa de radio en Metro, Zuker Attack, me permite poner música de todo tipo que no es necesariamente para la disco.

¿El crossover de géneros es una herramienta clave para mantenerse vigente y definir tu propio sonido?
Si, por supuesto. Para mí, es fundamental a la hora de entender y disfrutar la música. En cierta medida, generás interés en un público que es ajeno a esa movida.

En ese sentido, ¿sentís que la participación figuras rockeras “legitima” este proyecto a los ojos de ese público?
No es adrede. Las participaciones se dan de forma espontánea y, para mí, los proyectos donde colaboran diversas personas con sus artes son los mas interesantes. Es una lastima que no se den tan seguidos. Además, creo que ya me gane un lugar dentro de la escena musical argentina y no necesito legitimar mi música.

¿Cómo viene el panorama para Poncho este año?
Vamos a tocar mucho. Ya están en marcha una serie de remixes incendiarios. Seguramente estaremos viajando, en todo sentido. Eso sí, siempre con los ponchos puestos!


*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.revistaG7.com

Cobra Sarli en Niceto

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COBRA SARLI
13 de febrero 2010
Niceto

100% actitud. No hace falta nada más.

Para escuchar, visitá su MySpace.

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Sube la marea

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Los Kahunas es uno de los máximos referentes del surf rock local. Junto a bandas como The Tormentos han sabido revitalizar un género anclado en utópicas playas californianas de los tempranos 60s. A lo largo de su carrera, no solo lograron instalar el género en el público rockero sino lograr una estrecha relación con los máximos exponentes locales del género. Ya tienen dos discos bajo el brazo: “El fantástico sonido Surf & Hot Road de Los Kahunas”(2005) y “Otro reverberante encuentro con Los Kahunas” (2007), y este año van por más. Hablamos con Alexis B., su baterista, para adentrarnos en un verano eterno.

TEXTO MARTIN SANTORO





¿Cómo surgió la idea de hacer una banda surf en un país donde prácticamente no hay ningún referente del género?
El proyecto nació en 2003 cuando nos juntamos con Adrian “El Papu” Castiñeira [guitarrista líder de la banda]. La idea era empezar un proyecto instrumental ya que él está muy ligado al mundo del skate y escuchaba bandas que interpretaban temas instrumentales, desde punk y pop hasta heavy metal. A su vez, yo estaba finalizando otros proyectos y tenía ganas de encarar algo serio. Nos gustaba mucho el estilo de los 60´s en Argentina, con bandas como Los 4 planetas, Horacio Malviccino, Los Iracundos de Uruguay, además de los referentes internacionales. Finalmente, se sumo Antonio Carlos en la guitarra y, luego de algunos cambios de bajista, se incorporó Damian Balde. Así terminamos de darle forma a nuestra propuesta.

Si bien, como marcás, había bandas que habían tocado el estilo, no era algo masivo o popular. ¿Esto les jugó en contra a la hora de presentar su propuesta o sienten que el público fue más bien receptivo?
Creo que nos beneficio. Mas allá de ser un sub genero puntual, es ese mismo paraguas rockero el que da un abanico amplio de gente que puede gustarle esta música.

Uno de los escollos más grandes que tienen que superar las bandas instrumentales es mantener un constante interés en el oyente y generar también ganchos melódicos que ocupan el lugar de las letras. ¿Cómo afrontan este desafío?
Lo bueno del estilo instrumental es que no tiene un discurso desde la palabra pero sí desde la música. En ese sentido, tiene una gran exigencia sobre la ejecución de los instrumentos ya que el protagonismo no está en la voz. Además, es fundamental mantener una dinámica de show a través de una buena puesta en escena, que se logra tanto con la indumentaria como con las coreografías o movimientos particulares.

De alguna manera, su look en escena ayuda a completar la identidad de la banda. ¿Cómo surgió la “estética kahuna”?
Esta inspirada en la indumentaria clásica de la “época clásica” del género, con tuxedos, trajes, camisas a medida, moños y corbatas. Tomamos esto como punto de partida para luego personalizarlo: ya usamos dos juegos de trajes y dos juegos de camisas para que la puesta sea variada. Ahora también trabajamos con Carol Sánchez, una amiga de la casa, que tiene su propia marca de indumentaria: Little Monster. Diseñó nuestra últimas camisas azules con apliques de cebra y esta en pleno proceso de hacer unas nuevas para este año.

¿Cómo es su proceso creativo?
“El Papu” es el principal compositor de la banda. Él trae melodías en solitario y, cuando ya esta firme la idea, se completa con el trabajo de toda la banda, redondeando las ideas hasta llegar al final del proceso de la canción.

¿El sonido de la banda nació de la conjunción de los estilos particulares de cada uno o ya había una idea puntual en mente y se buscó a los músicos idóneos?
Es algo que se va gestando constantemente y, si bien hay ideas de determinados sonidos, no somos de atarnos a cómo se hacían las cosas en 1964, por ejemplo. Nosotros somos una banda actual con una forma de ejecución actual. Si bien las influencias siempre están, nuestra manera de tocar es un reflejo natural de quienes somos. No podría emular el sonido de batería de Dennis Wilson [baterista de los Beach Boys]. Creo que no me saldría, pero tampoco es algo que me detengo a intentar. No me parece que es una forma “personal” de encarar a la música. En ese sentido, somos una banda clásica pero actual.

Grandes bandas como La Renga, Los Fabulosos Cadillacs y Massacre les tienen una gran admiración. ¿Por qué creen que el mundo rockero los quiere tanto? ¿Cómo se generó esa suerte de “crossover” de géneros?
La verdad es que no tenemos más que palabras de agradecimiento para todos ellos. Vamos a tener una eterna deuda imposible de pagar. Gustavo Napoli nos invito a tocar en la cancha de Vélez antes de La Renga, grabó con nosotros y toco muchas veces de invitado en nuestros shows. Flavio Cianciarullo y los Cadillacs nos dieron su constante apoyo desde sus programas de radios, invitando al Papu a los shows en el Luna Park, Pepsi Music, etc. Wallas y los Massacre son un amor: nos invitaron una gran cantidad de veces también a tocar antes que ellos brindándonos su público, su apoyo y su cariño.

También quiero destacar a Marcelo Pocavida, gran prócer del punk, artista y amigo incondicional de Los Kahunas; Expulsados y Cadena Perpetua. Tal vez suene demagógico pero me interesa muchísimo que se generen estas colaboraciones de músicos amigos con nosotros y el género Surf. La música es música y no tiene que ser sectaria.

¿Se ven a ustedes como pioneros o, por lo menos, como punta de lanza para toda una movida que explotó alrededor del género? ¿Creen que va de la mano de un impulso comunal de toda una movida under que empuja cada vez con más fuerza?
No creo que seamos los pioneros. Por ejemplo, nuestros amigos de The Tormentos también representan este género. Ellos trabajan muchísimo y nos une la amistad y un gusto por esta música. Una vez al año hacemos una fecha en conjunto, netamente instrumental, llamada Surf Party. Ya hicimos cinco ediciones por donde pasaron figuras como Danny Amis de los Straitjackets, Gustavo Napoli de La Renga, Wallas de Masacre, Marcelo Pocavida, Expulsados, BBKid y un largo etcétera.

¿A qué atribuyen su gran crecimiento?
Como banda, nos encanta tocar en vivo. Nos formamos en 2003, debutamos en vivo al año siguiente y nunca paramos. Hicimos más de 150 shows, tocando en Capital, Gran Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Neuquén, Comodoro Rivadavia, Trelew, Puerto Madryn, Azul… Creo que tocar tanto, y en escenarios distintos, hace que más gente conozca tu propuesta.

Ciertamente están presentando el género a mucha gente que tal vez nunca escuchó hablar de The Ventures, The Surfaris o Dick Dale. ¿Sienten alguna responsabilidad en ese sentido?
Más que una responsabilidad es muy gratificante poder ser, en alguna medida, comunicadores y difusores de este genero que tanto nos gusta.

¿Ven a su estilo como música de nicho o algo más bien abierto a cualquiera realmente? ¿Cómo definirían a su público?
Creo que es muy variado realmente. Es un género que le puede gustar a mucha gente y no sé si puedo estereotipar solamente un tipo de publico. No me gusta la sectorización ni un elitismo del tipo “yo escucho surf del año ‘81”. Creo que las cosas están para disfrutar, no para colgarse medallas. Esos son pensamientos de antaño y retrógrados

¿Cómo ven la movida acá en contraste con EE.UU. y Europa? ¿Hay un marco para generar un proyecto musical autosustentable o esa fue y será la eterna utopía?
Todavía lo seguimos sustentando (risas). Creo que mientras estén las ganas y la salud, hay Kahunas para rato. Hoy en día veo a los Straitjackets girar por el mundo con 50 años de edad promedio entre sus integrantes y me pregunto “¿por qué no?”.

Saliendo un poco del género, ¿qué discos están escuchando estos días?
Escuchamos de todo. Esta semana estuve con Motorhead, Morrissey, Devo, The Cramps, Chris Isaac, The Mission, Agent Orange, Slayer, Ramones, Depeche Mode, T Rex, Television, Link Wray, Van Halen, Robert Gordon… Como podrás ver, viene variada la cosa.

¿Cuáles son sus planes para este año?
Estamos trabajando en dos discos y, si Dios quiere, vamos a estar haciendo una gira por Europa por primera vez en nuestra carrera, además de tocar todo lo que se pueda en Argentina.

Para conocer más sobre la banda: www.loskahunas.com


*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.revistaG7.com

El día después

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El periodista Sergio Marchi (No digas nada, Cinta testigo, El rock perdido) y el músico Fernando Blanco (Súper Ratones, Nube 9) unieron fuerzas y talento para escribir “The Beatlend: Los Beatles después de los Beatles”, un libro que retrata la vida y obra de John, George, Paul y Ringo después ser parde de una de las bandas más importantes de la historia.

TEXTO MARTIN SANTORO





¿Cómo nació la idea del libro?

Fernando: Hace unos años Sergio me comentó que tenía la idea de escribir un libro sobre la separación de los Beatles y las carreras solistas. Dado que era un tema recurrente en nuestras charlas y sabiendo que compartíamos la pasión por los discos de los cuatro en solitario, le insistí en que siguiera con el proyecto y en colaborar en él.

Sergio: Yo lo encaré en 2002, durante aquel verano deprimente de los cinco presidentes. Después lo dejé porque pensé que a nadie le iba a interesar. Me equivoqué: le interesó a Fernando. Cuando apareció la propuesta de la editorial lo llamé.


Siendo un tema y una banda tan popular, es difícil no “pisarse” con todo lo que ya fue publicado. En este sentido, ¿cómo encararon el proyecto?

Fernando: Notamos que había infinidad de libros sobre los ocho años de su carrera y varios sobre el origen de la banda, pero ¿qué había pasado después? Ahí el material ya no era abundante, y no había un libro que hablara de los cuatro y su interrelación posterior que, para colmo, fue mucha e intensa. Hay material de cada uno en solitario pero el mundo parecía resignado a haber perdido a Los Beatles. A nosotros nos pareció que no era tan así. De alguna manera ellos siguieron siendo Beatles aun después de separados les gustara o no.

Sergio: Este fue un proyecto hecho totalmente desde las ganas. No importaba si había otro libro igual o no; pero resultó que no lo había.


Dado que ustedes vienen de lugares distintos, como la música y el periodismo, ¿qué sienten que aportó cada mirada?

Fernando: Creo que el enfoque diferente terminó enriqueciendo el libro porque conviven las dos miradas. El periodista ve cosas que el músico no ve y el músico ve cosas que el periodista no ve. Además estamos hablando de cuatro personajes con vidas apasionantes.

Sergio: La amistad con Fernando comienza cuando él me invita a tocar la batería en algunos shows. Con eso quiero decir que al ser yo también músico; y al ponerse Fernando a escribir, los dos estábamos en todo.


¿Cómo fue el proceso de escritura? ¿Lo hacían juntos o se dividieron los capítulos?

Fernando: Desde un principio nos pusimos de acuerdo en que yo iba a hacer la parte de los discos y Sergio iba a ir articulando la historia. Yo le iba mandando toda la data de cada disco, que al final terminaron siendo más de cien, entre cada uno de los cuatro y todo el material beatle que salió desde la separación. Cada tanto Sergio me pedía ayuda con algún tema específico y el también aportaba a la parte discografica, así que fue una manera muy armónica de trabajar, algo así como las primeras épocas de John y Paul. ¡Algo se aprende!

Sergio: Tienes razón, Paul.


El libro aborda una faceta sumamente interesante de la banda, que es justamente sus historias individuales y la coexistencia más allá del grupo. ¿Cuál era su interés particular hacia esta etapa?

Fernando: No se si es tan importante como la discografía beatle pero sin duda es importante en la historia de la música. No olvidemos que los cuatro por separados tuvieron núemro uno y discos de gran calidad. Obviamente ninguna de las cuatro carreras fue pareja pero busquen y van a encontrar joyas que al menos se acercan a la “magia beatle”.


Es un libro muy franco respecto a Los Beatles, humanizando a personas que parecen vivir en el Olimpo. ¿Esta mirada afianza su amor por los cuatro de Liverpool o, de alguna manera, son revelados como gigantes con pies de barro?

Sergio: Después de 26 años de periodismo musical, es la única mirada que podía darle. Mis ojos de fan siguen con buena visión, pero ahora entiendo bien que detrás de cada ídolo existe una persona con virtudes y defectos. Fernando lo sabe por haberlo vivido también. A la gente que querés, la aceptás como es.


Hay una teoría que dice que Los Beatles se van muriendo por orden de onda, así que Ringo debería cuidarse. ¿Adhieren o disienten?

Sergio: Disiento: es una teoría elaborada por gente sin onda.

Fernando: Coincido plenamente. Con Sergio, no con la teoría.


¿Qué les gustaría lograr con el libro?

Sergio: La paz mundial y que Ringo toque en Buenos Aires. Y nosotros como músicos invitados.

Fernando: Que remasterizen todos los discos solistas, que lleguen al número uno y que suenen en todas las radios.


*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.revistaG7.com

Diseño global

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Julios Wiedemann nació en Brasil pero ya es un ciudadano del mundo. Trabajó en Japón como diseñador y director de arte para las principales publicaciones de diseño del país. Luego, en Alemania, se unió a Taschen, una de las principales editoriales de diseño y fotografía, como editor a cargo. Como si fuera poco, publicó más de 25 libros en los últimos 7 años, en materia de publicidad, Internet, diseño, ilustración e ilustraciones digitales y es uno de los referentes absolutos de su campo.

TEXTO MARTIN SANTORO





Ciertamente podés ser considerado como un “ciudadano del mundo”, habiendo vivido las culturas de Brasil, Japón y Alemania, por ejemplo. ¿Esto fue algo planeado o simplemente se fue dando así? ¿sentís que es una experiencia necesaria para tener una visión más global del arte?
Siempre es difícil decir algo así sobre uno mismo. Cada uno busca una experiencia diferente y, al hacerlo, construye una personalidad y una comprensión particular alrededor de un tema. Amo viajar y hoy es parte de mi estilo de vida. Volé más de setenta veces este año y definitivamente me ayuda a conectarme con más personas. Podemos usar (como yo también lo hago) medios digitales para hacerlo, pero el contacto personal es vital. Es bueno tener una imagen global, tanto como es bueno descubrir gemas locales. Recientemente viajé a Bolivia y China y descubrí talentos increíbles.

¿Cuáles son las herramientas más importantes que incorporaste de los países donde trabajaste?
Aprendí diversas cosas en cada país. En Japón fue sobre tecnología, en Alemania sobre procesos y en Inglaterra sobre creatividad, pero nací en Brasil. Creo que siempre llevamos algo de nuestro país natal e interpretamos el mundo que tenemos a nuestro alrededor a partir de nuestra nacionalidad. Las oportunidades existen no para quien las recibe sino para el que las busca. Amo estar con gente y hablar, y creo que esta sigue siendo la mejor manera de aprender.

¿Hoy en día, sentís que la ilustración y el diseño mantienen aspectos distintivos de sus países y culturas originarias o está tendiendo hacia la uniformidad de estilo?
Creo que no hay una tendencia hacia la uniformidad. Cuanto más globalizada se pone la ilustración y el diseño, más diversidad veo. Si mirás el rango de estilos que hay, en publicidad, editorial, etc., se ve un increíble culto por la diversidad. Es normal tener un lenguaje visual que se adhiere en el mercado con mayor prominencia por algún tiempo, pero todos los otros están vivos y siendo usados todo el tiempo. La idea general de marketing y lifestyle estos días es ser diferente, no iguales.

A la hora de trabajar para un cliente de una cultura diferente, ¿cómo llegás a un punto medio entre las dos estéticas?
Menos en estética y más en narrativa. La estética es el mayor valor del artista pero la narrativa tiene más un trasfondo cultural.

En tu opinión, ¿qué hace a un buen ilustrador y diseñador?
Primero y principal, mucho trabajo. Sin pasión tampoco hay trabajo duro. Picasso dijo una vez: “creo en la inspiración, pero es curioso que siempre llega cuando estoy trabajando”. Aparte de eso, creo que es la visión. Necesitan pensar en grande y ser ambiciosos con su trabajo. No se trata de ellos y su ego, sino de la obra.

¿Considerás que es más importante aprender haciendo o ves necesaria una educación formal?
Esa es una pregunta muy buena y cruel. Dejé la universidad dos veces y encontré mi camino, pero soy partidario de la educación. Si ves los números, cuanto más educada es la gente, mejor será el trabajo. Es un hecho. Luego tendremos las excepciones, pero la realidad es que aún con educación formal, un profesional necesita hacer mucho por su cuenta para triunfar.

¿Qué te inspira?
Amo todo lo que es contemporáneo. Esa es mi principal inspiración. Y todo en los campos de tecnología, cultura y comunicación.

¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando su carrera?
Lee mucho, hablá mucho, escuchá mucho, viajá mucho, pensá mucho… y hacé todo esto con pasión. No hay una fórmula. Encontrar la propia es la clave. Luchá por la originalidad y sé genuino.

Para ver los trabajos de Julios Wiedemann, visitar www.taschen.com


*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.revistaG7.com

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¿Qué tiene que ver esto con el rock? Nada realmente... pero es interesante conocer gente creativa de todos los ámbitos y me parecía piola subir esta nota.

Divididos: Hombre en U

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Un artesano

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Julien Vallée es uno de los diseñadores más destacados de la actualidad. Nació en Canadá pero su trabajo con gigantes de la talla de MTV o The New York Times recorrió el mundo. A su vez, inquieto y prolífico, realizó exposiciones por toda Europa y alzó los premios más destacados de su rubro.

TEXTO MARTIN SANTORO





Considerando que sos una especie de “artista total”, ¿cómo te definirías y a tu trabajo para alguien que no te conoce?
Siempre es difícil responder este tipo de preguntas porque estoy constantemente tratando de evolucionar a través de mi trabajo y trato de no quedarme atrapado en la misma esfera de comodidad donde todo es lo mismo de principio a fin. Me gusta probar nuevas cosas y cambiar mi acercamiento o enfoque sobre el diseño en cada proyecto.

Como diseñador gráfico, se tiene a trabajar mucho directamente con la computadora. Para mí es principalmente una herramienta y la uso solo cuando es necesaria en el proceso. En los últimos años estuve trabajando mucho con materiales, usando espacio para crear composiciones tangibles. Principalmente, he estado experimentando con papeles, ya que es un material muy fácil de manipular y rústico. Me gusta crear fantasía en mi imagen, tratando de fijar un momento particular en el tiempo donde el observador puede imaginar qué paso antes y que va a pasar después de este momento.

¿Cómo comenzó tu pasión por el diseño?
Creo que comenzó hace unos años, cuando estaba en la universidad estudiando multimedia. Las clases que teníamos eran muy diversas: iban de programación web a montaje de video, grabación de audio, programación para DVD o soportes interactivos y también diseño gráfico. Desde el principio se volvió claro para mí que estaba más interesado en la comunicación visual. Encontré que el proceso de concepción del proyecto era muy inspirador y sentí que era una forma interesante de pensar y expresar opiniones sobre diferentes tópicos, situaciones o eventos a través de trabajo personal y por encargo.

Por eso mismo, fui a especializarme en diseño gráfico por tres años en Montreal y París, donde pasé por diferentes etapas, experimentando diversos materiales, medios y dispositivos. Desde hace dos años vengo trabajando tiempo completo como diseñador y director freelance y realmente me gusta entrelazarme entre estos diferentes medios. Amo ponerme en contacto con cada aspecto del ambiente para crear un puente entre el arte virtual y manual.

¿Cuál fue la lección más importante que aprendiste en esa etapa de formación?
Creo que una de las cosas más valiosas que aprendí como diseñador es estar informado elegir para quién vas a trabajar, qué estás promocionando o vendiendo. Me di cuenta del impacto que tenemos en la sociedad y que nuestra profesión es una herramienta muy potente, que realmente puede manipular a la gente. Por eso mismo es muy importante tomar decisiones basadas en tus valores personales como consumidor más que como diseñador. Como la mayoría de nosotros, he estado trabajando para compañías que están en contra de mis convicciones y creo que es importante aprender a no hacerlo otra vez.

Ciertamente tenés una estética muy particular, principalmente por tu manejo de las formas, colores, tipografías y su fusión. ¿Cómo desarrollaste tu propio estilo? ¿Fue algo planeado o se generó naturalmente?
Creo que dejar la computadora de lado me ayudó a volver a lo básico, usando formas simples y creando manualmente tipografías con distintos materiales. Si miro dos años atrás, mi único deseo era realmente concentrarme en la dirección que yo quería desarrollar a través del diseño. Creo que nunca planeé que fuera de esta manera, pero necesitaba hacer algo diferente de lo que había aprendido en la universidad y quería entretejer diferentes disciplinas como arte, diseño, arquitectura o el video.

¿Considerás que lo más importante es aprender haciendo o que, por el contrario, una educación formal es necesaria?
Creo que aprendí muchísimo de lo fundamental durante mis estudios. Se le recomendaría a cualquiera que quiera iniciarse en el diseño. Hay muy pocos autodidactas que son capaces de formarse a sí mismos desde cero, en este y en cualquier campo. Lo importante que se aprende como estudiante es a experimentar. Después, está en uno empujar tan lejos como se pueda. Una vez que se aprende lo básico, el resto es se desarrolla haciendo. Es una pena que, en diseño gráfico, la mayoría de la gente tiende a pensar que la experimentación debería quedarse en la escuela y que no hay lugar para equivocaciones en el campo profesional. Creo que cuanto más tratás, más errores cometés pero más se aprende de ellos.

Entonces, en tu opinión, ¿qué hace a un buen diseñador gráfico?
Esa es difícil… La profesión ha evolucionado en los últimos diez o quince años, con una tecnología en constante crecimiento y el hecho de que nuestra profesión está estrechamente ligada a eso. Creo que un buen diseñador logra mantenerse alejado de las herramientas preformateadas que ofrece la tecnología. Debe pensar diferente trabajar en su propio proceso creativo, aquel que le funciona a él y que lo lleva a hacer algo diferente. Una cosa es ser creativo y otra es innovar.

¿Sentís el uso de la computadora en el diseño “deshumaniza” el proceso?
No estoy en contra del uso de la computadora. Yo mismo la utilizo y es una herramienta poderosa. Con ella, algunos pueden crear algo de la nada. Eso no funciona para mí. Necesito sentir las cosas, trabajar manualmente. También es una cuestión del mismo proceso. Yo prefiero dejar la máquina para después.

Por el gran caudal de trabajo que realizás, debe ser un gran desafío seguir innovando en todos los proyectos. ¿Cómo es tu proceso creativo?
Creo que siempre hay guías no oficiales que sigo como proceso, pero suelen cambiar de un proyecto a otro y creo que esa es la diversión. En algún punto creo que cambiar la manera en que trabajamos para cada proyecto ayuda a probar cosas nuevas, reciclarnos y evitar quedarnos en esa esfera de comodidad. Para mí, librarme de mis hábitos y ser inestable ayuda a moldear mi creatividad. Si todo está planeado de principio a fin entonces es solo producción. Lo único que sé cuando comienzo un proyecto es que hay un resultado al final.

Dependiendo del tiempo que tengo para trabajar en el proyecto, me permito mantener el proceso creativo andando hasta la última etapa. A veces, cuando entro en la parte de la producción de un trabajo particular, me doy cuenta de algunas posibilidades que no pensé durante la reflexión inicial. No me molesta empezar todo de vuelta si siento que le hace bien al proyecto.

¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando?
Asegurate de trabajar para organismos, eventos, clientes y causas en las que realmente creas. Tus palabras hablan a través de lo visual. Que sean fuertes y claras.


Para conocer más sobre el trabajo de Julién Vallée, visitar www.jvallee.com


*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.revistaG7.com

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La gira perpetua

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Es uno de los grandes referentes de la Rock & Pop, con programas históricos como “Tiempos Violentos” o el actual “Apagá la tele” en su haber. Además, participa como periodista musical en “Cuál es”, conducido por a Mario Pergolini. Acaba de editar “El circo del rock”, un libro donde cuenta sus experiencias de vida en el medio y el detrás de escenas de entrevistas con las principales figuras del rock mundial.

TEXTO MARTIN SANTORO
FOTO NORA LEZANO





Considerando que estás acostumbradísimo a ser el entrevistador, ¿te incomoda estar del otro lado?
La verdad es que no. De hecho, me divierte. También resulta interesante ver qué cosas me preguntan y qué no, más allá de las preguntas que “hay que hacer”. Además, te da la posibilidad de expresarte otra manera y desde otro lugar.

Después de tantos años de carrera, ¿qué te llevó a escribir el libro en este momento? ¿Se podría ver como una suerte de “balance”?
Era una fantasía que tenía desde hace tiempo y el año pasado surgió la posibilidad concreta de publicar el libro, cuando ya tenía más o menos delineado en mi cabeza cómo quería hacerlo. Siempre comentaba la idea con amigos, pero cuando surgió la oportunidad real, ahí me puse a escribir.

Más allá de que ya tenías algo delineado en tu cabeza, no es lo mismo sentarse y acomodar los datos, fechas, nombres, escribir, editar y demás. Ciertamente es un trabajo laborioso. ¿Te divirtió el proceso?
De todos los trabajos que hice, escribir siempre fue el que más me costó porque es donde se nota mayormente mi vagancia. Tal vez la radio es más espontánea en ese sentido. Escribir implica sentarte, concentrarte y dedicarle tiempo. Una vez que superé eso, me resultó divertido. Iba escribiendo de a poco, concentrándome en un capítulo a la vez, y hasta que no lo terminaba, no arrancaba el otro. Ese proceso duró varios meses.

¿También te divirtió editarlo o una vez escrito, lo entregaste y quedó en otras manos?
Yo tenía la fantasía de la editorial, el intercambio de ideas… y la verdad que no sucedió así. Una vez que terminé de escribir el libro, lo entregué y listo, no hubo cambios, más allá de correcciones puntuales. En un 99% quedó como yo lo había entregado, así que esa fantasía quedará para otra oportunidad.

¿Ya estás pensando en un segundo volumen o por ahora te estás concentrando exclusivamente en este?
Estamos pensando que, si funciona bien, es probable que el año que viene presentemos algo más. Pienso igual que con la música, donde se edita un disco y si va bien, al año lo vuelven a sacar con un dvd o bonus tracks. En ese sentido, la idea que tengo es hacer una versión extendida y agregarle unos capítulos, cambiar la tapa, retocarlo y reeditarlo para la feria del libro. La idea original era tenerlo listo para la feria de este año, pero no llegué, así que veremos qué se puede hacer para la próxima.

Una de las cosas más interesantes del libro, además de tu experiencia, son las grandes figuras que te tocó entrevistar, como Kiss, Mick Jagger y demás En el proceso, ¿fuiste desarrollando unas “reglas de etiqueta” a la hora de hacer una entrevista con personalidades como esas?
En general los encuentros son muy breves. Tenés una nota pautada y en media hora resolvés la entrevista. No suelo prepararme mucho, salvo que sea una figura muy importante como Mick Jagger, donde voy con algo más o menos diagramado para tener una guía, más allá de que después la nota te lleve a otro lugar.

Además, entrevistar a ese tipo de figuras es algo que se da muy pocas veces en la vida. En ese sentido, ¿hay alguna nota que no salió como esperabas y te gustaría hacerla de vuelta?
Por un lado, pienso que antes de volver a entrevistar a alguien, prefiero hacerlo con un músico que todavía no haya conocido. Si tuviera que elegir entre los que me faltan, creo que sería a Robert Plant o a Jimmy Page, de Led Zeppelin. De todos modos, se me ocurren muchísimos más. Últimamente estuve pensando mucho en Axl Rose y a los de The Clash que quedan vivos. En cuanto a rehacer una nota, elegiría a Coldplay porque hace unos años viajé para entrevistarlos y me falló el grabador. Sería más por eso que por el artista en sí. Hay bandas que amo, como Kiss, que tuve la suerte de entrevistar varias veces.

En esos casos, ¿te cuesta separar al Gustavo fan del periodista?
Antes me costaba más. En general, en esos casos suelo guardar mis impresiones personales para no fastidiar a los músicos contándoles mis historias. Tal vez me tomo esas licencias con artistas que, para mi, fueron muy importantes pero que no son figuras estelares.

¿Se te cayó algún ídolo haciendo una entrevista?
No, uno va aprendiendo cómo son los artistas. Una banda que me gustaba mucho y me decepcionó fue System of a Down. Hace unos años, cuando fue la primera entrega de los Premios MTV en Miami, viajé para hacer una nota con Serj Tankian, que era el cantante, y me trató bastante mal, con una pésima predisposición. Más allá de eso, trato de no desilusionarme con los músicos en persona y mantengo la imagen de los discos o arriba del escenario.

¿Por qué el periodismo de rock es una profesión tan bastardeada? Parece haber demasiados improvisados en el medio.
Es probable, pero creo que debe darse en todos los ámbitos. En definitivita, me parece que las diferencias se van estableciendo y no todos llegan al mismo lugar y ni tienen las mismas experiencias. Supongo que en el deporte pasará exactamente lo mismo

Como si hubiera una especie de “selección natural”…
Claro. En el caso de la música, no es un género que tenga una difusión masiva en televisión, por ejemplo. No hay grandes periodistas musicales en ahí porque no hay grandes espacios musicales en ese medio. Entonces, a veces te fastidia que ante una visita de los Rolling Stones o U2, el referente de Canal 13 sea Catalina Dlugi, que no tiene la más mínima idea.

De todas maneras, me molesta mucho más no tener un mayor espacio de importancia en los medios que la existencia de Dlugi. Siento lo mismo con los canales de cable. Salvo el Bebe Contepomi, no hay ningún programa que sea referente, más allá del resultado final o la opinión que tenga cada uno del trabajo que él hace.

Eso se ve claramente con la desaparición de contenidos musicales en los mismos canales de música. Ahora ponés MTV y hay más programas que videos, y ninguno tiene a la música como protagonista.
Totalmente. Me frustra mucho más eso: la falta de espacio, especialmente en la televisión, que es el medio más popular para acceder a la gente. Por suerte la radio y gráfica todavía le da espacios importantes.

Yendo a la radio, que es tu medio principal, ¿sentís que hay una falta de renovación, donde no hay lugar para una generación que ahora está en sus 20s?
Si, la verdad que sí.

Incluso pensando en la Rock & Pop: la mayoría del público o target de la radio tiene la mitad de la edad de los conductores…
No sé si es tan así, porque tenemos una base de oyentes muy amplia. Rock & Pop es la única radio en su estilo que sobrevive y perdura a través del tiempo. De todas formas, es cierto que no hay una renovación. Casi todos, cuando empezamos en la radio, estábamos en nuestros veintes y da la sensación de que en algún momento ese espacio existió y ahora no. Tal vez el estatus de leyenda que tiene la radio impida el paso para nuevas voces pero, por otro lado, no siento que haya generaciones jóvenes que estén empujando. Tal vez me equivoco y sea así justamente porque no existen esos espacios o no tienen oportunidad de hacerlo, pero desde acá no me doy cuenta que eso esté sucediendo.

Supongo que la falta de exposición se combina con que las figuras consagradas están tan consolidadas que ya son inamovibles.
Se da un poco de las dos cosas, pero es verdad que no hay una renovación. Incluso yo sigo siendo visto como parte de una generación de probable recambio y hace 15 años que estoy en la radio.

En el libro contás cómo Mario Pergolini te tuvo fe al principio, cuando arrancaste. ¿Vos estás atento a nuevos talentos?
Mas o menos realmente, porque no tengo mucho contacto. Muy pocas veces conozco gente que está interesada por trabajar en radio. Admito que cuando me llega un demo o algo así, no tengo el talento para “descubrir” un diamante en bruto. Me falta la capacidad de ver más allá. En este caso me pasa lo mismo. Cuando escucho las radios alternativas o estudiantes, es tanta la diferencia que yo no alcanzo a ver el potencial. Eso también es una deficiencia mía.

Hoy en día, ¿qué es más difícil, llegar o mantenerse?
Hoy creo que es mucho más difícil llegar. También es complicado ir subiendo escalones. Hace muchos años que estoy en la radio y se puede decir que me estoy manteniendo, dependiendo de las expectativas de cada uno. Creo que la falta de renovación a la que vos hacías referencia tiene que ver justamente con eso. Los que están se mantienen y no quieren largar.

¿Qué consejo para alguien que quiere vivir de la radio y el periodismo musical?
Me atrevería a decir que es fundamental tratar de destacarse por algún lado. Hay que buscar cuál es el espacio que hace falta cubrir. En mi caso fue ese rol de “periodista especializado”. Hay que tratar de ubicarse y proponer algo diferente. Muchas veces pasa que se ofrece lo que ya está y eso quita brillo. Diferenciarse es clave.


*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.revistaG7.com

Mercury Rev: Opus 40

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