Cambio de piel
Publicado por Martin Santoro domingo, 13 de marzo de 2011 11:05 0 comentariosCon apenas 23 años, Kate Nash se convirtió en una de las niñas mimadas de la escena pop británica de los últimos años. Acaba de editar su segundo disco, donde se desprende de la sensibilidad adolescente para mostrar que la madurez también le sienta bien.
TEXTO MARTIN SANTORO
El segundo disco siempre resulta un escollo difícil de superar para cualquier artista. Si la fama no vino con el primero, es momento de redoblar la apuesta antes que sea tarde. Si el éxito se hizo presente con el debut, recae en el músico el peso de tener que mantenerlo y demostrar que no fue un simple golpe de suerte. En el medio, evolucionar, evitar traicionarse y mantener la integridad mental tras unirse, voluntariamente o no, al circo del rock. Hace unos meses, Kate Nash estaba en el centro de este remolino.
“Made of bricks” (2007), su primer álbum, fomentó el espíritu voyeurista del oyente, funcionando como el diario íntimo de una adolescente con reflexiones tan inocentes como existenciales, donde le canta al desamor y a su enjuague bucal con la misma convicción. Dicho así, cuesta entender cómo esta londinense podía compartir plataforma con Amy Winehouse y Lily Allen en lo que fue la revitalización del pop femenino con contenido. Toda incredulidad es derrumbada al escuchar esas canciones frescas y sinceras, marinadas en melodías indelebles y estribillos efervescentes diseñados para despertar empatía en adolescentes alrededor del mundo. A caballo de “Foundations”, un hit indiscutible, llegaron las giras, los premios y el desgaste.
Con espíritu escapista, Nash tomó su segundo disco como una oportunidad para desprenderse del personaje unidimensional de chica pop con sonrisa perfecta en la que se veía encasillada. De este modo, “My Best Friend Is You” (2010) incorpora sonidos sixties y hasta Motown que se funden con una clara intención rockera. La producción de Bernard Butler (ex Suede) parece capitalizar esta búsqueda, creando un disco ecléctico que va desde la intimidad acústica de “You Were So Far Away” a la crudeza de “I just love you more”. Sin abandonar sus clásicas viñetas personales donde combina humor y sensibilidad, Nash se animó a cambiar de piel y afrontar las consecuencias.
Al comparar tus dos discos, es evidente un cambio, tanto en la lírica como en el sonido. ¿Esto nace de una intención puntual, tal vez para dejar de ser “la chica de ‘Foundations’”, o lo sentiste como una progresión?
Cambiar me parece la cosa más natural del mundo. Con el tiempo, vamos teniendo más conocimiento y experiencias que nos hacen progresar, o eso esperamos. Por sobre todo, creo que es muy importante no tratar de recrear lo que ya hiciste. No quería sacar “Made of bricks 2”. El primer disco lo escribí en mi habitación a los diecisiete años. Me importaban mucho las historias. Estaba muy influenciada por escritores como Roald Dahl y la idea de crear otros mundos. El segundo álbum llegó después de estar de gira por dos años y escuchar muchísima música.
Ciertamente, este disco tiene una impronta más rockera que el primero.
Amo el punk desde los dieciséis. Los Buzzcocks son una gran influencia en mi primer disco. Tal vez no se nota en el sonido porque es un álbum pop, pero es algo que está adentro. Con este segundo trabajo, traté de sacar ese costado a flote.
También es cierto que, cuando un artista tiene tanto éxito con su debut, puede generar cierto resentimiento hacia ese trabajo. Eso puede llevarlo a tomar la dirección opuesta en el segundo, casi intencionalmente, como para demostrar que no son únicamente eso que los hizo populares.
Es cierto, por lo menos en parte. Si bien creo que fue una progresión natural como dije, también sentía que tenía que demostrar algo. Siempre siento que tengo que demostrar algo, a mí y al mundo. Te pone presión, pero a la vez está bueno porque empuja. Pero es verdad lo que decís: durante mucho tiempo no quería tocar ninguna de las canciones del primer disco porque ya me tenían podrida. Ahora pasó suficiente tiempo como para que vuelva a quererlas.
¿Cuál sentís que fue el mayor aporte de Bernard Butler como productor? ¿Ayudó a materializar ese cambio?
No lo haría responsable por el cambio porque ya había escrito el disco antes de entrar al estudio. Igualmente, él realmente entendió a dónde quería ir. Me ayudó mucho con el sonido mismo. Es muy bueno para mantener las cosas simples. Si la primera toma salió bien, listo, nos quedamos con eso y avanzamos. Realmente confié en él. Eso era lo que más necesitaba.
Empezaste de muy joven e imagino que debe haber sido dura la transición de tocar canciones en tu habitación a hacerlo para miles de personas en todo el mundo. ¿Cómo manejaste ese cambio? ¿Es posible adaptarse a una vida así sin quemarse?
Fue duro pero tampoco tanto, porque sucedió tan rápido que no tuve tiempo de pensar en eso. Simplemente lo hice. Fue como un remolino que me absorbió. Empecé a dar shows por todos lados y no paré.
Es asombroso ver la cantidad de conciertos que diste en esos primeros años.
Creo que me cansó un poco, me deprimió un poco y me resintió un poco. Hacia el final ya pensaba “odio esto y no quiero volver a hacerlo nunca más”. Realmente dudaba si iba seguir tocando. Hay muchísimas cosas de la industria musical que detesto. Uno siempre está en una situación muy estresante. Pasé de tener una mirada súper pop e ingenua a odiar a todo el mundo y pensar que todo es una mierda y querer morirme. Ahí me tomé un tiempo libre, volví a casa y retomé una vida normal. Estuve con mi familia, mis amigos, aprobé mi examen de manejo, compré un departamento… cosas “normales”. Además, necesitaba inspirarme para escribir nuevas canciones. Hacer un segundo disco trae mucha presión. Puede asustar mucho realmente. Y no quería hacer esa estupidez de escribir letras sobre los dramas de la gira. Nadie quiere escucharte llorar sobre lo mal que te trata la vida cuando estás vendiendo millones de discos y viajando por el mundo. Como te decía, tomé ese tiempo para despejarme, estar con gente, ver películas y tener experiencias. Fue una buena época. Si bien estos años son muy demandantes y duros, estoy poniendo mucho trabajo para mi futuro. Ahora la estoy pasando muy bien y estoy más feliz que nunca. Estoy muy contenta de volver a tocar en vivo.
Tus letras tienen una temática muy intimista, donde compartís mucho de tu vida personal. A la hora de componer, ¿separás a la Kate personaje de la persona?
No creo tener un personaje. Pongo todo de mí en lo que hago y siento que tengo que escribir sobre experiencias propias porque es lo que sé, lo que conozco. Eso da un sentido de verdad y honestidad. Puede pasar que la letra surja de un elemento de verdad, aunque no me esté pasando en ese momento. Tal vez es algo que sucedió en el pasado o que le pasó a una amiga. De todos modos, creo fervientemente en tener el corazón en la manga, porque la música te llega más cuando es así.
¿Hay manera de recapturar la magia original de componer canciones en tu habitación, solo para vos, cuando sabés que hay millones de personas que van a escucharlas?
Creo que hay una pequeña parte a la que no podés volver, pero un poco sí. Esa era mi máxima preocupación con este segundo disco. Por eso, fui a una sala de ensayo que era chiquita, un poco sucia y venida a menos, pero con excelentes personas que trabajaban ahí. Entonces era yo y cuatro paredes. La regla que me impuse fue que podía escribir cualquier cosa. No importaba que fuera una mierda, mientras escribiera algo. Así compuse el disco: despreocupada porque no pensaba que alguien iba a escucharlo. No había expectativas. En mi mente, eran canciones para mí, que no tenía por qué compartirlas con nadie.
¿Qué te lleva a mostrar una canción entonces?
Al disco van sólo las que pienso que están realmente buenas. Tengo que amarlas de punta a punta.
¿Qué pasa cuando vos te enamoras de una canción que a tu productor o a la discográfica no les convence?
Soy muy controladora en ese sentido. La gente con la que trabajo sabe que no soy una artista a la que pueden moldear. Hago lo que quiero. Es algo egoísta pero es la única manera. Es tu expresión. Si alguien me dice que no puedo hacer algo, es lo primero que voy a intentar (risas). Soy muy cabeza dura.
Te toca hacer música en un momento donde el ciclo de vida de muchos artistas se va acortando a medida que pasan los años. Vos tuviste un gran comienzo con un acenso vertiginoso y ahora tenés que respaldar eso. En tu opinión, ¿qué es más difícil en la industria musical: convertirse en alguien o mantenerse ahí?
¡Qué pregunta! (piensa) Es difícil decirlo porque para mí todo fue muy fácil. Hay gente que lucha por años y aún así no llega. En Inglaterra, la gente se prende enseguida en lo que es “hot” ahora, lo que está de moda en el momento, pero después se olvida. El año pasado me sentí muy confundida, asustada y frustrada. Ahora aprendí a despreocuparme un poco. Estoy en un lugar muy feliz, volví a disfrutar de tocar en vivo y viajar por el mundo. Creo que cuando estás en Londres, te encerrás un poco y pensás que esa ciudad es todo. Después viajás y te encontrás escalando una montaña en Brasil y te das cuenta que nada más importa. Tengo la suerte de tocar para miles de personas acá, del otro lado del mundo, donde también me quieren muchísimo. Londres es mi hogar pero hay tanto que quiero hacer en mi vida. Lo fundamental es mantener el control creativo y hacer lo que sentís, porque cuando tenga ochenta y cinco años, lo único que va a importar es que dejé grandes discos que la gente va a poder escuchar para siempre. Todo lo demás es secundario, especialmente cuando estás arriba de una montaña en Brasil (risas).
Entonces, ¿qué es el éxito para vos?
No sé todavía. Creo que hacer un show y realmente disfrutarlo es lo mejor. Saber que significaste algo en la vida de alguien es asombroso. En este momento estoy con una iniciativa que se llama “Kate Nash’s rock and roll for girls after school music club” (“El club de rock and roll para chicas después de clase de Kate Nash”).
Gran titulo. ¿De qué se trata?
¡Gracias! En Inglaterra, hay muchísimas menos compositoras mujeres de lo que hay compositores varones. Solo el 14% de las regalías de escritores y compositores son para mujeres. Es tremendo. En vez de dejar que eso me deprima, estoy haciendo algo al respecto. Es una iniciativa para colegios de chicas donde, después de clase, se las incentiva a escribir, empezar bandas, aprender de artistas y cosas así, para poder cambiar el panorama. Si puedo hacer una diferencia, eso es el éxito. En lo personal, quiero seguir haciendo discos y viajar.
¿Te ves haciendo música toda la vida?
¡Sí, por supuesto! A los ochenta voy a seguir componiendo canciones desde mi cuarto.
Volver a escribir desde tu habitación es una gran forma de cerrar el ciclo.
Totalmente. Ya lo veo… ¡Voy a ser una viejita re copada!
Fuerza renovada
Publicado por Martin Santoro miércoles, 9 de febrero de 2011 10:24 0 comentariosHumo del Cairo se afianza como una de las bandas más estridentes de la escena emergente local, mientras pone un pie en Europa y Estados Unidos. Con sumo entusiasmo, el trío se prepara para uno de los años más agitados y ambiciosos de su carrera.
TEXTO Y FOTO MARTIN SANTORO
Humo del Cairo es una banda física. No porque salten como Pete Townshend, hagan pasos de baile cual Angus Young o se trencen con público al mejor estilo Iggy Pop. En su caso, el sonido se materializa como un rugido grave, incandescente y valvular, que mueve masas de aire y golpea de lleno en el pecho. Su música se siente, literalmente. La guitarra cruda de Juan Manuel Diaz amalgama los riffs caprichosos de Color Humano y la densidad de Black Sabbath, mientras surfea olas de distorsión como un Hendrix del oeste bonaerense. El bajo pulsante e hipnótico de Gustavo Bianchi y la batería temperamental de Gonzalo Greco – flamante incorporación – completan una de las propuestas más interesantes de la escena emergente.
Formados a fines de 2004, el grupo paseó su distorsión por reductos del gran Buenos Aires, escenarios porteños como Niceto Club y Ciudad Cultural Konex, mega festivales como el Pepsi Music, el Personal Fest y hasta el Luna Park, teloneando a los mismísimos Judas Priest. Si bien se autodefinen como un “combo de psicodelia pesada, progresiva y negra como la brea que nace en Ramos Mejía”, la banda sortea el rótulo de “Stoner Rock” y no extraña verlos compartir fecha con grupos tan disímiles como Nairobi o El festival de los viajes.
Su disco debut se editó en 2007 a través de Estamos Felices. Allí condensaron toda la energía del vivo dentro de los confines del estudio. Conjugaron el vuelo, la soltura y espontaneidad de la improvisación, con la rigidez de una banda aceitada con años de trabajo en su haber. La coronación del proceso vino de la mano del sello estadounidense Meteor City, emblema del rock pesado de los últimos quince años, que editó el álbum a nivel mundial.
A pesar del éxito, la fortuna pareció flaquear: tuvieron que sortear problemas personales y de grupo, pasando por tres bateristas en un año. Esa inestabilidad generó incertidumbre sobre el futuro y un silencio discográfico que sigue hasta hoy. Pese a todo, nunca pararon de tocar y perseverar.
Desde fines del año pasado, asentaron su formación y los resultados ya son palpables. Como evidencia del compromiso hacia el proyecto, Gonzalo abandonó su Córdoba natal para radicarse en Buenos Aires. Renovados, motivados y en plena ebullición creativa, la banda pisa el acelerador y apunta a editar un nuevo disco en un mes, acompañarlo con un DVD y volver al estudio antes de fin de año.
Con tanto tiempo de inactividad discográfica, ¿nunca les preocupó que se diluyera el interés del público por la banda?
Juan: No, estamos muy tranquilos. A su vez, más allá de los problemas y demoras, creíamos que el disco tenía un montón para dar todavía. Por suerte nos sigue gustando y al público también. Mucha gente nos está descubriendo recién ahora.
¿El nuevo disco va a ahondar más en el estilo del primero, como una progresión, o buscan un quiebre?
Juan: Creo que va a ser como el primero, pero mucho mejor. Si bien va a sonar “vintage” – porque es la impronta de la banda – va a tener otros matices. Además, tenemos más tiempo de estudio. El primero fue hecho a las apuradas. Grabamos todas las bases en un día, por ejemplo. Una locura. Más allá de lo técnico, siento que la mayor diferencia es el espíritu. Nuestra forma de tocar cambió, en parte porque nos fuimos puliendo y también por lo que Gonzalo trae a la banda.
¿Cómo viviste tu incorporación al grupo? ¿Sentís fue una adaptación natural o hubo un trabajo detrás?
Gonzalo: Yo llevaba años tocando con una banda similar en Córdoba, así que me amoldé rápido. Por suerte, manejamos los mismos códigos para componer y nuestros estilos se complementan muy bien.
¿Cómo sobrellevaron tantos cambios de integrantes? Imagino que debe ser difícil mantener la identidad y el sonido propio del grupo, especialmente en un trío, donde cada parte es fundamental.
Juan: Yo creo que cuando escuchás el disco, te das cuenta que la espina dorsal es la guitarra y el bajo. La batería quedó muy atrás. Entonces, para la gente que nos vio en vivo en este tiempo, nunca varió sustancialmente el sonido. Quizás ahora sí se sienta una diferencia. Antes, a la hora de componer, éramos Gustavo y yo. Ahora somos Gustavo, Gonza y yo. Seguimos tocando fuerte y grave, pero cambia la dinámica.
Ciertamente, en el disco suenan muy en vivo. A la hora de componer, e incluso en el estudio, ¿se entregan a la improvisación del momento o trabajan todo al detalle?
Gonzalo: Generalmente hacemos una base, zapamos un rato y de ahí van surgiendo los temas.
Juan: Por momentos tenemos algo muy de “jam band”. Incluso cuando hacemos temas viejos, nunca salen iguales. Creo que para este disco, si bien tenemos cosas armadas, los estamos tocando y cambiando en la marcha.
¿Sienten que la zapada también es una herramienta fundamental para mantener la frescura?
Juan: Sí. La zapada puede llevar el tema a cualquier lado. No te ata nada.
De todos modos, ustedes hacen canciones. Hay un trabajo, una estructura. No es la oda al cuelgue.
Juan: Cuando salió el disco afuera, se nos emparentó mucho con la movida Stoner, que generalmente son bandas que tal vez se juntan a zapar, como grupos conceptuales que tocan tres temas en seis horas. Después rescatan lo mejor y lo editan.
Como bien decís, Humo del Cairo es una banda que tiende a ser encasillada dentro del rótulo “Stoner Rock”. Sin embargo, ustedes parecen tratar de esquivar eso. Un ejemplo claro es ser parte del sello Estamos Felices, que tiene un perfil más pop e indie.
Juan: Nosotros nunca nos cerramos. Debemos ser el único grupo de rock “pesado” que tiene el sello y está buenísimo que sea así también. Creo que eso es un reflejo de lo que es a la banda. No salimos por un sello inglés donde son todos re podridos. No me representa. Es un honor terrible que nos editen por Meteor City, pero no soy un loco que toca en el desierto y cría cocodrilos. Yo vivo acá. Me saco las zapatillas y no tengo arena, tengo talco. No pertenecemos a eso. Somos parte, pero no nos casamos con nadie y tocamos con todo el mundo. Si me gusta la banda, no me cierro a nada.
Más allá de la satisfacción que debe generar la edición de su disco en el exterior, ¿sienten que esto también “legitima” lo que hacen para parte del público y la prensa local? Parece tonto pero muchas bandas tienen que ser reconocidas afuera para que recién ahí empiecen prestarles atención en su propio país.
Gonzalo: Creo que eso pasa en todos lados. Acá se respeta más a lo que viene de Europa o Estados Unidos, pero yo soy de Córdoba y puedo asegurarte que pasa lo mismo con los que vienen de Buenos Aires.
Juan: Es algo que también ocurre en otros países. De hecho, una vez que salió el disco, nos llegaron invitaciones de todos lados. Tal vez antes no te daban bola porque eras una banda sudamericana. Recién cuando un gringo dio el visto bueno, nos empezaron a dar cabida. En la movida europea no es tan difícil, pero la estadounidense es muy sectaria. Por suerte les re cabe el disco y contar con el apoyo del sello da chapa. Pertenecer tiene sus privilegios (risas).
Dadas estas facilidades, ¿por qué no concretaron una gira europea todavía?
Juan: Ibamos a ir a Europa ahora en abril porque nos habían invitado al Roadburn Fesival, donde participan bandas pesadas, re copadas, re podri. Si te invitan, ¡tenés que tocar! Planeábamos hacer una gira y terminar ahí pero con todo este cambio de baterista y la demora del disco, quedó para el 2012. Creo que tocar afuera, más que darte prestigio, da chapa a nivel personal. Tocar treinta veces en treinta días es mortal.
Es una gran diferencia respecto al circuito local, que puede agotarse rápidamente.
Juan: Totalmente. Acá podemos hacer cuatro shows por mes y ya abarcaste todo: capital, norte, sur y oeste. Así se puede volver monótono. Está bueno tocar más espaciado para renovarse y generar más expectativa.
Pensando en la fecha que tienen este sábado en Niceto, ¿son de tantear temas nuevos en vivo o prefieren guardárselos para el estudio?
Juan: Tocamos muchos temas nuevos en vivo, pero nos pasaba que los hacíamos y después no los tocábamos más. Hay muchos que dejamos de hacer porque no sonaban como queríamos, porque no nos representaban o por lo que fuere. En Niceto vamos a estrenar un par de temas nuevos, del próximo disco.
Gonzalo: Igual, seguro que tocamos el tema en vivo y para cuando llegue al estudio ya va a ser otra cosa (risas)
Juan: Para mí siempre fue fundamental tocarlos en vivo porque ahí te das cuenta si quedan o no. Es la prueba de fuego.
Considerando que nunca dejaron de componer, ¿no pensaron en sacar un EP con esos temas que compusieron después del primer disco, aunque sea para evitar una brecha tan grande entre ese trabajo y el que están por grabar?
Juan: No. Simplemente no era el momento. Hoy en día sí.
Se siente un cambio de actitud, un aire de renovación…
Juan: ¡Totalmente! Antes éramos una banda muy hippie. Demasiado hippie. Podíamos ir a tocar sin haber ensayado en un mes o hacer canciones en vivo que habíamos compuesto el día anterior. Además, había cosas que nos excedían. Como no tenemos alguien que haga prensa, manager ni nada, hacemos todo nosotros y eso lleva al caos. Por suerte ahora contamos con un poco de ayuda y podemos dedicarle más tiempo a la banda. Estamos aprendiendo a manejarnos mejor.
Claramente, ahora están más enfocados. ¿Qué cambió en ustedes?
Juan: Antes también lidiábamos con un laburo. Ahora lo único que hacemos es tocar. Yo entraba a las siete y media de la mañana y salía a las seis de la tarde. Desde ese momento hasta la noche, estaba tocando. Después, pasaba un rato con mi novia y ya me tenía que ir a dormir. Esa rutina me terminó saturando. En su momento, trabajaba junto al baterista de León Chalón, una banda de reggae de Ituzaingó. Un día me dijo: “yo no vengo más a laburar. No puedo concebir que mi vida artística comience a las ocho de la noche, cuando llego a mi casa, mientras desperdicio todo el día haciendo algo que odio”. De repente hice un clic. No podes dejar que algunos factores contaminen tu arte. Cuando ya te está envenenando, hay que cortar. ¡Es tu alma! Hacer música es lo más inocente y sincero que me sale. Por eso hay que mantenerse lo más puro posible.
Imagino que eso también da una nueva perspectiva de lo que es “el éxito”.
Juan: El verdadero éxito es poder hacer esto todos los días. Después, si las cosas se dan y te van a ver cien o mil personas, está buenísimo, pero no voy a dejar de hacerlo porque solo vengan cinco o diez. No nos movemos por esos resultados. Nos gusta tocar, crear y compartir. Esa es la vida que quiero vivir. Sé que es difícil subvencionar el sueño pero tomamos el riesgo, redoblamos la apuesta y haremos todo lo posible para que funcione. En el peor de los casos, ¡viviremos en la sala! Se verá. Ahora estamos haciendo lo que realmente amamos y eso es lo que importa. Nunca mejor dicho: estamos felices.
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Humo del Cairo
Hermosos perdedores
Publicado por Martin Santoro domingo, 12 de diciembre de 2010 3:55 0 comentariosComo referentes de la escena emergente local, Los Peyotes hablan sobre su nuevo disco, de por qué es más fácil tocar en Berlín que en Mar de Plata y cómo se siente que tu novia se acueste con otro.
TEXTO MARTIN SANTORO
Entre aullidos guturales, bailes espasmódicos y ritmos frenéticos, Los Peyotes erigen la bandera del sonido garage anclado en el beat de los 60s. Acaban de sacar “Garage o muerte”, un disco que reafirma la impronta de la banda, con un sonido estridente y una lírica plagada de historias de desamor y reivindicación del marginal y feo. Este trabajo, grabado íntegramente en España, busca retratar con mayor fidelidad aquel contexto donde la banda realmente brilla: el vivo. La voz cavernosa de David Peyote se conjuga con la batería desenfrenada de Pablo Bam Bam, el bajo pulsante de Oscar Hechomierda, la guitarra filosa de Rolando Bruno y el teclado chirriante de Juan Roman Lemons para resultar en un descontrol escénico que contagia indefectiblemente a todas las huestes rockeras.
La banda acaba de volver de su primera gira por Méjico y cuarta consecutiva por Europa, habiendo tocado España, Holanda, Alemania, Italia, Austria y Francia. Allí cosechan una base de público fiel gracias al interés que despierta el género en el continente. Este viernes presentarán el nuevo disco en Niceto Club, además de estrenar vestuario y el videoclip del tema que da nombre al álbum, filmado en una fábrica abandonada de Avellaneda, “con armas, violencia y chicas muy lindas para compensar nuestra fealdad”, según cuenta David.
Llama la atención que una banda sin apoyo de una empresa discográfica ya haya podido llevar adelante su cuarta gira consecutiva en Europa. ¿Cómo se generó la posibilidad de ir para allá?
Rolando: A través de la canción “El humo me hace mal”, que se editó allá en vinilo por el sello Dirty Waters de Inglaterra. Por suerte, fue una especie de hit que se convirtió en un tema de culto gracias a que los DJs lo pasaban mucho. Después tuvimos una invitación del festival Funtastic de Valencia y ahí arrancó todo.
¿Qué es lo que más buscan lograr en los viajes?
David: Hacer dinero (risas). Igual, después gastamos todo en ropa, discos e instrumentos. En realidad está buenísimo conocer países, gente y ver si la escena de Peyotes creció. Todos los años es un misterio.
¿Sienten que el público allá es más receptivo a una propuesta como la suya?
Rolando Bruno: Sí, porque hay una escena, a diferencia de acá. Si bien somos los mismos de siempre, allá está muy dividido: por un lado está la movida surf, por otro la garage y así. Hay muchas más bandas y el público es más específico al género. Acá se mezclan todos con todos porque no hay tantos grupos ni gente.
¿En algún momento pensaron, dada la recepción positiva que tienen allá, hacer más que una gira e instalarse una temporada, por ejemplo?
David: Sí, pero estamos acá, tenemos laburos acá y somos de acá. Además, tal vez si viviéramos allá seríamos una banda más del montón.
Rolando: Acá cuesta ser sixties. Allá es fácil conseguir una ropita, las botitas, los instrumentos. Nosotros hacemos lo que podemos, entonces eso también tiene una nota de color. Nuestra ropa no es tan perfecta como la de ellos y se cagan de risa. Eso también entra dentro nuestro estilo porque nos encanta lo bizarro, como aquellas bandas peruanas de los sesentas que copiaban la estética de las inglesas con camisas de cafetero (risas).
¿Les cuesta volver?
Oscar: A veces es todo un tema venir de un festival lindo en Europa y volver acá para lidiar con los mismos roñosos de siempre, los productores, los managers y gente que tiene la idea de llevarse plata con nosotros. Allá te tratan muy bien; acá no hay tanto respeto.
David: Resulta increíble pero es más fácil tocar en Alemania que en Mar del Plata. En dos días te puedo conseguir un show en Berlín, pero no puedo meter ni uno en la costa. Es algo que no se entiende. En Europa sabemos que hay un piso de 150 personas, entonces vamos tranqui.
¿Cómo viven la movida local?
Rolando: No hay movida. Somos un grupo de bandas que compartimos fechas y escenarios, como con los surf y rockabilly, pero no lo siento como una escena.
David: En el caso del rockabilly creo que sí hay una escena, donde van todas chicas pin-up y los pibes más lookeados. Los de surf también van más con sus camisitas y eso. Nuestro público es onda nada, pero bien. Uno va con una remera de los Cramps, otro de zapatos y alguno como salió de la facultad. No se entiende bien de dónde vienen, pero al momento de tocar, los une la música. Nosotros siempre hablamos de evangelizar con nuestras canciones, pero evidentemente no lo estamos haciendo bien (risas).
Sin duda, uno de los mayores atributos de Peyotes es su show en vivo, siendo una banda súper enérgica arriba del escenario. ¿Les cuesta traducir eso al disco?
David: Es muy difícil. Imaginate que a la hora de grabar la voz, estás encerrado en una caja, más solo que nadie. ¿De dónde sacás la concentración mental para enloquecer?
Rolando: En estos últimos discos tratamos de grabar prácticamente todo en vivo. También buscamos permanentemente un sonido vintage. Por ejemplo, este último disco fue grabado en España, en un estudio completamente analógico, lo cual está buenísimo para nosotros.
Creo que el disco cumple un doble propósito: por un lado representa bien lo que es la banda pero al mismo tiempo invita al oyente a verlos en vivo y así completar la “experiencia Peyotes”.
Oscar: ¡Totalmente! Un show siempre va a ser más power, por las bizarreadas que hacemos. Somos muy cirqueros en ese sentido.
David: ¡Somos unos vende humo! (risas)
Oscar: Lo importante es que siempre pasa algo. Creo que si lo guionásemos, no saldría nada. Todo lo que hacemos es súper espontáneo.
En sus letras siempre reivindican al marginal, al feo, al deforme. ¿Por qué?
David: ¡Tuvimos una vida dura! (risas) Mucho resentimiento (más risas). El género en sí es de perdedores. Hay muchas bandas históricas con un solo hit o ni siquiera eso. Creo que hemos sido maltratados por la vida misma. Por eso es mucho más fácil cantarle al dolor que al amor. Comprometés más emociones. Sale así. No puse “El humo me hace bien”. Puse “mal”, porque está eso de sufrir siempre. Supongo que habrá tenido que ver con los grupos que escuché, que eran muy llorones, medio maricones. Hablo de Los Ángeles Negros, el primer Sandro y demás.
Pero también hay una dosis de violencia en ese resentimiento.
David: Mirá, la letra de “Demoler” de Los Saicos es lo más punk de lo punk. Nosotros tomamos eso porque nos gusta así. Tal vez cantar algo buena onda me haría ruido. Siempre está ese resentimiento del negrito con poder (risas). Además al feo siempre le va mal con las chicas. Es muy difícil ser feo.
¿Te sentís feo?
David: Todos fuimos dejados por chicas en algún momento, por culpa de ellas o de alguien, pero nunca por culpa tuya (risas). ¡No nos hacemos cargo de nada!
Si bien Peyotes lleva más de una década de ruedo, en los últimos años han logrado una continuidad y un reconocimiento muy importante. En este sentido, ¿qué es más difícil: hacerse un nombre o mantenerlo?
David: Sin dudas, mantenerlo.
Rolando: Yo no sé ni si lo hicimos (risas).
Rolando: Hay bandas infladas por la prensa que, después de un año, ya no sabés nada más de ellas. Pasan de estar en todos lados a desaparecer.
David: Es que a los periodistas les encanta andar descubriendo la próxima banda nueva y son esos mismos tipos los que después las bajan. No sé por qué es así, pero es bien adolescente. Al pibe que está saliendo al mundo del rock le gusta descubrir su banda, hacerla propia y cuando se masifica, la deja. Es como que a tu novia se la garchen todos. “No, yo te desvirgué así que sos mía, no da que estés con otros”. Me parece que mantenerse en el tiempo está bueno y por eso banco a gente como Boom Boom Kid, que nunca explotó masivamente pero siempre se mantuvo súper activo y la gente lo acompaña. Yo aspiro a eso: algo que me permita laburar y estar tranquilo. Nosotros vimos pasar muchos grupos que la pegaron un verano y después se quedaron.
¿Se sienten un referente para las bandas garageras que están empezando?
David: Muchas veces vienen chicos que están arrancando y nos preguntan sobre cómo hacer para sacar discos, comprarse instrumentos o irse a Europa a tocar, como si lo supiéramos todo. Siempre les digo que nada es imposible, que no se droguen, que estudien (risas), pero no sé. Si no puedo con mi vida, menos puedo con la de los demás.
*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.RevistaG7.com
Alquimista sonoro
Publicado por Martin Santoro jueves, 2 de diciembre de 2010 23:49 0 comentariosLes Claypool es uno de los bajistas más talentosos del mundo del rock. Al frente de Primus logró llevar su espíritu ecléctico a las masas, cosechando discos de platino y nominaciones a los Grammys en el proceso. Hablamos con él antes del primer show de la banda en el país.
TEXTO MARTIN SANTORO
Claypool tiene una risa fácil y contagiosa que resuena en todo su cuerpo. Habla rápido y da respuestas directas. Además, parece sentir una cómoda incomodidad frente a cualquier entrevistador, posiblemente al tener que asumir a la tarea de explicar lo inexplicable: ¿cómo es que Primus, banda tan bizarra como talentosa, ha logrado cabalgar más de dos décadas sobre el lomo de una industria musical cada vez más conservadora?
Desde su aparición a mediados de los 80s, el grupo desarrolló un sonido que se pasea del funk al punk y de lo experimental al metal con total soltura. En la década siguiente, con un nuevo público, ávido de abrazar al creciente rock alternativo, lograron posicionarse como mucho más que una banda de culto. A través álbumes como “Sailing The Seas Of Cheese”, “Tales From The Punchbowl” y “Antipop” llegaron los discos de platino y las nominaciones a los Grammys.
El 2000 los encontró declarando una “pausa perpetua” para el conjunto. Allí, Claypool se avocó a continuar con trabajos de estudio y proyectos personales. Colaboró con figuras de la talla de Tom Waits y Adrian Belew, además de formar diversas bandas como Holy Mackerel, Colonel Les Claypool’s Fearless Flying Frog Brigade, Colonel Claypool’s Bucket of Bernie Brains y Oysterhead, el afamado trío que contaba con Stewart Copeland (baterista de The Police) y Trey Anastasio (guitarrista de Phish).
Una década después de su último disco de estudio, Primus vuelve al ruedo con la voz y el bajo de Claypool al frente, secundado por el guitarrista Larry LaLonde y Lay Lane, baterista original de la banda. Revitalizados y con ansias de escapar al circuito de la nostalgia, Les vuelve a enarbolar la bandera de su primer amor y redobla la apuesta con la Oddity Faire Tour y nuevo disco en las gateras.
Después de tantos años de separación, ¿qué los llevó a reunirse?
En realidad yo no quería hacerlo (risas).
¿En serio?
Sí, absolutamente. Sentía que Primus se había convertido algo de nostalgia. He estado en muchas otras bandas y además tengo mi carrera solista, por lo que no estaba interesado en revivirla. Hablé con Larry LaLonde y él realmente quería hacerlo. Para mí, resultaba evidente que algo tenía que cambiar para que vuelva a ser estimulante otra vez. Tim Alexander se fue de la banda y Jay Lane, quien fue nuestro baterista hace muchos años, volvió a la formación. Eso lo hizo mucho más excitante a la hora de salir a tocar y meternos en el estudio a grabar.
¿Tomás esto como un nuevo comienzo o como la continuación de lo que venían haciendo?
Podría decir que es una nueva continuación (risas), ¿qué te parece eso?
Es un buen punto medio. En ese sentido, ¿sentís el peso de tener que “preservar el legado” o hacés de lado la solemnidad y simplemente dejás que las cosas fluyan?
Realmente no pienso en eso. O por lo menos trato. Para mí, lo más importante a la hora de hacer Primus es que tiene que ser fresco, excitante y disfrutable. Hicimos unos shows en el 2003 y 2006, lo cual fue muy divertido las primeras tres semanas. Después realmente quería irme a tocar con mi banda. No me gusta retroceder; siempre quiero avanzar y hacer cosas nuevas. En lo financiero, es mucho más lucrativo seguir con lo viejo y mantener la “marca”, pero me vuelve loco. Entonces, para regresar ahora, si bien hay cierto elemento de nostalgia al tocar las canciones viejas, la clave es que nos movamos hacia adelante. Justamente por eso estamos grabando un disco nuevo: para mantenernos frescos.
¿Tienen algo grabado o van a comenzar cuando termine la gira?
Ya estamos trabajando en el estudio. Lo dejamos en pausa para hacer estos shows.
¿Aporta algo venir a tocar cuando todavía están grabando un disco o, francamente, es una distracción?
Es una distracción, sin duda (risas).
Imagino que debe romper un poco el clima y la concentración.
Sí, pero es lo que es. Dentro de todo, nos da una oportunidad de tomar un poco de distancia y escuchar lo que ya tenemos hecho para ver cómo está saliendo.
¿Son de probar las nuevas canciones en vivo para tantear el feedback de la gente o prefieren estrenarlas una vez que esté el disco?
En esta oportunidad no vamos a tocar nuevas canciones enteras. Tal vez partes o fragmentos por acá y allá. De todos modos, aún no lo sé, todavía no escribí la lista de temas. Es diferente cada noche, dependiendo de cómo nos sentimos.
¿Cómo armás la lista de temas para un lugar en el que nunca se presentaron en vivo? ¿Tomás eso en consideración o lo ves como un show más?
Ya nos enteraremos (risas). Siempre depende de cómo estemos ese día. No sentimos obligación alguna de tocar los “hits”. La lista depende más de cómo se ve la audiencia, cómo es el lugar, como nos sentimos, si estamos contentos, tristes, drogados, borrachos (risas)…
De todos modos, si estuviesen en Los Angeles, por ejemplo, donde tocaron cientos de veces, pueden hacer excentricidades como tocar un disco entero de principio a fin. En cambio, al estar ante una audiencia nueva, tal vez optan por algo más representativo de todo su catálogo.
No creo que toquemos un álbum entero o algo así. Solemos hacer ese tipo de locuras cuando tenemos muchas fechas en un mismo lugar, para mantener las cosas interesantes y que cada noche sea distinta. Acá en Buenos Aires supongo que tocaremos una lista variada. Ahora que Jay está en la banda, estamos tocando canciones que nunca hicimos en vivo.
¿Sienten que están redescubriendo parte de su catálogo?
¡Sí, definitivamente!
¿Tienen algún método a la hora de componer? ¿Las canciones nacen de un trabajo premeditado o desde la improvisación?
Creo que cada vez es diferente. Si bien suelen ser canciones que yo traigo, también animo a Larry para que aporte material. A su vez, Jay trae ritmos para que nosotros construyamos encima. Me encanta eso porque hay más de donde agarrar y hace que toque mi instrumento de forma diferente porque me estoy acoplando a la idea de otro. Tratamos de mantener todo lo más espontáneo posible. En todos los años que vengo haciendo música, mis canciones favoritas, las que siguen apareciendo en todas las listas de temas, son las que nacieron naturalmente. Cuando lo forzás o tratás de hacer algo para cierto público o porque te lo pidió la discográfica, se siente artificial.
¿Cómo te mantenés creativo en tantos frentes?
Cada experiencia trae un elemento distinto. Cuando toco con Stewart Copeland lo hago de una manera muy distinta a cuando todo con Tom Waits, por ejemplo. Así es como salen cosas diferentes. Es como tener una cacerola con un montón de ingredientes. ¡No vas a tomarlos todos y hacer siempre la misma sopa! Con cada uno se te van a ocurrir cosas distintas.
¿Cómo hacés para decidir qué idea llevas a cada banda?
Me pregunto con la sensibilida de quién funcionaría mejor y lo llevo ahí. A veces se me ocurren temas con los que no quisiera torturar a mis compañeros de Primus. Ahí entra mi proyecto solista, donde me libero de cualquier tipo de culpa (risas).
¿En algun momento pensaste en armar una especie de “super banda” que cubra todas tus necesidades e inquietudes musicales?
No. Para mí Primus es Primus, una colección de tres tipos y reflejamos lo que es. Oysterhead son otros tres tipos y reflejamos lo que eso es. Mis cosas solistas pueden ser todo lo que quiera que sean. Supongo que es como hacer un film y usar diferentes actores cada vez que hacés una película. Primus y Oysterhead son como Seinfeld y The Office: siempre usas a las mismas personas para los mismos roles.
Considerando lo extensa que es tu carrera y la cantidad de experiencias musicales que has tenido, ¿sos de sentarte a hacer balances? ¿Hay algo que hubieras hecho de otra manera?
Creo que, en la vida en general, uno siempre suele ver para atrás y piensa en cambiar algo. De todos modos, ¡siento que lo he hecho bastante bien! Es importante cometer errores, porque algunos de ellos crecen y se convierten en pequeñas joyas en si mismos. Hay cosas que, al grabar, llamo “errores gloriosos”. Cuando los cometés te hacen ruido pero después, al escucharlos, te enamorás de ellos. A veces vuelvo a canciones viejas y pienso en lo juveniles e idealistas que sonaban, pero me encantan. Es como tu corte de pelo del secundario: si te ves, decís “¿en qué carajo estaba pensando?”, pero después te vuelve a gustar. Es inevitable cometer errores, así como lo es querer corregirlos, pero prefiero equivocarme. La perfección es aburrida.
¿Qué es el éxito para vos, entonces?
Como artista, la parte favorita de mi “éxito” ha sido la libertad por la que siempre luché y fui cabezadura. Una de las cosas que más me alegra también es la gente, especialmente mis héroes, con la que pude tocar. Tengo amigos en bandas súper exitosas, donde han creado una “marca”, pero no hacen nada afuera de eso porque es mal negocio. A mí, eso me volvería completamente loco. Primus representaría muchas más ganancias económicas si sólo nos dedicáramos a esto, pero yo realmente enloquecería. Afortunadamente puedo decir que toqué con Tom Waits, Stewart Copeland, Bernie Worrell y miles de personas más. Eso, para mí, es lo que más me enorgullece al final de día. Es lo que me llevaré a la tumba: que pude tocar con todos esos tipos. Sin duda alguna, eso es lo más excitante para mí.
*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.RevistaG7.com
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Les Claypool,
Primus
Calientan los motores
Publicado por Martin Santoro martes, 26 de octubre de 2010 20:24 0 comentariosCon la estridencia rockera y el efervescente groove del rockabilly, Motorama se alza como una de las propuestas más excitantes de la escena emergente local. El año pasado presentaron “Crisis”, su debut discográfico y acaban de editar “Ballgag”, su flamante EP.
TEXTO MARTIN SANTORO
FOTO ZENZORIA
A pesar de tener una clara influencia del rockabilly, Motorama se erige como una banda de rock apta todo público que elude los clásicos clichés del género: no hay uniformes, personajes, espíritu de revival ni pose. En escena, el contrabajo hiperactivo de Nico Valle se fusiona con la pulsante batería de Luciano Esain para generar una base hipnótica, tan compacta como suelta, sobre la que Sam dispara acordes filosos y letras calientes. Así, el trío resulta una máquina de estribillos pegadizos y ritmos contagiosos que invitan a bailar hasta que salga el sol.
Esa impronta vital se traduce también en su trabajo de estudio. En 2009 editaron “Crisis”, un excelente disco debut, con la producción de Manza Esaín y la participación de figuras como Campino de Die Toten Hosen y Hugo Lobo de Dancing Mood. Allí despliegan una paleta sonora que va desde el espíritu festivo bailable de “Mirando al cielo” o “Chicas finas”, hasta los pasajes lúgubres del psychobilly, con canciones como “Venganza” o “Luz mala”.
Impulsados por la inercia de constantes shows en Capital, el conurbano y giras por Brasil, la banda acaba de lanzar “Ball Gag”, un nuevo EP que obra como de caldo de cultivo para el rock, el country, el rockabilly y el pop. El trabajo presenta nuevas canciones, versiones en vivo, outtakes de las sesiones de su disco anterior y covers con sello propio. “En todos los discos que grabé en mi vida, siempre sentí que faltó o sobró algo. Con Motorama es la primera vez que sigo escuchando los dos trabajos y no retocaría nada”, define Sam.
Los discos no sólo logran retratar fielmente la energía cruda del vivo sino que se potencian a través de arreglos que, según los propios músicos, elevan las canciones a su mejor versión posible. “Los arreglos son desgloses de lo que ya estamos haciendo. Se trata de cosas naturales, que uno escucha aunque no lo esté tocando nadie”, explica Esain. Sam, por su parte, agrega: “Son condimentos del disco que hacen que sea divertido y que puedas descubrir algo nuevo con cada escucha”.
¿Cómo hacen para mantener una misma identidad y, al mismo tiempo, lograr un lenguaje propio tanto en vivo como en estudio?
LULO: Para nosotros no son dos mundos separados. Cuando grabamos, las bases son tocadas en vivo, todos juntos. Después se agregan cosas para reforzar esas intensidades que uno genera cuando está tocando en el escenario, porque en tu casa no ves a la banda, la cara del guitarrista al hacer un solo, al contrabajista cuando se trepa a una mesa y demás locuras propias de un show.
SAM: Cuando uno está muy seguro de lo que hace en vivo, no le agarra culpa al plantear algo distinto en el disco. La gente que escuche el CD y después te vaya a ver no va a decir ‘estos son unos mentirosos’. Aunque el vivo y el disco puedan tener sus diferencias, no va a importar porque cada uno vale y está bueno a su manera. De todos modos, si nosotros fuésemos tipos con guita, invitaríamos a un trompetista y a un tecladista para que vengan a tocar unos temas. Sería un gusto que quisiéramos darnos cada tanto.
¿Con qué criterio eligieron los covers que grabaron? Si bien “Do anything you wanna do” de Eddie & The Hot Rods y “You shook me all night long” de AC/DC son canciones más cercanas a su estilo, llama la atención que reversionen una como “No surprises” de Radiohead.
SAM: Hay temas que me gustan mucho y generan una gran intriga por saber cómo saldrían si yo me pongo a tocarlos. Creo que es un desafío buenísimo.
NICO: En el caso puntual de “No surprises”, está en el disco porque queríamos incluir una versión de un tema no tan viejo. No queríamos que fuera de los setentas u ochentas, sino acercarnos y tomar algo más contemporáneo. Más allá de que no se grabaron, también hicimos canciones de Blur, Pulp y un montón de bandas más de esa movida que también nos gustan.
SAM: Por eso lo podemos plasmar de una forma copada: no es una canción que hacemos “en chiste”, sino algo que realmente nos encanta.
Sacar dos discos en dos años, cuando el grupo tiene tres de vida, es un gran mérito para una banda joven como ustedes en los tiempos que corren. ¿Cómo ven la industria musical acá, donde las discográficas no apuesta por algo nuevo?
LULO: Es loco pensar que en Argentina prácticamente no hay bandas exitosas de rock de gente joven. En Inglaterra, pibes de dieciocho años como los Artic Monkeys hacen tres shows y la industria se da cuenta que tienen pasta e invierten en ellos para que crezcan. Acá te dicen ‘pero sólo están tocando hace tres años’. Flaco, ¿cuánto más querés que toque? ¿Quince? Eso te quema y hay gente que se queda en el camino.
SAM: Las bandas grandes de acá, como Babasónicos, están hace veinte años y recién hace seis o siete que viven bien de esto.
Entonces, ¿gana el que persevera?
SAM: Yo creo que sí.
LULO: Gana el que persevera y realmente tiene algo que decir.
SONIDO PROPIO
La banda nació en 2006 de la mano de Nicolás y Sam, luego de la separación de Historia del Crimen, uno de los referentes del rockabilly local. Tras una breve formación de cuarteto, el trío se consolidó con la incorporación de Luciano en la batería. Su estilo, que oficia de puente entre Slim Jim Phantom y Keith Moon, terminó de fortificar un sonido que escucha el pasado pero mira hacia adelante. Con Sam cumpliendo la doble tarea de guitarrista y cantante, todas las piezas se alinearon.
Cuando te hiciste cargo de la voz, ¿sentís que te descubriste o te hiciste cantante?
SAM: Nunca me hice ni me descubrí (risas). No me considero cantante, yo soy guitarrista. De todos modos, admito que funcionó mucho mejor de lo que pensábamos.
Tu voz es una parte clave del sonido de la banda.
SAM: Es verdad que no tengo la voz típica del género y, al final, eso terminó dándole un sonido particular. Lo mismo pasa con Lulo: no es un bateista “vintage”, sino que es mucho más rockero. Cada puntito de esos hace a la personalidad única del grupo.
LULO: Lo primero que hice cuando me llamaron fue aclararles que no era un baterista de rockabilly y ellos me dijeron que no buscaban eso, así que encajó perfecto.
NICO: Justamente, le propusimos ser el baterista de Motorama porque no queríamos nada que suene a los 50s, 60s ni al tunel del tiempo, donde todos tienen camisas iguales y hacen como que son de otro país siendo argentinos. No tengo problema con la gente que lo hace, pero no es lo mío.
En ese sentido, ¿se sienten parte de una escena o se ven más como una isla?
SAM: No me siento parte de una escena porque no creo que exista tal cosa acá. No veo público que siga bandas under. Me parece que la gente va a “eventos”, que pueden ser en un boliche o en una casa, pero no hay una “movida” como supo haber en una época, con un circuito de locales de rock donde sabías que siempre te ibas a encontrar con algo e iba a estar la misma gente que frecuentaba el lugar. Eso es una escena. Hoy, la gente va a ver bandas si está lindo el día. Si no, se quedan jugando a la Playstation.
NICO: Es cierto que nosotros no estamos integrados, pero a esta altura me importa tres pitos. Además, como Motorama no refleja algo muy purista, no podemos pertenecer a una escena o “tribu”, donde todo parece estar pensado y estudiado al detalle. Hacemos música para todo el mundo, con jopo o sin jopo. Igualmente, la estética rockabilly está de moda desde hace dos o tres años, pero es pura imagen. No hay muchos que realmente vaya a los shows.
¿Te molesta eso?
NICO: Me da lástima. En la escena, hay gente que si no se arma un show con todas bandas rockabilly, todas surf o todas garage, no va. Por ejemplo, un grupo como Norma no podría tocar en un contexto así, pero con nosotros sí. Si en Niceto toca una banda de rockabilly con otra como Valle de Muñecas, ¡los “jopos” no irían! ¡Ni en pedo! Ellos quieren que sean todos iguales. Es medio sectario… y nosotros nos cagamos en eso.
SAM: Un buen resumen de lo que pasa es ir a la Bond Street. ¿Qué hay más: negocios de ropa o de discos? La gente se quiere vestir, no quiere escuchar música. Esa es la realidad del rock hoy.
Por suerte, como bien dicen, cuentan con un público heterogéneo que no busca en ustedes una sensación de pertenencia, cual tribu urbana.
SAM: Es muy grato encontrarte con gente que va por el contenido y no la forma. Eso te da una satisfacción increíble, porque esa diversidad también está en uno: estamos toda la vida construyendo un montón de cosas y nos vamos quedando con las que más nos gustan. Después agarramos y las volcamos todas juntas cuando hacemos una canción de Motorama.
*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.RevistaG7.com
Jarvis...
Publicado por Martin Santoro sábado, 2 de octubre de 2010 5:52 0 comentariosViajeros sonoros
Publicado por Martin Santoro miércoles, 15 de septiembre de 2010 19:03 0 comentariosBrian Storming acaba de editar su tercer trabajo discográfico, “The illustrated guide to Fantasie”, donde continúa con una propuesta tan atípica como hipnótica. RevistaG7.com habó con ellos antes de su presentación oficial en La Trastienda.
TEXTO MARTIN SANTORO
“The illustrated guide to Fantasie”, el flamante disco de esta “banda con alma de orquesta”, presenta un viaje hacia el núcleo de un grupo que busca crear un universo propio a partir de sonidos tan etéreos como punzantes, tan experimentales como fríamente calculados. Entre postales oníricas, gabinetes espaciales y bandas de sonido de películas fantásticas, navega este barco de doce tripulantes, capitaneado por el inquieto Duncan Toth.
El proceso de grabación terminó hace aproximadamente dos años pero el material recién está saliendo ahora. ¿Por qué tardaron tanto en sacarlo?
Duncan Toth: Tomamos la decisión de esperar a que las condiciones sean las adecuadas.
Durante estos dos años nos reunimos con varios sellos hasta encontrar una propuesta que realmente nos cierre. Teníamos una idea bastante clara de lo que el disco requería como plataforma y como respaldo y nos tomo un tiempo encontrar alguien que respetase estas necesidades.
En cuanto al proceso compositivo, ¿se nutren de la improvisación o prefieren construir conscientemente a partir de melodías y arreglos puntuales? ¿Tienen alguna metodología puntual?
Duncan Toth: Casualmente uno de los atractivos de Brian Storming es que cada tema tuvo un proceso distinto. Hay varios compuestos a partir del piano, otros de una melodía de voz, guitarra o loops. Tal vez el denominador común entre ellos sea que todos se desarrollan sobre sesiones de Pro Tools [NdR: programa de grabación digital multipista] en donde van tomando distintas direcciones, algunas veces transformándose hasta llegar a otra cosa. Este disco se trabajó a partir de partituras y arreglos que se gestaron al mismo tiempo que las composiciones. En ese sentido, las orquestaciones conforman una parte esencial.
Si bien llama la atención que tengan una lírica en inglés, encaja perfectamente con la propuesta musical. ¿Usar este idioma resulta de una decisión estética, una búsqueda de proyección global o simplemente les sale naturalmente así?
Duncan Toth: Es una decisión estética y conceptual. Tiene que ver con las influencias literarias que hay en el imaginario de Brian Storming – como Poe, Sir Arthur Conan Doyle, Lewis Carrol – y con esta atmosfera de Londres del 1900 que se intenta recrear.
¿Cómo hacen para traducir al vivo todos los matices, capas de sonidos e instrumentaciones que logran de una forma tan pulida en el disco? ¿Sienten que, en alguna medida, es una propuesta difícil de ejecutar a la perfección sobre el escenario?
Andrés Ravioli: Nos gusta ese proceso. Trabajamos meticulosamente durante la producción del disco en estudio y durante la mezcla, y cuando llega el momento de ensayar los temas y presentarlos en vivo es un lindo desafío. Actualmente somos doce músicos tocando en vivo con variadas tímbricas: vientos, cuerdas, instrumentos electroacústicos y voces. A eso le sumamos secuencias sonoras y visuales en pistas. Con todo esto el disco toma vida en escena.
¿En algún momento les preocupó hacer un proyecto tan ambicioso que el público pueda no terminar de entender o asimilar por completo?
Andrés Ravioli: Creemos que no hay que subestimar al consumidor. Hacemos discos porque tenemos la convicción de que es lo que una banda debe hacer, pero también porque sabemos que a mucha gente le va a interesar nuestra propuesta.
Aun así, la suya es casi única acá. ¿Sienten afinidad con una movida u otras bandas locales o, por el contrario, se ven más como una isla dentro de la escena?
Andrés Ravioli: Brian Storming es un proyecto autosuficiente, porque tiene su propio imaginario y su propia estética. Además, tenemos colaboradores que admiramos como los chicos del grupo de música contemporánea Suden, Juan Ravioli, Ale Carrau de Defórmica o Rodra Guerra. También nos gusta mucho el disco de Ezequiel Cutaia, otro amigo de la banda.
¿Cómo se preparan para la presentación del disco este fin de semana?
Andrés Ravioli: Nuestro plan inmediato es terminar de ensamblar ensayos con los músicos nuevos que van a participar del show.
Sepia: Asimismo, esta semana lanzamos el video clip del primer corte del disco: “The Rabbit”. Es una pieza que inicia una serie de clips que darán pistas para llegar a “Fantasie”.
¿Qué hay en el horizonte de la banda?
Duncan Toth: En breve vamos a empezar a grabar un nuevo disco. Ya hay alrededor de doce composiciones nuevas y estoy terminando de escribir sus respectivas letras. Después de esto, queremos avocarnos completamente a la grabación de Peter Pan, una suerte de opera rock de la novela de J.M.Barrie, la cual venimos postergando desde hace unos años. La idea es simple: seguir grabando discos por mucho tiempo.
*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.RevistaG7.com
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Brian Storming
Rescate emocional
Publicado por Martin Santoro domingo, 5 de septiembre de 2010 11:29 0 comentariosLas Pelotas se erige como un grupo de sobrevivientes. Están a punto de tocar en el Luna Park para presentar su último trabajo, “Despierta”, gestado en medio de la tormenta que se generó con la partida y posterior muerte de Alejandro Sokol. Hablamos con Germán Daffunchio para saber cómo se hace para renacer con cada canción.
TEXTO MARTIN SANTORO
El nuevo disco parece conjugar muchas emociones casi contrapuestas, que van de la felicidad a la tristeza, de la esperanza a la frustración. ¿Qué te inspiró a la hora de componer?
Las historias de la vida. En “Despierta”, estaban pasando muchas cosas de peso, especialmente la partida de Alejandro y su posterior muerte. A medida que pasan los discos uno ve lo que hicimos antes para mejorar en el próximo. En este caso, nos propusimos llegar al estudio con los sentimientos a flor de piel. Para eso trabajamos muchísimo en la etapa de preproducción. La emoción no es una nota; es una cosa muy rara que se relaciona directamente con la libertad y cómo te sentís cuando estás interpretando. Todo ese contenido es reflejo de la herida y los sentimientos que uno tiene a través del tiempo.
En ese sentido, en las canciones parece estar latente la idea de “volver a creer”…
Cuando escribo no pienso en el mensaje que tengo que dar. Tengo la certeza que las cosas que me torturan o las que me hacen feliz y elevan el alma son comunes a mucha gente. Esa es la premisa. La esperanza tiene que ver con uno mismo y la sincera autoevaluación: admitir las veces que uno se ha equivocado y aceptar cuando uno quiere que las cosas sean de una manera y se dan de otra.
Antes contabas que el disco había llevado mucho trabajo de preproducción. Eso también se nota mucho en el sonido y en lo ajustado que suena todo. Cuando se suben al escenario, ¿buscan lograr eso mismo o ven al estudio y al vivo como dos terrenos distintos?
Creo que son dos cosas completamente distintas. Tenemos una pasión enorme por laburar en nuestro estudio propio e ir evolucionando, porque es como una escuela. En Argentina nadie te enseñe lo que es grabar. Hay mucho que tiene que ver con la psicología, con el trabajo grupal y con intercambiar ideas. Nosotros trabajamos así. No hay un líder que dice “esto es así y vos tocá esto”. En todo caso, cuando algo no cierra lo decimos y seguimos buscando. Nosotros vemos los temas como si fueran cuadros con una personalidad propia. Apuntamos a lograr eso y no a que cada músico se esté luciendo todo el tiempo.
¿Después de tantos años de carrera y de experiencias tan intensas, cuál es el motor que los sigue impulsando?
Creo que lo que más nos ayuda es todos los años que llevamos de lucha en las buenas y en las malas, con la misma pasión. Esas son las cosas que te hacen sobrevivir. Por suerte seguimos haciendo temas y nos seguimos emocionando. Yo siempre les digo a las bandas más jóvenes que hacer música no es lograr un hit. Ser músico es hacer miles de temas a lo largo de tu vida. El hit no significa nada. ¿Cuántos grupos conocés que la pegaron con una canción y después desaparecieron? No se sostiene, porque el público verdadero es el que hacés desde que arrancás en la D, tocando en los pubs y las cuchas, y es consecuente con lo que sos.
Ahora que ya pasó un tiempo desde la edición del disco, ¿qué sentís cuando lo escuchás? ¿Lo seguís disfrutando como el primer día o ya encontraste cosas que querrías cambiar?
Para ser completamente honesto, el disco lo escucho casi todos los días por lo que me transmite. Hay muchas cosas de nuestras vidas que están vivas en esos temas y para mí es como una terapia. Igualmente, te aclaro que escucho cualquier disco de las pelotas y me siento orgulloso. Nunca hice un tema que no quise.
El sonido de las pelotas puede pasar del reggae a una balada o un rock estridente. ¿Cómo hacen para conjugar los géneros y que, al mismo tiempo, mantenga una identidad?
Eso es un grupo. Tuve un gran maestro que fue Luca. Él era como una enciclopedia del rock inglés y siempre me decía, mucho antes que armáramos Sumo, que desde los Beatles hasta Yes habían arrancado en un pub y crecieron tocando. Eso es la consigna de nuestra vida: el laburo constante y la certeza de saber que la gente responde a eso. En lo musical, Las Pelotas tiene un espíritu que no lo puedo explicar pero está ahí. Tengo temas para hacer un disco solista pero son canciones que no serían para la banda. Y si no entran, no los ponemos. Es importantísimo tener personalidad. Además, siempre prevalece la música y no los egos de los músicos.
¿Por qué considerás que se da tanto esa competencia, incluso entre miembros de la misma banda?
Porque ese es el mensaje de nuestra sociedad. El ser el número uno, ver quien la tiene más grande, quién es el más virtuoso, el que salta más alto. En la música lo que verdaderamente importa es emocionar, no que demuestres que podés tocar mil notas en un segundo. Tocá lo justo, lo que te pide la canción.
Actualmente estás en una etapa donde te hacés cargo casi por completo de la tarea vocal, cuando antes compartías ese peso. ¿Cómo te sentís en el rol de frontman?
Tanto Luca como Alejandro fueron escuelas muy fuertes en mi vida. Además, uno tiene que enfrentar lo que le toca. Yo canto desde el segundo disco, pero bueno, siempre estaba Ale adelante. Por suerte me siento muy apoyado por mis compañeros, amo cantar y cada vez lo disfruto más. Después, si no me sale bailar, no bailo. No puedo ser algo que no soy, por que me sentiría mal conmigo mismo. Busco interpretar los temas con el corazón lo más abierto posible.
¿Un show como el de este sábado en el Luna Park representa algo especial para ustedes o lo toman como una fecha más?
Hay toda una historia con el Luna que no es real. Se trata del único lugar en Capital que puede albergar ese número de gente y donde se cumplen las normativas que pide la ciudad. Para nosotros simplemente significa poder encontrarnos con nuestra gente en gran escala después de tanto tiempo. Venimos de dar shows en lugares pequeños y acá tenemos la posibilidad de hacer una apuesta escenográfica, un show más largo y juntarnos con toda esa gente que, porque es el Luna Park, va a ir
¿Disfrutan de igual manera los shows en lugares tan grandes que algo más íntimo?
Son distintos desafíos. Amo tocar en lugares chicos por la comunión que se da con la gente. De todos modos, tocamos con los Stones, con AC/DC y hemos hecho estadios, así que ya estamos acostumbrados y no nos asusta. Nos sentimos cómodos haciendo música, ya sea para cinco personas o para diez mil. A mi me gusta la ida y vuelta emocional con la gente. Me gusta sentir que estamos viviendo otra realidad y salir de ahí con la satisfacción de haber compartido algo hermoso.
¿Qué es el éxito para vos?
Es estar vivo cada mañana, hacer lo que nos gusta y vivir de eso. Por sobre todas las cosa, el éxito es aprender a vivir, porque lo más fácil en este mundo es irse.
*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.RevistaG7.com
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Las Pelotas
En erupción
Publicado por Martin Santoro jueves, 2 de septiembre de 2010 12:52 0 comentariosCon la presentación de su flamante disco, “Un volcán”, el trío formado por Jorge Araujo (ex Divididos), Tito Fargo (ex Patricio Rey y sus Redonditos de ricota) y Gustavo Jamardo (ex Porco) insiste en poner la música por sobre todas las cosas. “La industria y el arte no son compatibles”, dicen.
TEXTO MARTIN SANTORO
“Una vez un amigo me dijo que nosotros hacemos música intelectual. Yo le respondí: ‘tal vez tenés razón… o tal vez sos un adoquín’”, cuenta Gustavo Jamardo (bajo) mientras sus compañeros de banda, Tito Fargo (guitarra) y Jorge Araujo (batería), sueltan un torrente de carcajadas. Desde su formación en 2004, Gran Martell condensa una impronta rockera a través de un caldo valvular que combina riffs rabiosos y ritmos antojadizos que ganan intensidad con cada cambio de paso mientras esquivan los lugares comunes del género. “Buscamos destruir el típico formato de trío. Es una actitud que nos seduce y permite sacarle mucho jugo a la banda”, explica Fargo.
Con dos discos en su haber, acaban de editar “Un volcán” bajo una impronta más electroacústica, donde merma la estridencia pero no la intensidad. Con la coproducción de César Silva, afloran arreglos de cuerdas y pianos para sumar matices la propuesta del trío. Hacia fin de año saldrá su sucesor, también titulado “Un volcán”. Para evitar confusión, aclaran que esta contraparte se focalizará expresamente en un sonido más electrificado y macizo de Gran Martell. Será, de algún modo, la otra cara de esta moneda. Sin embargo, como explica Araujo: “Cada parte es una obra en sí misma que no necesita de la otra mitad para completarse”. El baterista agrega: “Nos gusta escapar del rol que nosotros mismos nos generamos en cada grabación. Esta banda es muchas cosas al mismo tiempo”.
No resulta habitual que un grupo edite dos discos en tan pocos meses, pero eso no les preocupa. “No sería honesto esperar un año para sacar toda la música que venimos haciendo solo porque los tiempos que marca la industria son diferentes”, comenta Araujo. Fargo dispata: “La industria y el arte no son compatibles. Sin embargo, uno necesita meterse en ese ruedo para sustentar algo que va más allá de lo espiritual y lo creativo. Hay que tocar, grabar y hacer cosas que requieren estructuras”.
Es evidente que el grupo está acostumbrado a hacer todo a su manera. Gran Martell no tiene un líder o frontman: es un autentico tridente. Fargo trabaja como un artesano de la guitarra, construyendo capas de sonido que cabalgan sobre el pulsante bajo de Jamardo, retroalimentando el crisol rítmico de Araujo. El grupo aprovecha todo ese talento para explotar aristas musicales que no apuntan a demostrar virtuosismo, sino saciar una inquietud sincera. “Cuando un tipo se creyó Gardel, se terminó el artista. Uno siempre tiene que sentirse un poco disconforme”, opina Jamardo.
La necesidad de indagar constantemente en nuevos caminos llevó a Gran Martell a forjar un estilo que, para muchos, es incompatible con el mainstream musical. “La gente que nos viene a ver está buscando siempre algo nuevo. Son personas de gran apertura mental que disfrutan del mismo modo con un tipo que canta acompañado por un violín y con un trío de rock que aplasta. No es fácil encontrar gente así”, señala Araujo. “De todos modos, siento que Gran Martell es un grupo de música popular. Que no me vengan con eso de ‘música para músicos’”.
En seis años de trabajo, la banda ha desarrollado una identidad única, cimentada en la música y en los vínculos humanos. Jamardo es categórico: “Ninguna química se genera en el ruedo. Si no hay un vínculo especial desde el inicio, se puede insistir durante un tiempo pero todo terminará en el fracaso. La conexión entre nosotros fue inmediata. Por eso somos una banda. Si no, no lo hubiéramos hecho. No lo hubiese permitido”. Araujo sonríe y remata: “Si vos nos preguntás qué es lo que pretendemos de esto, la respuesta es simple: la música está antes que todo, siempre”.
*Esta nota salió publicada en la edición de septiembre 2010 de la revista G7
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Gran Martell
La casa del Jazz
Publicado por Martin Santoro miércoles, 1 de septiembre de 2010 19:51 0 comentariosEn la última década, Thelonious se convirtió en uno de los puntos cardinales de la escena porteña de jazz. Siguiendo la tradición de los clásicos reductos neoyorquinos, los hermanos Lucas y Ezequiel Cutaia abrieron un espacio donde convive el pasado, presente y futuro de un estilo tan clásico como inquieto.
TEXTO MARTIN SANTORO
¿Cómo nació la idea de abrir un club a presentar jazz en vivo prácticamente todos los días? ¿La impronta de los clásicos clubes de Nueva York, fue algo que buscaron concientemente?
La idea surgió de un viaje que hicimos a NYC en 1998, del que volvimos con mucha energía y ganas de abrir un club que funcionara todos los días en los mismos horarios, con jazz en vivo o alguna propuesta interesante para escuchar. Esa influencia fue una búsqueda conciente e improvisada. Para hacer algo relacionado al jazz, siempre hay que improvisar un poco, especialmente en Buenos Aires. En cuanto a sonido, bucamos algo más acústico y casi sin amplificación, para que se escuchen los instrumentos con su sonido original y en una atmósfera adecuada.
Thelonious se ha convertido en un lugar con identidad propia, donde la gente sabe siempre va a encontrar una propuesta que mantiene un parámetro de calidad. Es como si el lugar generase un interés por sí mismo. ¿A qué lo atribuyen?
Por suerte es así. Siempre programamos cosas que nos resultan interesantes. Nunca cedimos en eso. Además, el paso de 10 años manteniendo una línea ayudo mucho a que la gente confié a la hora de elegir ir a escuchar música a Thelonious.
¿Con qué criterio eligen a las bandas o músicos que se presentan?
Hay músicos que, de alguna manera, están siempre y alrededor de ellos vamos armando la rueda. El criterio esta en el buen gusto, la presentación de nuevos discos, la búsqueda de un buen sonido y mostrar cosas diferentes. Después esta el trabajo de los músicos, que es lo más importante: generar la magia y punto. Eso rompe la monotonía y siempre resulta interesante para un buen espectador.
¿Cuáles son los principales cambios que notaron en la escena, tanto de las bandas como del público, en estos 10 años?
El cambio en el público fue claro: pasamos de tener noches muy solitarias a otras desbordadas de gente. Eso fue importante, ahora hay que encontrar la armonía entre el silencio original y el club lleno. En cuanto a las bandas, vimos el crecimiento de toda una generación de músicos muy talentosos dentro del jazz y una nueva que se esta por venir.
¿Cuál sienten que es el rol del club en la escena porteña del jazz?
El club es un pequeño eslabón en la comunicación entre los músicos y la gente; un espacio donde la música llega a un destino
¿Consideran que hay un creciente interés, tal vez más popular, por el jazz? ¿Es resultado del “adiestramiento” del oído del público o de una mayor exposición y ofertas interesantes?
No creemos que haya mayor interés. Eso siempre estuvo. El tema es la comunicaron, donde la gente se entere que suceden otras cosas. Eso lleva tiempo.
Habiendo cumplido su primera década, ¿qué planes tienen para la próxima?
No hay plan: ¡vamos a seguir improvisando!
*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.RevistaG7.com
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Estados alterados
Publicado por Martin Santoro miércoles, 11 de agosto de 2010 3:01 0 comentariosDesde su formación en 2005, Sutottos se ha convertido en una de las propuestas teatrales más interesantes en la comedia porteña. Tras el gran éxito de “Sujeto tácito”, el dúo compuesto por Andrés Caminos y Gadiel Sztrikahora presentan “Colapso”, su nueva obra que conjuga un humor tan estridente como pensante. Allí buscan retratar la irritación, impaciencia y tedio cotidiano que azota al sistema nervioso del hombre común justo antes de que explote.
TEXTO MARTIN SANTORO
¿Cómo definirían a Sutottos en el contexto del teatro actual?
Es un equipo que hace teatro, un espiral que asume espacios creativos. Por suerte, como en todo aquello que refiere a una obra, solo se puede saber lo que Sutottos es asistiendo a lo que Sutottos hace. Y lo que Sutottos hace esta en los ensayos y en los espectáculos que el grupo ha creado. Es también un pequeño aporte al teatro popular, que pretende no dejarse vencer ante las enormes competencias del cine y la televisión, y que busca compartir un acontecimiento apoyado en el juego y en un delirio siempre latente.
¿La naturaleza ecléctica del “humor Sutotto” resulta de la fusión del estilo personal de cada uno o, por el contrario, los dos están en la misma sintonía y se potencian?
No se si se puede hablar de un estilo de humor Sutotto, pero las obras que presentamos son producto de la fusión de nuestras propias poéticas. Creemos que a la hora de crear un espectáculo, no pensamos en definir un estilo sino mas bien en dejar que el ensayo nos guié. Trabajamos juntos hace más de seis años y algunas cosas no sabemos a quién pertenecen. La clásica pregunta “¿a quién se le ocurrió lo de…?” no suele encontrar respuesta.
¿Cuáles son las principales diferencias (en cuanto a la intención) que encuentran entre “Colapso” y “Sujeto tácito”? ¿Sienten que, en alguna medida, es como una continuación o más bien algo completamente distinto?
“Colapso” es un espectáculo con un contenido más ácido que “Sujeto Tácito”, pero ambos van en la línea de un grupo que encara determinada búsqueda y, en este caso, coinciden en hacer una crítica a la sociedad y sus manías. “Sujeto Tácito” es mucho mas amable que “Colapso”, el cual hace una critica profunda y moviliza a los espectadores desde un humor un tanto incomodo. Ambos son parte de un recorrido de grupo y el punto en común es la búsqueda de un lenguaje propio y singular
La obra busca reflexión sobre el estado violento de la sociedad actual y cómo esta nos lleva a un derrumbe emocional. Imagino que ustedes habrán tenido colapsos personales que inspiraron la obra. ¿Por qué decidieron hacer de esto un espectáculo de humor y a qué atribuyen que funcione tan bien?
No creemos que uno sepa con claridad cuán colapsado está, pero es algo que está vivo y viaja en los colectivos, en subtes, está en el tránsito, en la cola del banco, al chocar con otra persona por la vereda… Es también el odio contenido de las frustraciones, la incapacidad de exteriorizar los conflictos; es una violencia del tipo urbano. No es que no existan colapsos en los pueblos, pero no son los mismos que en la ciudad. Por eso creemos que es un espectáculo de las grandes urbes.
De todas formas, también hay que pensarlo en un sentido positivo: la posibilidad de advertirlo y ver qué hacer con todo eso. Claramente, nosotros no somos quienes otorgan respuestas a la sociedad para que deje de colapsarse, pero intentamos una reflexión en ese sentido. Ponemos sen escena pedazos de existencia y al espectador se le producen identificaciones, pero sobre el escenario se ven singularidades.
Es una gran alegría para nosotros que el público disfrute de “Colapso”. Nunca nos interesó hacer teatro para gente que “hace teatro”. En este sentido, defendemos lo popular, el boca a boca hace que la sala se llene cada sábado. Esa es la mejor prensa.
A la hora de escribir el guión, ¿qué predomina: la búsqueda de humor o de reflexión?
El guión es el resultado de infinitos ensayos que desgrabamos y bajamos al papel. El trabajo que hacemos es ordenar, limpiar, editar eso. En algunos casos modificamos algún detalle que puede producir humor, pero en general la gracia está en cómo se cuenta. En “Colapso” se ironiza sobre varios aspectos de la sociedad pero, al mismo tiempo que se genera humor, se está produciendo la crítica, porque el espectador se ríe de sus propias miserias, como también nosotros actuamos las nuestras.
¿Cómo componen a los personajes? Es llamativo que se hayan convertido en oficinistas, niños y ángeles para transmitir su mensaje.
Los ensayos nos fueron convirtiendo en oficinistas, niños y ángeles, pero pudimos ser jugadores de fútbol, hormigas y pastores. A priori, sería difícil decir que, para hablar del colapso, son indicados un par de ángeles sobre una escalera. Los ángeles aparecieron en un ensayo, aunque más como una especie de pintores. Quizás de allí surgió la escalera, quizás de allí las alas… Seria muy difícil encontrar un solo lugar desde el que aparecen las cosas.
Ciertamente dos tipos de espectador: el que lo ve como ajeno y se ríe, y el que ríe incómodo al verse reflejado. ¿Qué clase de reacción buscan en el público?
En “Colapso”, es difícil pensarse ajeno a lo que se cuenta, el espectáculo no discrimina edades, clases sociales o ideologías. La respuesta del público es siempre inesperada ya que nunca reaccionan como uno cree y no todos reaccionan igual. Intentar complacer a todos o preocuparse demasiado por lo que el público puede pensar es una tarea sin sentido, perjudicial para la salud y que puede llevar a la psicosis (risas). Es mucho mas sano juntarse a ensayar en una pequeña habitación durante ocho meses y, como diría Peter Brook, dejar que la pelotita rebote.
¿Cuánto representa un ensayo meticuloso y cuánto dejan libre a la improvisación?
Nada esta librado a la improvisación y, sin embargo, cualquier momento es potencialmente “improvisable”. Lo importante es la conexión, la comunicación que existe entre nosotros cuando estamos actuando. Cada detalle y movimiento, por mínimo que parezca, esta ensayado. Somos muy meticulosos y obsesivos de cada texto, mirada o gesto. En la tranquilidad que produce una “partitura” absolutamente estudiada, de abajo a arriba, de izquierda a derecha, surge la libertad para jugar.
¿Qué les gustaría que se lleve la gente cuando sale del espectáculo?
Una bolsita con caramelos, pero no nos da el presupuesto (risas).
¿Qué es el éxito para los Sutottos?
El éxito es un cuaderno con tapas duras y forrado. Contiene 48 hojas de 100g extra resistentes. Existen otras marcas como Rivadavia, por ejemplo (risas).
¿Cuáles son sus próximos planes?
Por ahora seguir con las funciones de “Colapso” y empezar a ensayar el quinto espectáculo. El año que viene queremos reponer “Sujeto Tácito”, “Colapso” y muchísimo más. No sabemos bien qué es, pero hay mucho más por venir.
*Esta nota salió publicada en el sitio de la Revista G7, www.RevistaG7.com
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Ah, el camino...
Publicado por Martin Santoro martes, 27 de julio de 2010 0:24 1 comentarios
"La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos estallando como arañas entre las estrellas y, en el medio, se ve una luz azul y todo mundo suelta un ¡Ahhh!" - Jack Kerouac
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PEZ en Niceto
Publicado por Martin Santoro lunes, 12 de julio de 2010 23:37 0 comentarios
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