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Un viaje de ida

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El 3 de febrero marca en los calendarios el nuevo aniversario de una tragedia ocurrida en 1959, de suma significancia para el curso de la historia de la música popular. Tras un show en el Surf Ballroom de Clear Lake, Iowa, los íconos rockeros Buddy Holly, Ritchie Valens y J. P. "The Big Bopper" Richardson tomaron un avión que los llevaría a la próxima parada del tour. Era pleno invierno. El frío, el viento y la mala fortuna se encargaron que aquella pequeña avioneta, una Beechcraft Bonanza, nunca llegara a destino. La nave voló apenas unos minutos antes de caer cerca de Mason City, Iowa, sellando el destino de estos músicos, el piloto, y toda una generación que quedó en vilo. A partir de allí, la leyenda.

Vale recordar que buena parte del status mítico y el folklore que rodea al hecho reside en la obra de Don McLean, quien, en 1971, tomó aquella efeméride, la combinó con su honesta memoria emocional y compuso así la canción "American Pie", como homenaje a aquel triunvirato de músicos y a la nostalgia de esos años de juventud.

Con las décadas, “El día que la música murió”, como fue bautizada la fecha, suele ser rememorado con el interés de un historiador en vez de la pasión de un músico. Así, es considerada más una postal de antaño, un episodio casi enciclopédico del rock, que un punto de inflexión o “el principio del final” de una era, si se quiere.

Para comprender un poco la naturaleza (tal vez exagerada) de aquel rótulo funerario, vale recordar el estado de la música joven en aquel entonces, donde el rock de los 50s estaba viviendo una situación punta. La presencia de los referentes blancos iba mermando: Elvis cumplía servicio con el ejército mientras Jerry Lee Lewis resistía las embestidas legales y el revés de la opinión pública a raíz del matrimonio con su prima menor de edad. En cuanto a los músicos de color, a Little Richard le había saltado la térmica y se embarcó en un viaje mesiánico que lo acercó al gospel y a los viejos spirituals, alejándolo completamente del rock. Chuck Berry, por su parte, era una figurita de alta rotación en la cárcel por sus relaciones escandalosas con prostitutas y chicas menores de edad.

Teniendo en cuenta este marco de referencia, no cuesta entender por qué la muerte trágica y repentina de estas tres figuras derrumbó buena parte de la esperanza que los jóvenes de aquél entonces habían puesto en el rock. Si bien aquella tragedia no significó para nosotros “la muerte de la música”, la historia, de alguna u otra manera, ha logrado que melómanos de distintas generaciones e inclinaciones musicales, puedan empatizar con este hecho a partir de situaciones análogas.

Los ejemplos sobran, tanto de la fatalidad del destino ingobernable e impredecible como de aquellas vidas que están ceñados por la máxima de “vivir rápido y dejar un cadáver bonito”. Grandes músicos han muerto a raíz de accidentes similares y es la idea de este post, con un poquito de morbo y otro tanto de respeto, recordarlos.



Esas motos que van a mil

¿Qué tan presente están figuras como la del Marlon Brando de The wild one, en el inconsciente de los rockeros? Es posible que aquellos personajes icónicos trazaran un periplo utópico con aterrizaje forzoso garantizado. Puede ser... Aunque tampoco descarto los excesos y la clásica estupidez humana como disparadores.

“En la moto, vos sos la carrocería”, reza el dicho popular. Nadie como los Allman Brothers para testificar sobre la vida y la muerte en dos ruedas. Duane Allman, eximio guitarrista, fundador, conductor y alma máter de la banda no vivió para ver terminado el mejor disco de estudio de la banda: Eat a peach. El 29 de octubre de 1971, aprovechando una pausa en el cronograma de grabación, Allman salió a andar con su Harley por Macon, Georgia. Tras una mala maniobra para esquivar un camión en la ruta, volcó. Múltiples fracturas y el colapso de varios órganos internos causan su muerte casi inmediata. En menos de un mes cumpliría 25 años.

Como si esto fuera poco para los Allman Brothers, el bajista Berry Oakley III, sufre el mismo accidente fatal, una semana después del primer aniversario de la muerte de Duane. Lo que es peor: el segundo choque ocurrió apenas a tres cuadras del primero.


Berry Oakley y Duane Allman


Berry Oakley y Duane Allman

En el ámbito local es menester recordar al genial Norberto Napolitano y su alter ego, Pappo, que dejaron su vida en la ruta 5 en la madrugada del 25 de febrero del 2005. Aparentemente no viajaba en un estado de impecable lucidez. Su Harley accidentalmente tocó la moto de su hijo Luciano, perdió el control y cayó al pavimento, falleciendo en el acto.



Amanece en la ruta

Es curioso notar que ninguno de los siguientes rockeros estaba al volante cuando sucedió el accidente…

Por un lado Marc Bolan, dios dorado del rock (y el buen glam) quien, el 16 de septiembre de 1977, apenas dos semanas antes de su trigésimo cumpleaños, viajaba como acompañante en un Mini conducido por Gloria Jones, madre de su hijo Rolan Bolan. Tras perder el control en una ruta al sudoeste de Londres, el auto chocó frontalmente contra un árbol, causando la muerte del rockero y severas lesiones en la conductora. Ninguno de los dos llevaba el cinturón de seguridad puesto. Con el tiempo, el lugar del accidente se convirtió en una especie de santuario para todos sus devotos.



Busto de Marc Bolan frente al árbol

El otro caso que destaco es el de Cliff Burton, un extraordinario bajista que formó parte de la primera (y más emocionante) etapa de Metallica. Después de Kill ‘em all (’83) y Ride the lightning (’84), el éxito masivo y la completa adoración de las críticas llegó de la mano de su tercer disco, Master of puppets (’86). Durante la porción escandinava de su gira de presentación, la Damage Inc. Tour, la banda viajaba en micro por Suecia. Al parecer las cuchetas eran bastante incómodas, por lo que el guitarrista Kirk Hammett y Burton sacaron cartas a ver quién se quedaba con la mejor cama. En la noche del 27 de septiembre de 1986, el bajista ganó con un as de espadas. Esa misma madrugada, mientras los músicos dormían, el colectivo perdió el control, salió de la ruta y volcó en un pastizal, en plena zona rural al sur de Suecia. Cliff Burton había salido despedido por una de las ventanas del micro, que luego cayó sobre su cuerpo, matándolo en el acto.

Mas tarde el conductor declaró que el accidente había sido a causa de un gran bache de hielo en la ruta. La policía nunca encontró rastros de aquella helada en el camino. James Hetfield, cantante y guitarrista de la banda, sostuvo que había olido el aliento a alcohol del conductor en ese momento, por lo que adjudicó el accidente a un estado de ebriedad. Detectives de la zona alegaron que las marcas de los neumáticos del colectivo en el pavimento tenían el mismo patrón que aquellos accidentes causados por conductores que se quedan dormidos al volante. El chofer alegó que había descansado tal como la ley lo demanda, lo cual fue confirmado por otro de los choferes de la gira. Finalmente el caso fue desestimado y no se levantó ningún cargo en su contra.



No voy en tren...

No hay duda alguna que el aporte de Stevie Ray Vaughan al mundo del blues fue clave. Si bien es un género que trasciende tiempo y espacio, los 80s fueron una época dura para sus amantes. Con un talento rutilante, este hijo bastardo de Jimi Hendrix y Albert King le dio una vitalidad popular al blues, con sonidos pulidos, un talento innegable y una frescura que combinaba la técnica del pasado con las ventajas sonoras de hoy. Por supuesto que siempre abrazó sus influencias, como hizo Clapton 20 años atrás, funcionando así como un puente, un canal conductor para las nuevas generaciones hacia la rica historia de aquella música y sus héroes.

Los shows junto a Eric Clapton y Robert Cray del 25 y 26 de agosto de 1990 en el Alpine Valley Music Theatre marcaron el cierre del tramo veraniego de presentación del disco In step (’89). Después del show Vaughan planeaba volver a Chicago en auto junto a su hermano Jimmy, pero para evitar el tráfico consiguió lugar en uno de los helicópteros que había alquilado Clapton para su equipo. Aparentemente el piloto, un tal Jeffrey Brown, no estaba acostumbrado a volar en esa zona de montaña y niebla. El helicóptero despegó pero nunca logró la altura suficiente como para pasar las montañas. Apenas unos minutos después de partir colisionaron contra la ladera. Vaughan sufrió una severa herida en la aorta y murió desangrado. Los otros pilotos no vieron el accidente a causa de la niebla, por lo que recién se dieron cuenta que algo andaba mal horas más tarde cuando aquel helicóptero no llegó a Chicago. A las 7 de la mañana Clapton y Jimmy Vaughan fueron citados para identificar el cadáver.


Stevie Ray Vaughan

El caso de Otis Redding y su banda The Bar-Kays guarda una gran similitud con aquel accidente de Buddy Holly, Ritchie Valens y Big Bopper. El cantante estaba en la cima de su popularidad. Había deslumbrado a todos en el Monterrey Pop Festival, coronándose como el rey del soul y el R&B. Tras una presentación televisiva en Cleveland, Ohio, el cantante, su banda y su manager tomaron una avioneta Beechcraft 18. Se desconoce con precisión cuál fue la causa, pero en aquel 10 de diciembre de 1967 la nave cayó al gélido lago Monona en Madison, Wisconsin. El cuerpo de Redding fue recuperado al día siguiente cuando dragaron el lago. Su gran legado póstumo fue la conmovedora e intimista “Sittin’ on the dock of the bay”, grabada apenas unos días antes de su muerte. Incluso, aquel fantástico silbido que corona la melodía en realidad iba a ser reemplazado por parte de la letra que aún no había escrito. La canción fue editada en enero del 68 y se convirtió en único simple de su carrera en llegar al nº1 en la lista Billboard.

Tal vez el accidente aéreo más emblemático del rock es aquel que se llevó la vida de los miembros de Lynyrd Skynyrd, embajadores indiscutidos del rock sureño de los 70s. El 20 de octubre de 1977, apenas tres días después de editar su disco Street survivors, alquilaron una avioneta Convair 270 para ir de Greenville, Carolina del sur, a Baton Rouge, Louisiana. En pleno vuelo, uno de los motores de la nave comienza a fallar, por lo que se ven forzados a realizar un aterrizaje de emergencia. Si bien los pilotos intentaron descender en el aeropuerto de Pike County, Mississippi, terminaron estrellándose en un bosque al noroeste de Gillsburg, Mississippi. A raíz de esto, el cantante y líder Ronnie Van Zant, el guitarrista Steve Gaines, su hermana corista Cassie Gaines, el road manager y el piloto y copiloto, murieron.

El resto sobrevivió, pero no había mucho que festejar. El guitarrista Allen Collins se quebró dos vértebras de su cuello y al bajista Leon Wilkeson casi tienen que amputarle los brazos por las serias lesiones que mantenía, como un pulmón perforado y la pérdida total de sus dientes. El otro guitarrista (si, tenían tres violas), Gary Rossington, se quebró los dos brazos, su pierna derecha y la pélvis. La corista Leslie Hawkins se quebró el cuello en tres partes y el tecladista Billy Powell perdió su nariz casi por completo a causa de laceraciones severas. Ciertamente fue el final de una era para la agrupación, que a partir de ese entonces tomaría el turbio camino de convertirse en una banda tributo de sí mismos.



Lynyrd Skynyrd - Street Survivors

Es sumamente curioso ver la tapa de aquel último disco de la banda: Street survivors. En ella, los músicos aparecía rodeados por fuego y destrozos, como una especie de ironía mórbida del destino. Luego del accidente la discográfica optó por una imagen más discreta, como la de los miembros de la banda sobre un fondo negro. Hoy en día, con el paso del tiempo y las reediciones en CD, no sólo podemos disfrutar de la música sino de aquella postal que rotuló la última obra (sin contar las reediciones ladris y demás) de una banda fundamental del rock estadounidense.

¡Feliz día zurditos!

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Hoy es el día internacional de los zurdos y, ¿qué mejor manera de celebrarlo que recordando a sus héroes de la guitarra?
¡¡ ía ía pe pé !!




Hay aproximadamente 650 millones de zurdos en todo el mundo, lo que representa a una de cada diez personas. Se cree que el número de zurdos a nivel mundial sería mayor si no existieran las presiones culturales. Al parecer, un cuarto de la población que nace zurda es obligada, durante su aprendizaje de escritura, a cambiar esa cualidad.

En el caso de los guitarristas, esta teoría también se aplica fehacientemente, ya sea en la etapa instructiva o incluso desde la disponibilidad de instrumentos para zurdos.

La teoría establece que ser zurdo implica dominar el lado derecho del cerebro, asociado con la creatividad y la habilidad artística, mientras que el izquierdo refiere a cuestiones más analíticas, como la matemática y la lógica.

Aquí, un humilde top10...


10. Doyle Bramhall II
– uno de los pocos guitarristas de blues post Stevie Ray Vaughan que no sucumbe ante la emulación facilista e inevitable del susodicho (ver Kenny Wayne Shepherd, por ejemplo).

A los tempranos 16 salió de gira como segundo guitarrista de los Fabulous Thunderbirds de Jimmy Vaughan, recomendado por el mismísimo Stevie Ray. Desde entonces tocó junto a Roger Waters entre el 2000 y 2002, y a Eric Clapton desde el 2000 hasta el día de hoy, balanceando estas colaboraciones con sus proyectos solistas. Ha tenido el honor de que dos de sus canciones, "Marry You" y "I Wanna Be", fueran grabadas por don slowhand y B.B. King para el disco Riding with the king.

Su modo de encarar el instrumento es sumamente particular ya que, al igual que Albert King, utiliza una guitarra para zurdo encordada como para un diestro, es decir, con las cuerdas que van de más aguda a más grave. A raíz de esto, siempre fue esquivo a profesores, tablaturas y demás, desarrollando así un estilo único.

Tuve la suerte de escucharlo en vivo el año pasado en Chicago como parte del Crossroads Festival y debo admitir que fue uno de los mejores sets del día, combinando el pulso del blues del mississippi, lo etéreo de un raga y el espíritu del rock inglés de los 60s.


9. Albert King – miembro del club de los “tres reyes”, junto a B.B. y Freddie King. Padre fundador y eterna referencia para músicos como Clapton, Mike Bloomfield, Mick Taylor y Stevie Ray Vaughan. Un verdadero prócer de las seis cuerdas, desplegando estiradas y vibratos que resuenan hasta el día de hoy.


8. Mark Knopfler – con fineza, elegancia y sentimiento logró destacarse como uno de los guitarristas más personales de las últimas décadas. Aprendió a tocar la guitarra como diestro si bien es zurdo. Junto a Dire Straits fue uno de los mejores representantes del rock en los 80s y ahora despliega una rica carrera solista donde gustosamente diluye el rock con un espíritu más acústico, folk (americano y británico) y maduro. Su bajo perfil lo aleja de cualquier ranking populista pero el verdadero talento siempre sale a relucir.


7. Robert Fripp – Otro zurdo que aprendió a tocar como diestro. ¿Justificación en esta lista? King Crimson: "Hombre esquizoide del siglo XXI". Say no more.


6. Joe Perry – al igual que sus dos antecesores en el ranking, el guitarrista de Aerosmith es zurdo pero comenzó a tocar como diestro a partir de un libro con tablaturas que le regalaron sus padres cuando era un niño. Desde hace más de tres décadas demuestra ser una usina de riffs tan grandiosos como eternos. Basta desempolvar discos como Get your wings, Rocks o Toys in the attic para recordar la magnitud de la cuestión. Como alquimista de ritmos con soltura ala Keith Richards y destellos punzantes de Jeff Beck, logra ser un fantástico puente para la próxima generación de guitarristas, con figuras como Slash a la cabeza.


5. Michael Bloomfield – desde una temprana edad comenzó su aprendizaje como diestro por mero acto de imitación e ignorancia de la existencia de instrumentos para zurdos.

Este oriundo de Chicago siempre fue un guitarrista que emparenté con Rory Gallagher y Peter Green. Si bien sus formas de encarar la guitarra son disímiles, los tres tienen la hipnótica cualidad de canalizar cada mínimo matiz emotivo, mostrándose de una forma cristalina. Desafortunadamente, otro punto de unión entre estos virtuosos es que su obra no logró mantener popularidad en el tiempo, a pesar de su indiscutible calidad.

El mismísimo Robben Ford consideró a Bloomfield como una figura cuasi mesiánica en su formación como guitarrista, cumplido que le quedaría grande a muchos, pero a la altura en este caso.

Bloomfield integró la genial Paul Butterfield Blues Band y la fugaz pero prestigiosa Electric Flag. Realizó excelsas colaboraciones con Al Kooper, un viejo compañero de sesiones del que tal vez fue su trabajo más notorio: el eterno Highway 61, de Bob Dylan. Acá asistió al gran Bob en sus primeros pasos en el mundo de la electricidad, dejando como testimonio uno de los mejores discos de todos los tiempos.


4. Duane Allman – a pesar de un excelente trabajo como sesionista, acompañando a artistas de la talla de Aretha Franklin o Wilson Pickett, este guitarrista se ganó el olimpo como la fuerza motor de una de las mejores bandas de rock, blues e improvisación de Estados Unidos: The Allman Brothers Band.

Basada en la distinguida química entre sus miembros, ésta siempre fue una agrupación que brillaba en vivo. No hace falta más que escuchar el seminal Live at Fillmore East (del cual recomiendo enfáticamente la Deluxe Edition o The Fillmore Concerts), Live at Ludlow Garage, Live at the Atlanta International Pop Festival o las grabaciones piratas que circulan de esa época de la banda para cerciorarlo y deleitarse con infinitos pasajes y paisajes musicales. Más allá de lo que parezca en la teoría, es muy distinto estirar una canción o zapar. La primera es una forma de pasar el tiempo. La segunda, un arte.

Ese afán por explorar nuevos territorios sonoros y estirar las fronteras de una canción hasta el máximo posible lo hicieron ganarse su merecido lugar en la historia y ser uno de los guitarristas más influyentes en este territorio. Prueba suficiente es remitirse a verdaderos virtuosos como Warren Haynes, Derek Trucks y Marc Ford, a quienes tuve la suerte de ver personalmente y comprobar de primera mano, en vivo y en directo, que la llama sigue viva.

El toque de Duane Allman viene apareado con su habilidad para tocar slide. Su precisión y soltura daban a la ejecución y fraseo una cualidad casi vocal, mezclando escalas, estilos y motivos para moverse y fluir dentro del ritmo. A pesar de ser zurdo tocaba como un diestro, y consideraba que esto añadía fuerza y control sobre las cuerdas, en lo que refería a estirar notas o hacerlas vibrar, dos herramientas fundamentales en el blues.

Otro altísimo punto que no puede ser pasado por alto en su corta carrera es la prominente participación que tuvo en uno de discos de oro de Eric Clapton: Layla and other assorted love songs. El contrapunto de las guitarras, su coqueteo, complemento e inspiración dan como resultado un disco que será por siempre un punto a partir del cual sus sucesores se medirán.


3. Paul McCartney – ok, su instrumento principal es el bajo, pero como dirían los ingleses, la bass guitar (guitarra bajo) sigue siendo una guitar. En una época del rock en que el bajo era un mero acompañamiento temeroso de salirse de patrones que dictaban las tónicas, Macca le dio una inyección melódica que cambió por completo la identidad al instrumento. Junto a John Entwistle conforman la dupla paterna que, desde los tempranos 60s, dio forma a lo que hoy proyectamos como el ideal bajo de rock.


2. Tony Iommi – basta conocer su historia personal para ponerse de pié y aplaudir. A pesar de haber perdido la punta de sus dedos medio y anular de la mano derecha en un accidente cortando planchas de metal cuando trabajaba en una fábrica metalúrgica, no se dejó desanimar. Se construyó prótesis para sus dedos fundiendo tapitas de gaseosas. Higiene y alta tecnología.

Como si eso fuera poco, es autor de un puñado de riffs y melodías completamente indestructibles que hicieron de Black Sabbath una de las mejores bandas de los 70s y padres indiscutidos del metal.

El de Iommi es un caso que me fascina, porque a partir de una casualidad (¿o causalidad?) del destino, nació un estilo que revolucionaría la música por siempre. Como la tensión normal de las cuerdas le producía dolor en sus dedos, decidió afinar su guitarra bajando la tensión, dando como resultado mayor flexibilidad y confort. El efecto “secundario” fue un nuevo espectro tonal completamente inexplorado. La guitarra entraba en un territorio de mayor peso y densidad, herramientas que se convertirían en el estandarte de Black Sabbath.

El sonido del metal puede trazar una línea genealógica directa a sus ancestros, encontrando al final del camino a Iommi y su particular estilo, desarrollado casi por accidente.


1. Jimi Hendrix – ¿qué más puede decirse de un hombre que pintaba paisajes del cosmos cada vez que se calzaba la guitarra? Sí quiero recordar una gran anécdota, contada por un verdadero par: Eric Clapton. Recordemos que Hendrix tocaba correctamente como zurdo, pero usaba una guitarra para diestros porque aparentemente no podía encontrar una Stratocaster fabricada para gente como él.

Clapton, al borde de las lágrimas, relata que la noche que murió, iba a encontrarse con él para ver a Sly Stone. Le estaba llevando como regalo una Stratocaster para zurdos. Era la primera que había visto en su vida y se la compró. Cuenta que se vieron a la distancia entre la gente pero no pudieron juntarse. Al día siguiente, chau, murió, y quedó solo, con esa guitarra. El universo en seis cuerdas.