Mostrando entradas con la etiqueta _discos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta _discos. Mostrar todas las entradas

Amapola del 66

0 comentarios



La columna de radio de hoy estuvo dedicada al flamante disco de Divididos: Amapola del 66, una verdadera muestra de talento, creatividad y vigencia. Sin duda, la paciencia fue pagada con creces. Podría decir miles de cosas, pero para eso está el audio... que lo disfruten.

PARTE 1





PARTE 2




Jimi Hendrix: Valleys of Neptune

0 comentarios


Dediqué mi columna de hoy al inagotable e inoxidable talento de Jimi Hendrix; evidenciado, en este caso, a través del flamante disco "Valleys of Neptune".

PARTE 1





PARTE 2


Oasis: un camino largo y sinuoso

0 comentarios
Dada la inminente visita de esta gran banda inglesa, me parece meritorio contextualizar su naturaleza actual haciendo un repaso discográfico, contextualizando y refiriendo a su último trabajo, Dig out your soul.
***

Es innegable que Oasis es una banda que ha sabido reinar en los 90s conjugando el linaje rockero británica con himnos generacionales y altas dosis de arrogancia…muchas veces justificada.

Con Definitely Maybe (1994) y (What’s the Story) Morning Glory? (1995) ya se habían ganado el olimpo. Lograron una revitalización del rock inglés que, en ese momento, estaba perdiendo protagonismo ante la oferta de Estados Unidos y su caballito de batalla de los tempranos 90s: el grunge. Ciertamente, en aquellos primeros años el faro alumbraba hacia América, pero la banda de los hermanos Gallagher fue una punta de lanza clave para una especie de "nueva invasión británica", de donde emergieron pujantes nuevas agrupaciones y se consolidaron otras que ya tenían un par de años de ruedo. Las mareas humanas que colmaban estadio tras estadio, los críticos que -aunque sea a regañadientes- tenían que admitir su enorme peso y aporte fundamental en la escena, y el visto bueno de la realeza rockera como Paul Weller y Pete Townshend, daban fe de que estaban frente a un fenómeno único, Un momentum irrepetible. Una vorágine que trascendía las fronteras de la música para hincar los dientes sobre el pulso de la juventud inglesa de aquellos años.

Para muchas grandes bandas, el tercer disco es el eterno escollo. El primero suele ser el que los pone en boca de todos: la gran promesa. El segundo sale con el impulso y la adrenalina del momento, y los termina de consolidar y catapultar. Ya en la cima de la ola llega la hora del tercero, aquel que supuestamente viene a defender la corona, a “justificar”. Qué palabra horrible. Ese tercer disco, Be Here Now (1998) sufrió los embates de aquellos que buscaban más de lo mismo, pero distinto. Algo igual pero mejor. Ciertamente no imaginaban canciones densas, droguetas, épicas, ególatras y con infinitos entramados de guitarras eléctricas embebidas en distorsión que reverberaban frenéticamente a lo largo de los 72 minutos de la obra, anulando cada silencio y sin dar la más mínima tregua.

Por suerte, me cago en esa gente. El álbum es genial, justamente por todas las cosas que le critican. Es el clásico caso del disco que es atacado por la prensa y los oyentes casuales, pero que late con fuerza en cada fanático. Más allá de los juicios de valor, el disco era una fiel postal de lo que luego se vería en la subsiguiente gira mundial: exceso de excesos. En teoría no hay problema con eso, hasta que se vuelve una carga que actúa en detrimento de la obra. Con el tiempo, los químicos y las internas estaban erosionando los pilares fundamentales de la banda. Era hora de dar un salto, pero no parecían saber a dónde.

A fines de 1998 editan The Masterplan, una especie de grandes éxitos de lados B que la mayoría de las bandas morirían por tener como lados A. El disco no sólo ayuda a sacarle presión a la banda de editar material nuevo sino que evidencia el espíritu prolífico, la calidad compositiva y una enorme afinidad para el hit de Noel Gallagher.

De alguna manera, Standing On The Shoulder of Giants (2000) es la semilla del cambio. Sin perder la impronta del rock estridente y clásico británico, emergen texturas como fruto de la experimentación abierta. Psicodelia, loops, guitarras invertidas y demás recursos lisérgicos muestran una búsqueda por sobre el “Oasis clásico” y sus lugares comunes. Así nacen temas como “Gas Panic” o “Roll It Over”, donde el sonido gana una tercera dimensión y muestra a una banda que busca cambiar de piel, expandirse, evolucionar. Si bien había temas con sabor a relleno, también estaban aquellos que daban esperanza de nuevos y ricos horizontes que hacían creer que, con un poco de paciencia, pronto se elevarían a un nuevo plano musical y compositivo. Estaban frágiles por la pérdida de dos miembros fundadores, Paul "Bonehead" Arthurs y Paul McGuigan, pero la llegada de Gem Archer y Andy Bell ayudó a solidificar este nuevo aire.

Desafortunadamente, por obra y arte de las bajas ventas, la crítica impaciente y los fanáticos fundamentalistas, la banda sufrió un gran embate que hizo temblar su corona. En lugar de luchar por llegar a una síntesis de esa nueva luz, el miedo los llevó a replegar sus tropas. Sin duda, el próximo paso de los de Manchester sería hacia atrás. “Volver a las raíces” suele ser un eufemismo para “más de lo mismo” y eso es a lo que apuntaron con Heathen Chemistry (2002). Aquí, Oasis amplía la cantera compositiva que, hasta entonces, estaba exclusivamente en manos de Noel Gallagher. Con aportes compositivos de los otros miembros, el disco intenta en vano recapturar el espíritu rockero efervescente que tenían hacía casi una década, imitándose a sí mismos. Esto resultó en un álbum que suena forzado, sintácticamente correcto pero semánticamente vacío.

Con su próximo trabajo, Don’t Believe The Truth (2005), la banda comenzó a dejar de lado la obligación tácita de “ser Oasis” y simplemente dejaron que las cosas fluyan. Si bien faltaba afinar un poco la puntería, composiciones como “The Importance Of Being Idle”, “Part Of The Queue” o “Let There Be Love” (que, en rigor de verdad, es una versión más floja de un gran demo de la época de Standing In The…) llevaban a pensar que la cosa iba por buen camino.

Por un lado, no podían darse el lujo de seguir diluyendo el legado de la banda con discos que se quedaban en buenas intenciones. El tiempo apremiaba y las dudas surgían. ¿Era posible dar un próximo paso con la firmeza del talento, la seguridad de grandes composiciones y el riesgo de aquel que concientemente suelta amarras sin temor? ¿Podrían lograr el resultado sin calcar la fórmula? Dig Out Your Soul (2008) es una gran respuesta a todas esas interrogantes. Acá, de alguna manera, parece condensarse la intensidad de Be Here Now con la experimentación de Standing On The Shoulder Of Giants, pero con un resultado final que no remite ni le debe nada a la discografía que lo precedió.

Esta última placa entusiasma, no sólo porque parecen haber perdido, finalmente, el miedo de dejar de “ser Oasis”, sino que además sube un escalón, da un salto de fe. Se muestra como un verdadero punto de inflexión en lugar de una oda al piloto automático. Con una banda inspirada y ajustada, las canciones se adentran de lleno en caminos que antes apenas eran insinuados.

Sin duda, es un disco sazonado con especias lisérgicas, dando un tinte psicodélico y experimental muy al estilo beatle. Noel suele ser castigado con dureza (e injusticia) en estas comparaciones, pero acá hay una connotación positiva: es una derivación. Haciendo una analogía local, es como lo que pasa con Charly García y Fito Páez. Se puede ver claramente el árbol genealógico melódico que va de uno a otro, pero cada cual es grande por su propio mérito. Lo mismo se puede decir de Albert King y Stevie Ray Vaughan, de los Rolling Stones y los Black Crowes, y millones de etcéteras más. En cada caso se conjuga esa influencia para lograr algo propio… como un dialecto más en su lenguaje personal. Por supuesto que hay guiños a los cuatro de Liverpool, a los Kinks, a The Who, hasta a sus compadritos de The Verve, pero se siente como la honestidad de un tributo más que la picardía de un robo.

Para este trabajo, el mayor de los Gallagher vuelve a ceder hegemonía en la composición. Así nos encontramos con grandes aportes, como "To Be Where There's Life" de Gem Archer o la bellísima “I’m out of time” de Liam Gallagher. En cuanto a esta última, también tiene la particularidad de demostrar una notable evolución como escritor en el menor de los hermanos, especialmente cuando recordamos que su bautismo discográfico fue con la insípida “Little James”. Si bien las composiciones de Noel siguen siendo las más destacables, con un renacer compositivo para el aplauso y la fantasía de un disco solista, al abrir el juego autoral, cada miembro de la banda se ve forzado a llevar su talento al máximo, buscando un lugar para su mejor obra.

Viendo la carrera de la banda, es una pena que dos discos descartables se antepusieran a este trabajo pero, de alguna manera, parecía ser la única forma de llegar a este punto. Tenían que bajar, chocar contra sus limitaciones, dejar de pensar y permitir una decantación musical que rejuvenece sin hacer el ridículo, evoluciona sin perder identidad y apuesta sin saber sin la certeza de una victoria. Dig Out Your Soul abre puertas que llevan a caminos inciertos, pero caminos nuevos al fin. Ya no es más un paso al costado sino uno firme al frente. Ciertamente no es más de lo mismo. Por eso, es necesario dejar todo lo demás de lado e ir con la cabeza abierta, tal como hicieron el disco.

Pez en La Trastienda

3 comentarios
(A pedido del gran JLL voy a elaborar un poco más. Aclaro que esto es apenas una postal, un ápice de las millones de ideas y sentimientos brotan sin reparo de mi cabeza cada vez que estoy ahí...)



Ayer Pez presentó oficialmente su nuevo disco, El porvenir, con un show incandescente, bañado en estridencia rockera, testosterona adolescente y virtuosismo sapiencial.

Por suerte el flamante disco es un vehículo excelente para este tipo de descarga. Así como en el superlativo tercer disco (Pez, de 1998), en apenas media hora sin pausa alguna, el álbum logra combinar la poesía existencialista y clásicas aguafuertes porteñas con la vorágine punk y la rispidez del mejor rock pesado, todo esto envuelto en un subyacente espíritu mod en un viaje de anfetas.

Por (breves) momentos, el disco suena “apurado”, con temas a medio cocinar que, si bien sientan perfectamente en grupo, individualmente tal vez no logran el mismo efecto… todo esto para los altísimos estándares de Pez, por supuesto. Ciertamente siembra la duda de qué sería de El porvenir de haber tenido un tiempo de mayor decantación y/o elaboración. Si bien es un trabajo que, a nivel compositivo, tal vez no tiene la dimensión ni la complejidad de sus antecesores, cumple al pie de la letra la que parece ser su premisa: la canción es un vehículo para la emoción y no al revés. Acá reinan el choque, el impacto y el instante fugaz… ideas que se potencian exponencialmente en vivo.

En La Trastienda, al igual que en El Teatro de La Plata la semana pasada (que fue un concierto aún mejor que este) y en los últimos shows en general, la lista de temas apuntó a la colisión frontal con un repertorio más muscular que se nutrió de temas gloriosamente rockeros y urgentes como “La gota”, “Y la calma”, “Tapas de discos y posters de la Pelo”, “Ultimo acto” y demás, prácticamente anulando respiro alguno y maximizando la efervescencia poguera del público. Ciertamente, una de las postales más especiales de la noche se dio en la cumbre ex – mod, fruto del encuentro de Minimal con Sergio Rotman para dar rutilantes versiones de “El desengaño” y el clásico de Cienfuegos, “La eternidad”, junto a Mimi Maura. Para piantar un lagrimón.

¿Qué decir de una banda que show a show demuestra ser la experiencia musical más trascendente del rock hoy (y desde hace quince años ya)? ¿Qué agregar a una carrera intachable de autogestión, libertad, talento y coherencia? Mientras busco palabras para expresar lo inexpresable, resuena en mi cabeza:

“Dame una oportunidad y te voy a demostrar
No en vano estoy parado acá yo hoy
Me empuja la pasión, no lo puedo ocultar
Mi mente obedece a mi corazón
Tratando hoy de ser yo
Si alguien me quiere callar, que me venga a buscar
Y me dé al menos una razón
Por la cual yo debería parecerme a los demás
Y cantar canciones sin corazón
Tratando hoy de ser yo”
(Tratando)



...



Esta es la lista "oficial", aunque en rigor de verdad, desordenaron todo y agregaron varios temas. Fue algo así:

1. Porvenir0 2. Roma 3. Rompo tu piel de asno 4. Creo que amamos el dolor 5. La gota 6. Quiebran 7. Eyéctenlo 8. Y la calma 9. Gala 10. El hombre al que nada perturba 11. Desde el viento en la montaña hasta la espuma del mar 12. Conciencia 13. Saben 14. Alada 15. Despierto a un tiempo de luz 16. Acelera sus latidos corriendo a ningun lado como un toro asustado 17. Desconectado 18. Sueño 19. Tapas de discos y posters de la pelo 20. El desengaño (con Sergio Rotman) 21. La eternidad (con Rotman y Mimi Maura) 22. Volveran 23. Spuistraat 249 24. Último acto 25. El cantor 26. Rompe el alba 27. Lo que se ve no es lo real 28. Maldición 29. Fuerza 30. Introducción declaración adivinanza 31. El porro es del metal


...


A continuación les iba a dejar unos videos que grabé desde la primera fila, pero la tecnología me jugó una pésima pasada. Hace un rato me dí cuenta que palmó la memory card con toda la data que tenía; o sea que la filmación entera del show se fue al carajo. No sé si matarme o pegarle un tiro a la cámara.

Por lo pronto adjunto unas excelentes fotos de María Baümler.






































...
.

Ricardo Iorio: Ayer deseo, hoy realidad

1 comentarios
.
La balada del Dr. Jekyll y Mr. Hyde


Es inevitable que la noticia del primer disco solista de Ricardo Iorio, cantante de Almafuerte, despierte una curiosidad galopante, especialmente cuando refiere a un repertorio conformado enteramente por versiones de temas fundacionales del rock nacional. Lo ideológico y lo musical bailan a un ritmo lo suficientemente frenético como para hacer imposible que este material pase desapercibido; especialmente cuando detrás de la batuta se encuentra un personaje tan emblemático, que amamos odiar y odiamos amar.

En esta cruzada lo acompañan sus compañeros de banda: Bin Valencia en la batería, Beto Ceriotti en el bajo, y el excelso Claudio Marciello en guitarra y arreglos. Se puede suponer que la idea de rotularlo como disco solista, a pesar de tener a todos los miembros como “banda soporte” responde a un deseo de su cantante de despuntar un vicio personal, o simplemente para no comprometer, adulterar o diluir la identidad de Almafuerte y su obra.

Aún sin escucharlo, este es un disco que hace ruido desde lo ideológico. Aquí, el personaje caricaturesco de metalero fundamentalista que se creó Iorio para sí pasa factura de su pasado, donde con saña y prepotencia se encargó de defenestrar a la gran mayoría del rock que ahora homenajea. Aquellos “blandos” siempre ocuparon un rol pasatista e intrascendente, por lo menos desde el discurso del cantante. “El metal nacional existe más de lo que existía el llamado ‘rock nacional’ en su momento. La música pesada en argentina es mucho más trascendente que cualquier cosa que haya hecho cualquiera de las bandas que han formado parte del rock nacional, y además de más trascendente es más grande”, argumentaba para la revista Madhouse en el ’91.

Otro punto de disonancia es la relación que siempre tuvo hacia aquellos que no eran autores de la obra que interpretaban. En el 2003, para la revista Si se calla el cantor declaró: “Vos estás hablando con un autor. Yo no me gano la plata de sodero ni de fletero. Canto las canciones que inventé, no soy Mercedes Sosa ni Valeria Lynch que cantan canciones de otros. Yo voy a SADAIC y me gano mi billete por cantar mis canciones”. Más que curioso resulta, entonces, la salida de este disco, que no sólo se nutre de versiones, sino que rinde tributo a figuras como Almendra y Miguel Abuelo, entre otros.

Sin embargo, es menester sobreponerse a la lectura (y crítica) ideológica que la naturaleza de este disco pueda suscitar para poder disfrutarlo. La música ciertamente amerita ese esfuerzo.

Un punto clave a destacar es el buen gusto que han tenido al confeccionar la lista de temas. A diferencia de previos tributos o reversiones del rock nacional que coparon las bateas en los últimos años, "Ayer deseo hoy realidad" se despega del hit facilongo y populista, ya diluido hasta el hartazgo. Si bien acá encontramos clásicos indiscutidos, conviven con perlas que habitan en la periferia popular, aunque merezcan una ubicación central en nuestro rock: Hace casi 2000 años de Color Humano, Ritmo y blues con armónica de Vox Dei y Tontos de Billy Bond y La Pesada son solo algunos de los que brillan en su presencia. Podría considerarse que el único “lugar común” del disco es Jugo de tomate, de Manal, aunque esto no le quita ni un ápice de mérito a la versión en particular ni a la obra en general. Queda claro así que el criterio de selección, tanto de los grupos como de canciones, refiere y remite directo a la banda de sonido de la juventud de Iorio; tal vez el primer motor en su periplo musical.

El disco también contiene una grata cuota de sorpresa. Por un lado se produce una trilogía spinettiana con Toma el tren hacia el sur de Almendra, Madreselva de Pescado Rabioso y Durazno Sangrando de Invisible, digna de aplausos. Tal vez aquí haya radicado uno de los mayores escollos para Iorio, del que emerge más que airoso: adaptar material tan ajeno, lograr estamparle su identidad y así generar un valor agregado, sin que pierda la esencia original. Por otro lado, aun cuando parece morder la banquina con Un amigo de verdad de Roque Narvaja, hay una especie de “morbo musical” por el cual sigue siendo fascinante verlo desenvolverse en un contexto que, por lo menos en teoría, es diametralmente opuesto a su naturaleza. Un claro ejemplo de esto es Mariposas de madera de Miguel Abuelo, un este estandarte hippodélico (hippie + psicodélico, se entiende…) que es abordado con el respeto y la sensibilidad que merece.

En lo individual, hay que destacar la emoción que conlleva la entrega vocal. Iorio logra matices y acentos propios de quien empatiza y se compenetra plenamente con la canción. Doble mérito merece por hacerlo con composiciones tan ajenas a su estilo, donde pierde el miedo de salir de su nicho para entregarse al momento. Basta escuchar Durazno sangrando para ver esto con total claridad. Donde Spinetta es una flauta, Iorio es una motosierra, pero sin embargo la emoción aflora y la sinceridad está ahí, palpable.

Tal vez este último punto sea el verdadero logro del disco, y lo que le da un barniz especial. Iorio parece perder el miedo de mostrarse un poco más vulnerable, tal vez más humano y dejar ver, por entre las grietas de su coraza, que el talento que tiene la persona se erige mucho más alto que el discurso del personaje.


Temas:
1- Hace casi 2000 años (Color Humano) / 2- Toma el tren hacia el sur (Almendra) / 3- Blues del atardecer (El Reloj) / 4- Solitario Juan (Pappo´s Blues) / 5- Ritmo y blues con armónicas (Vox Dei) / 6- Durazno sangrando (Invisible) / 7- Jugo de tomate (Manal) / 8- Un amigo de verdad (Roque Narvaja) / 9- Madreselva (Pescado Rabioso) / 10- Tontos (Billy Bond y la Pesada) / 11- Vine cruzando el mar (Aeroblus) / 12- Imágenes fugaces (La Moto) / 13- Mariposas de Madera (Miguel Abuelo)