Juglar rioplatense

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Martín Buscaglia es uno de los talentos más interesantes que nos ha dado la otra orilla del Río de la Plata. Acaba de editar su segundo disco, “Temporada de conejos”, un huracán creativo que coquetea y experimenta con muchos géneros sin casarse con ninguno ni perder su estampa personal. El uruguayo exuda la misma sensibilidad con una guitarra acústica que con una cruda base electrónica.





TEXTO MARTIN SANTORO
FOTO ARIEL SABATELLA

Escuchando “Temporada de conejos”, me da la sensación que no es un disco tan directo como “El evangelio según mi jardinero” pero que, justamente, cuanto más se lo escucha, más se descubren sutilezas y capas de sonidos latentes. ¿Era esa tu intención?
Sí. Ya desde que culminé mi disco anterior sentí que quería hacer el próximo de esta manera, una hipérbole del “Evangelio…”: más áspero en la superficie y con mayor profundidad musical en su interior. Quería que la mejor manera de apreciarlo fuese en la segunda vez, que precise de varias escuchas y no fuese evidentemente cancionero en apariencia. También buscaba que las letras, como por ejemplo en “Cortocircuito”, parezcan destartaladas pero que tengan una férrea lógica, disciplina, rima en su interior. Además, que tuviese algunos escollos musgosos, como el coro al principio de “Oda a mi bicicleta”, donde la canción era tan linda que necesité ponerle ese arrecife en el comienzo para que no todos lo atraviesen y seamos menos en la isla, pero con más cosas en común.

En el disco, pasás del funk candombero de “Jaula de motos” a la inocencia de “Oda a mi bicicleta” o a cosas más crudas como el “Blues del carrito”. ¿Cómo haces para ponerte todos estos trajes pero seguir manteniendo un sonido propio?
Justamente nombraste las tres aristas que mas me interesaba desarrollar en este trabajo. El lado groovero (con “Jaula de motos” y “Spam”), el cavernícola (“Si no está roto no lo arregles”, “Blues del carrito”) y el sunshine melifluo (“Bicicleta”, “Calabaza”). Todos soy yo y todos se fagocitan entre si. Las apariencias engañan: el “Carrito” tiene la simpleza lorquiana de la letra y un groove de bombo legüero chacareroso con scratches de Michael Jackson y canto hömeii de Tuva. “Bicicleta” tiene esa batería súper dura, como de oso panda de hojalata hongkonés, tensando la fluidez del ukelele. “Jaula de motos” está escrito en sextillas, lo que lleva todo a un lado más telúrico.

¿Los sonidos más experimentales ya están en tu cabeza desde el primer momento que te sentás a componer o son colores que vas agregando después?
Depende. Hay cosas que, de antemano, tengo ganas de probar, como el sonido del Rock and Samba en “No vamos a parar nunca” o decisiones conceptuales, como utilizar básicamente el Stylophone como único teclado en el disco. En general, una vez compuesta, la misma canción te lleva a como interpretarla y con qué.

¿Qué lugar sentís que ocupa la tecnología y las máquinas en tu música?
El mismo que los diversos instrumentos y formas poéticas.

En este álbum te destacás como multiinstrumentista. ¿Fue por ganas o por necesidad?
Por ganas. No lo necesito porque tanto en vivo como en el estudio (cuando lo prefiero), toco con músicos maravillosos de los cuales aprendo mucho. Esa es una condición que considero esencial para tocar con alguien: que puedas ser alternativamente maestro y discípulo, como diría Tom Lupo. En este caso particular me interesaba exprimir mi singularidad, más que la virtuosidad de otro instrumentista. El proceso del disco está muy influenciado por mis shows solistas, de hombre orquesta errante.

¿Cómo traducís lo plasmado en el escenario? ¿Tratás de mantenerte fiel o lo tomás como otra cosa completamente distinta?
Mantenerme fiel a una música o idea no implica necesariamente reproducirla exactamente. Los elementos a manejar en escena son bien distintos a los del estudio, donde está el tiempo libre, la minucia para dar la textura exacta y el plano a un sonido ínfimo. En directo está el cuerpo, el drama y el factor litúrgico de la cosa.

¿Cuánto margen de improvisación había en el disco?
Me fascina el hecho de que improvisar es el momento en que en realidad debés estar más concentrado y alineado para que lo que surja sea equivalente en potencia y valor a lo que tramaste minuciosamente. Me parece mucho más fácil tocar algo difícil, solo se necesita tiempo y paciencia. El orden y la disciplina como liberadores y generadores. Una vez que tomo la decision de que algo quede grabado, más allá de que haya surgido de una premisa previa, de un rapto de inspiración o de un sueño, pasa a ser parte de la obra y debo hacerme cargo de ello.

¿De dónde viene ese espíritu lúdico que te lleva a jugar con palabras, rimas, ritmos y sonidos? ¿Es una búsqueda por mantener una frescura constante?
El arte es infinito, por ahora tengo energía y ganas de explorar a fondo. Llevo cantimplora, repelente y navaja suiza.

¿Cómo es tu relación con él público argentino?
Sinceramente, muy efusiva. Me encanta cruzar a tocar, la intensidad de un viaje no se mide en la cantidad de kilómetros recorridos. Los shows son la vida real, no hay truco posible. Siempre es inspirador y muchas veces pedagógico.

¿Sentís que lograste ser profeta en tu tierra o te ha resultado más “sencillo” en el exterior?
Siempre hice la música que quise, pero Uruguay tiene un lado “pueblo chico infierno grande”, una cosa de necesitar la aprobación de los mayores para prestar atención a ciertas cosas. Ahora está todo en auge, pero sí, en ciertas cosas afuera fue una autopista y adentro un camino de ripio.



*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.revistaG7.com

Mucho más que dos

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Las teclas negras... para Jack White que lo mira por TV...





El grito primal

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Social Distortion es uno de los pilares indiscutidos del punk estadounidense. Lejos de convertirse en material de enciclopedias después de casi treinta años de carrera, los californianos no pierden el espíritu ni la intensidad, sino que van refinando y fortificando su estilo, abriendo el juego con un mayor abanico de influencias. Este fin de semana se van a presentar en El Teatro de Flores, haciendo su debut en Argentina. Ahí el público local finalmente podrá dar vida a los posters en tres veladas a puro frenesí y adrenalina. Hablamos con su líder, Mike Ness y el guitarrista Jonny Wickersham para saber cómo conjugan ese eterno espíritu adolescente con la sabiduría que dan los años.

TEXTO MARTÍN SANTORO
FOTOS JULIAN BOURGEOIS





¿Qué fue lo que más les atrajo de la idea de venir a tocar a Sudamérica?
Jonny Wickersham: Conocer las ciudades es algo que nos interesa muchísimo. Con Mike estábamos viendo de ir también a las afueras, a la parte del campo y ver lo más rural. Espero que podamos. Por supuesto que también haremos las típicas cosas de turistas (risas). Además, siempre escuchamos que los chicos en los shows son muy entusiastas, lo cual le da una gran energía al show.

Ya pasaron 6 años de su último disco, “Sex, Love and Rock ‘n’ Roll”. ¿Por qué tardaron tanto en volver al estudio?
Mike Ness: Estuvimos mucho de gira. Somos una banda que vive en la ruta. Realmente no quería que pasaran seis años pero simplemente sucedió (risas). Me dije que no iba a permitir que pasaran ocho, como la última vez. El problema es que para hacer un disco tenés que frenar y dedicarte a escribir, lo que te representa una pausa de un año aproximadamente.
Jonny Wickersham: Nunca sentimos el apuro o la obligación de tener que sacar un disco. No le veo el sentido a sacar material nuevo todo el tiempo. Preferimos asegurarnos de hacer algo que sea realmente especial y si sentimos que no estamos listos para eso, no lo forzamos.

¿Ustedes se ven más como una banda en vivo que una de estudio?
Mike Ness: Si. Creo que hacemos grandes discos, pero en los shows realmente nos lucimos y sale lo mejor de nosotros.
Jonny Wickersham: De todos modos, siento que en los discos hemos ido progresando constantemente, siempre tratando de superarnos y lograr ese sonido de la banda, pero mejor o más pulido.

Dedicaron todo enero y febrero para trabajar en este nuevo material. ¿Ya está terminado o se tomaron un recreo para venir a Sudamérica?
Mike Ness: Lo dejamos en pausa y salimos a tocar. Ayuda a airearse un poco y distender la mente de todo ese proceso.

¿Cómo es su proceso compositivo?
Jonny Wickersham: Los dos arrancamos con acordes y melodías. A partir de ahí, tratamos de darle forma y, si tenemos suerte, en el camino se nos ocurre una letra. Nunca pude escribir una canción entera de una, ni creo que lo logre alguna vez. Soy de ir por partes. Creo que no tengo mucho control sobre la creatividad y todo el proceso, por más que me gustaría pensar que sí. Viene cuando quiere y no podés forzarlo realmente. A veces arranco con una idea y de repente me surge algo de la nada que me lleva para el otro lado completamente. Hay que dejarse llevar.

En sus últimos trabajos afloraron muchas influencias del country, el blues y el rock&roll. ¿Qué se puede esperar de este nuevo disco? ¿Van a seguir en esa dirección?
Jonny Wickersham: Definitivamente va a tener ese espíritu de raíces, combinando un poco de country, blues y demás, porque es la música que amamos y que nos ancla culturalmente. Por supuesto que la mayor influencia sigue siendo el rock y el punk de los 70s. Con Mike veníamos charlando que este nuevo disco va a ser así, pero expandiéndonos aun más hacia esos estilos.
Mike Ness: Es lo mismo, pero distinto.

¿Cuando están componiendo nuevo material, les gusta probar esas canciones en vivo para ver el feedback inmediato que les da la gente?
Jonny Wickersham: Social Distortion siempre fue una banda que tocó temas en vivo antes de grabarlos para un disco. Eso lo veo desde la primera época, cuando yo todavía no estaba en la banda y me parece algo genial.

¿Sienten una obligación por mantener “el sonido Social Distortion”?
Mike Ness: No. Creo que uno tiene que crecer. Incluso los fans aprecian más el hecho de que nunca tuvimos miedo de evolucionar. Arrancamos como chicos en un garage, tratando de aprender a tocar nuestros instrumentos, pero siempre nos consideramos más que una simple banda punk. Uno le quiere mostrar a la gente que podés hacer más cosas, revelar distintas facetas, pero también tenés que mantener eso que te caracteriza, esa marca registrada… pero no es difícil, está en nuestra sangre.
Jonny Wickersham: Es importante mantener nuestro sonido característico. Siempre partimos de ahí y después vemos qué podemos hacer para crecer y evolucionar. Así se mantiene interesante para nosotros y para la gente también.

En ese sentido, la banda es muy exitosa ya que su público no está compuesto mayoritariamente por fundamentalistas del punk sino que también generan un gran interés en quienes escuchan rock & roll, rockabilly, country…
Mike Ness: Exactamente. Hay muchos fans de Social Distortion ahí afuera que todavía no saben que lo son. Eso es lo que siempre quisimos lograr: queríamos llegar a todos, no sólo a los amantes del punk, porque en el fondo eso solo es el exterior, la apariencia, pero toda la actitud y rebeldía está adentro. Eso es lo importante.

¿Qué rol cumplen tus discos y giras solistas en este contexto?
Mike Ness: Da una salida que me permite ser un poco más extremo… lo que no puedo hacer con Social Distortion definitivamente puedo hacerlo ahí. Si quiero, me puedo poner un sombrero de cowboy, traer a alguien que toque el pedal-steel y un violinista, por ejemplo. Con esta banda hay que mantenerlo un poco más “duro”.

¿Dónde trazás la frontera entonces? Por ejemplo, si venís de hacer una gira solista y te encantó cómo sonaste, las canciones que hicieron y el espíritu general, cuando tenés que volver a ponerte el traje de Social Distortion, ¿te molesta tener que resignar lo otro?
Mike Ness: Hay una línea invisible con la que voy coqueteando constantemente. Tomo cosas de los dos lados y trato de ver a dónde me lleva eso.
Jonny Wickersham: A veces incluso pasa que Mike trae una canción y no está seguro si es mejor para Social Distortion o para un disco solista.

¿Les sigue sorprendiendo que puedan ir a lugares como Argentina o Brasil y tengan un público que los está esperando y sabe cada disco y canción que sacaron?
Mike Ness: Es raro, pero definitivamente halagador. Es lo que uno quiere lograr, y cuando finalmente bajás acá y ves con tus propios ojos, confirmás lo importante que es venir y volver.

¿Cuando preparan un show y arman la lista de temas, tienen en cuenta si es para un público que no los vio nunca como nosotros, en contraposición con el de Los Angeles, por ejemplo?
Mike Ness: Definitivamente armamos una lista diferente que si estuviésemos tocando en Orange County, porque ahí ya nos vieron miles de veces y quieren escuchar algo distinto. En cambio, cuando vas a un lugar por primera vez, tenés que tratar de elegir lo que creés que la gente quiere escuchar, lo más representativo, como una especie de grandes éxitos.

Debe ser bastante difícil con tantos discos de donde elegir…
Mike Ness: ¡Definitivamente! Creo que es lo más difícil, porque hagas lo que hagas, siempre va a venir alguien después del show a preguntarnos por qué no tocamos tal o cual tema. Es imposible dejar a todos contentos.

La banda tiene una amplia carrera y ya todos están en sus cuarentas. Hoy en día, ¿qué los sigue motivando para continuar con esto? ¿Cuál es el motor que empuja?
Jonny Wickersham: El amor incondicional por la música. Está en el centro mi alma. Es mi vida, en todo sentido. Nunca me pregunté si era lo que quería hacer o si podría seguir con esto. Es lo que hago… tal vez es lo único que sé hacer bien.
Mike Ness: Es la pasión, definitivamente. No hay nada que disfrute más que estar arriba de un escenario enfrente de la gente. Eso no se va nunca. Si sos un verdadero performer, vivís para eso. Hay una diferencia entre eso y un tipo que simplemente está en una banda, que se mete para ver qué puede sacar de eso y sabe que es temporario. Un verdadero performer tiene una entrega completa que no se va nunca.

Además, arriba del escenario se nota cuando un músico está tomándolo más como un trabajo que como una pasión.
Mike Ness: Totalmente. Nosotros podemos tener noches más flojas, pero siempre damos todo y amamos lo que hacemos. Ahora estamos muy emocionados por el disco nuevo, nos divertimos muchísimo y realmente no hay motivos para parar.

¿Pueden reconocerse como uno de los pilares o íconos del punk o se ven como una banda más?
Jonny Wickersham: Habiéndolo vivido de afuera de la banda y, después, como parte de ella, siento que Social Distortion tiene algo seminal en el movimiento punk de California. Es eso mismo lo que ha permitido que la banda viva tanto y siga creciendo. Fue un verdadero impacto en la música y se sigue viendo hasta hoy.

Con esa misma perspectiva, ¿se puede seguir hablando del punk como una ideología y un movimiento o se ha visto reducido a un simple género musical, a una etiqueta?
Jonny Wickersham: Es interesante porque mi perspectiva ha cambiado por muchas razones. Al estar ahí desde el principio, vi el crecimiento y desarrollo del estilo y la popularidad del género. No sé lo que es ser un chico de 14 años hoy, que recién está descubriendo el punk. Yo te puedo contar como lo veo hoy, con 42 años, habiendo visto y vivido todo ese camino. Podría decir “ya no es lo mismo, cuando nosotros lo hacíamos era nuevo y peligroso, la gente estaba asustada y no sabía qué pensar al respecto… y hoy en día es comercializado y marketineado…”. Todo eso puede ser verdad, pero no cambia el hecho de que para el chico que está iniciándose en esto, esa música es importantísima. Yo tengo que recordar lo que significaba la música para mí a esa edad: lo era todo. Ok, ahora el punk es más un simple género que otra cosa, pero sigue ahí.

¿Se ven haciendo esto para siempre o en algún momento piensan bajar el ritmo?
Mike Ness: Estar de gira nueve meses al año es duro cuando tenés una familia. Además, cuando volvés tenés que ponerte al día con todo lo que no hiciste por ese lapso, desde arreglar el techo de la casa hasta pasar tiempo con tu esposa e hijos.

¿Cuesta quedarse en un lugar fijo después de vivir en un constante circo ambulante?
Mike Ness: Me toma varias semanas para ajustarme, porque en casa soy “papá”, no un rockero ni nada. Nadie me abre la puerta allá (risas). Ahí tengo que llevar a mis hijos al colegio y hacer cosas así que, por supuesto, me encanta hacer.

¿Qué es el éxito para vos?
Mike Ness: Fácil: es poder hacer lo que uno realmente ama y vivir de eso. No soy millonario ni tengo paparazzis esperándome cada vez que salgo del hotel, pero puedo venir a Argentina y tocar tres fechas completamente agotadas y eso es suficiente para mí. Me llena y no necesito más. Siempre es más importante agradecer lo que uno tiene que lamentarse por lo que falta.




*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.revistaG7.com

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Pronto subo fotos que saqué en el show...

Jools Holland en el Gran Rex

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JOOLS HOLLAND and his Rhythm & Blues Orchestra
8 de abril 2010
Gran Rex

Una cátedra absoluta de talento, frescura y buena onda que hizo bailar a todo el teatro con una sonrisa de oreja a oreja. Sin duda, uno de los mejores shows del año.

Para conocer más, su sitio.

Para ver más fotos, visiten mi Flickr (donde van a poder ver lindas imágenes llenas de alegría a todo color y no estos bajones monocromáticos que suelo poner acá, jeje).


Rock, dos puntos (:)

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Hace camino al andar

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Juan Pablo Villarino es autor del libro “Vagabundeando en el eje del mal – Un viaje a dedo por Irán, Irak y Afganistan”. A través de su pluma, no solo busca retratar un viaje sino que este mochilero-sociólogo apunta a desmitificar y humanizar una de las regiones más polémicas y conflictivas del planeta.

TEXTO MARTIN SANTORO





A principios de 2005, Villarino zarpó de Belfast, Irlanda, rumbo a Medio Oriente con su mochila al hombro y un objetivo inquebrantable: cruzar la región a dedo, para demostrar la hospitalidad de los habitantes de Turquía, Siria, Egipto, Irán, Irak y Afganistán. En el medio, las postales más increíbles para aquellos con un asiento cómodo a la distancia: desde tomar el té en un campo minado hasta enseñar a viajar a dedo en el Parlamento kurdo. Sin más vehículos que la mano extendida y el pulgar apuntando al horizonte, este mochilero se embarcó en una epopeya, “una oda al movimiento y al entendimiento humano”. Sin duda, la historia es el viaje.

Si bien es un viaje personal, pareciera que gran parte del empuje viene de un espíritu altruista y la idea de que “alguien tiene que mostrar que no todo es como se ve en los medios”. ¿Vos lo sentís así?
La condición para ser escritor es sentir que uno tiene algo para decir que vale la pena ser dicho. Cada viaje me da infinitos motivos para usar la palabra como espejo del mundo real, que nunca es. Desde que había comenzado a viajar sabía que el mundo era un sitio mucho más amistoso que lo que la televisión se empeña en mostrar. Entonces me propuse hacer de la hospitalidad el eje temático de mis crónicas, sin perder de vista el retrato de la cotidianidad, las desigualdades y otras cuestiones que me parecen definitorias de cualquier país y sociedad.

También hay una búsqueda por derrumbar estereotipos…
Ese tema también me parece central. Eso de que los europeos son todos fríos, los árabes todos terroristas y fundamentalistas, y los chinos cultivadores de arroz o dueños de supermercados. Por eso me gusta retratar episodios aparentemente mundanos, pero que para mí encierran esencias de cada sociedad. La alegría que demuestra el zapatero del bazar de Der-ez-Zoir, en Siria, al reparar mis botas cansadas de andar, desmiente mejor que cualquier monografía antropológica el supuesto recelo de los musulmanes hacia los occidentales. Crucé Afganistán haciendo dedo durante un mes. Todos creían que no iba a salir vivo de allí y, sin embargo, en mi camino no encontré más que gente cordial y caballerosa. Todo mi periplo en Irak, Irán y Afganistán tenía precisamente el fin de desmantelar, a fuerza de evidencia, el discurso mediático oficial, que es el de un Medio Oriente intrínsecamente violento.

En mi viaje fui alojado por familias campesinas, maestros y caminé al lado de nómadas con camellos. Siento que mi deber es contar quién es toda esa fantástica gente que los medios tratan en paquete y tildan de terroristas. Escribo en defensa de esa pluralidad, de los casos particulares, y en contra de las generalizaciones escritas por periodistas de despacho que copian y pegan noticias que encuentran en Google. Siento que el escritor viajero tiene la responsabilidad social de contrabandear las palabras de lucha en lucha de la misma manera que una abeja lleva el polen de flor en flor. Eso significa para mí hoy la comunicación.

Está claro que una de tus metas parece ser establecer una especie de puente empático entre culturas ubicadas casi en las antípodas por gobiernos y medios. ¿Crees que lograste lo que querías con este viaje y el libro?
El libro está dedicado en sus primeras páginas a la hospitalidad y honorabilidad de esos pueblos. El lector sabe así de antemano que se encuentra ante una verdad poco cómoda de asimilar, que lo que le venían diciendo, lo que venían creyendo, era mentira. Recibo muchos mails de lectores que me confiesan que en ese sentido el libro les ha sido revelador. Por eso intuyo que sí, que cumplí el objetivo. Hay maestras que me escriben para contarme que lo utilizan en sus aulas para ilustrar temas como los derechos humanos y la tolerancia intercultural, lo que me enorgullece. Uno no espera cambiar el mundo con un libro, pero trabaja coherentemente con ese fin, dejando mensajes, testimonios de otra visión posible del mundo. Cada libro escrito es una semilla puesta para el cambio.

En esta experiencia queda claro que, además de viajero, tenés un gran espíritu antropológico. De tener que hacerlo, ¿cómo te definirías?
Me defino como escritor nómada. Ese peregrinar por las culturas del mundo sería un desperdicio o un ocio turístico sino aplicara una óptica antropológica que no hiciera foco en el aspecto social de cada país visitado. El autostop, por su lado, el viaje a dedo, tiene para mí un sentido que trasciende el hecho del transporte gratuito, en tanto es mi instrumento de exploración antropológica y sociológica. Subirse y bajarse de un vehículo a otro no deja de ser una sesión aleatoria de entrevistas, una forma de conocer la sociedad visitada, a través de las filtraciones en el discurso de mi conductor.

¿En qué momento sentiste que el viaje tenía que culminar en un libro? ¿Era algo que tenías planeado desde el principio o que surgió después de vivir esa experiencia?
Desde el 2001 todos los viajes que realizo tienen el sentido de ir amasando un libro. Día a día se escriben las páginas, se suceden las ciudades, los camiones y las sorpresas. Viajar y escribir son para mí dos artes inseparables, por lo tanto desde el inicio tomé notas con miras a hacer un libro sobre el viaje. Sin embargo, fueron la magia y la hospitalidad de Medio Oriente los que me hicieron dedicar el libro a esos países y no otros. La impronta espiritual que me dejaron los países musulmanes fue grande, sentí que era mi deber el hacer circular esa otra realidad, la de un Irán y un Afganistán poblados por personas normales, amables, geniales. Más que nunca, sentí la necesidad de multiplicar ese libro y ese mensaje. Fue ese ímpetu el que me permitió llegar finalmente a que trascendiera la suerte de mis libros artesanales previos y llegara a gozar de una edición masiva como la actual.

Respecto a la propia escritura del libro, me intriga saber cómo fue el proceso. ¿Tomaste muchísimas notas en el momento o tenés una memoria prodigiosa? ¿Lo ibas escribiendo mientras viajabas o arrancaste una vez finalizado el viaje, con una perspectiva más completa?
Todo empieza con notas o palabras claves escritas en mi libreta mientras viajo, sea arriba de un camión que cruza el Altiplano Boliviano o en una casa de té iraní. Al final de cada día añado aquellas reflexiones que me surgieron mientras esos sucesos tenían lugar, pero que su mismo devenir me impedía disociarme para elaborarlos. La perspectiva, por ejemplo, aparece a la hora de acostarse. Este paso lo hago en un ordenador portátil. Esto hace más fácil las cosas. Rápidamente puedo buscar material en mis archivos para citar parte de un poema escrito en Laos bajo una sobredosis involuntaria de medicación contra la malaria o un fragmento de la opinión política de una vendedora de hortalizas del mercado de Sucre. Puedo estar escribiendo en la habitación de una pensión o dentro de mi carpa, pero lo hago con disciplina. De otra manera los eventos en la memoria se van confundiendo y las impresiones contagiando por opiniones formadas con posterioridad.

Una vez a la semana, recapitulo lo que he escrito y elaboro una o más notas para el blog, junto con sus correspondientes fotografías. Eso me requiere, una vez a la semana, encontrar un sitio donde pueda trabajar con comodidad. Mientras la documentación sucede en cualquier parte, la redacción me requiere una dosis de confort… El proceso de llegar al libro sólo comienza cuando he regresado. Ahí me reúno en asamblea con todos los relatos semanales subidos a mi página, las libretas originales y la memoria. Con suerte, al cabo de medio año aparece la joya pulida, las historias engarzadas, consteladas por las páginas de un libro. Es mucho trabajo, hay que editar, investigar, ir a bibliografía, y excavar la propia memoria en busca de la palabra, la fecha o ese nombre preciso. Y claro, la perspectiva es fundamental, que luego de terminado el viaje redimensiona todo lo vivido.

Si bien el libro tiene como base la crónica, en este caso el género viene acompañado de una buena carga documental y un gran sentido del humor. ¿Sentís que son herramientas claves a la hora de dar información lo más completa posible y, al mismo tiempo, mantener el interés del lector? ¿Cómo definirías tu estilo?
Por un lado es eso: intento que el relato sea ameno y que cierto pulso de humor permita que el lector navegue más fácil los pasajes quizás más informativos o teóricos. Pero en este caso, es un humor que emana realmente de la fidelidad del relato, que calca sin censura toda la adrenalina y el absurdo que uno realmente vive cuando viaja, las situaciones disparatadas que acontecen, y todos los avatares de la vida nómada. El tono del relato no está manipulado con criterio de mantener un rating, sino que transmite la magia natural que tienen estos viajes.

Cuando a uno lo comparan con un ave migratoria y le encajan un anillo numerado en el dedo o cuando le preguntan los beduinos del Sahara si en Argentina también hay estrellas, lo enmarcan en episodios que dan cuenta que uno ha alcanzado el estilo de vida deseado… y también la historia deseada, porque uno ya viaja imaginando como se vería escrito lo vivido, y a veces incluso permite suceder eventos por el sólo hecho de que son brotes tan raros, episodios tan ridículos y divertidos que merecen vivir y ser leídos, sólo por ello.

Más allá de los preceptos e ideologías personales, debe ser difícil hacerles entender esta pasión a tu familia y amigos. ¿Cómo se tomaron la idea de hacer este viaje (y la vida nómada en general)?
Mi mamá es la que más me hacer reír. Con normal preocupación maternal, se alarma, pero de forma muy impredecible. Cuando estaba en Finlandia y contaba que acampaba en un páramo rodeado de renos, ella buscaba en Internet si los renos eran carnívoros. Cuando les conté por teléfono que pensaba entrar en Irak, ella me recomendó que me diera otra dosis de antitetánica. Luego el resto, mi padre y mis hermanos, ya lo tienen asumido. Imaginate que mi sobrina Ángela me decía “el tío de la foto”…

Después de semejantes viajes y de experiencias tan únicas como intensas, ¿podés volver a un ritmo de vida “normal”?
No me imagino ahora una vida sedentaria, vivir en una misma ciudad toda la vida con viajes esporádicos. Sí me gustaría tener una base o lugar propio donde descansar y escribir en los años “quietos” entre viajes largos, donde guardar también los mapas, las libretas, documentos, y papeles de viaje en general. Sería como un centro cultural o una posada temática destinada a ser un santuario del espíritu viajero. Pero para eso falta, principalmente porque mis recursos apenas me alcanzan para cubrir los gastos mínimos de mis vagabundeos. Además de los libros que se venden en librerías, vendo postales artesanales de mis fotos para sobrevivir mientras viajo. O sea que por el momento no puedo pensar en otra cosa que en el día a día.

¿Podés quedarte quieto o siempre estás planeando el próximo viaje?
Siempre estoy formulando viajes, mirando mapas. Los años que no viaje serán porque estoy escribiendo, transformando lo viajado en un libro, para que el viaje también viaje.

¿Con qué criterio elegís tus destinos?
Cada viaje tiene llega a ser concreto a partir de criterios distintos. Ante todo, soy de los que prefieren los viajes largos, tomo un continente y lo cruzo siguiendo un itinerario totalmente flexible pero con muchos países que no cedo al azar, presas precisas. Una premisa fundamental es un itinerario que enhebre sitios relevantes al criterio de documentación que tenga yo al momento de viajar. En general, doy prioridad a comunidades periféricas sobre los sitios trillados, conocidos y fotografiados. No me interesa repetir postales con mi cámara, sino explorar la historia contemporánea. Para mí es más interesante compartir un día de viaje con un camionero cusqueño y su familia que visitar el Machu Pichu. ¿Por qué habría de estar más interesado en la vida cotidiano de los Incas que en la de los peruanos del 2010?

No quiero decir que Machu Pichu carezca de interés, pero si esgrimo la posibilidad de que la proliferación de la cultura del turismo no haga más que dirigir a los viajeros a los sitios de interés obvios que se transforman en fetiches. Por eso muchas veces elijo carreteras al azar que llevan a pueblos sobre los que jamás he escuchado reseña alguna. Para mi es la única forma de conocer a fondo un país. Cuando elijo viajar en Asia o en América, voy procurando que el itinerario incluya aquellos lugares segregados, aislados, o archiconocidos pero con distorsión mediática. Por eso elegí viajar en Irak, Irán y Afganistán.

Una de las cosas que más destacás a nivel humano es la apertura y predisposición de quienes te acogieron a lo largo del viaje. ¿Crees que hubieses recibido la misma hospitalidad si no fueras argentino? ¿Pensás que de ser estadounidense o europeo, hubieses sido recibido de la misma forma?
Creo que ellos son abiertos sin distinción de nacionalidad. De todos modos concuerdo en que el ser argentino me ponía en situación casi de par con ellos, es decir, ciudadano de otro país en vías de desarrollo. En todo mi viaje por Medio Oriente, ser latinoamericano me ha expuesto a infinitas muestras de solidaridad. Ser latinoamericano en Medio Oriente implica encarnar esta condensación de diferente y de mismo, de Occidental a la vez que semejante humano habitante del mundo en desarrollo, con un pie hundido en la pobreza y la dignidad. Aunque me consta que los musulmanes dispensan su espontánea amistad con equidad al margen de la nacionalidad, no me quedan dudas de que saber en carne propia lo que es la corrupción, el fraude electoral, los semáforos que sólo destellan luces amarillas y los emisarios del FMI decidiendo el presupuesto de tus escuelas, los acerca más a mí que a los franceses que recorren el mundo con el dinero de la seguridad social cobrado a través de cualquier cajero automático.

Ser políglota parece ser uno de los grandes beneficios a la hora de conectarse con el contexto. A tu criterio, ¿cuáles son las herramientas fundamentales a la hora de vagabundear por el mundo?
La férrea convicción y comodidad con el movimiento. Es preciso disfrutar del nomadismo. La necesidad de un respiro de la rutina suele ser confundida con el deseo de vagabundear, pero son dos cosas distintas y a los pocos meses se puede ya ver, si uno tuvo suficiente o si acaso le vende el alma al horizonte. Cuando uno ya sabe lo que quiere, entonces el resto es más flexible. Hay cosas que ayudan, claro, como manejar inglés u otros idiomas internacionales. Español, inglés, francés, ruso y árabe son para mí los recomendables. Fundamental es la apertura mental, la predisposición a la experimentación y la maleabilidad. No está demás contar con alguna manera móvil de generar ingresos, sean la música, las artesanías o lo que fuere.

¿En qué lugar del mundo estás ahora? (ya sea Nepal o Avellaneda)
Estoy en Sucre, Bolivia, a donde he llegado como único pasajero del techo de un camión que transportaba 43 chanchos. Llegamos al matadero y tuve que ayudar a los choferes a los palos a conducir a los cerdos al corral…

¿Cuáles son tus planes futuros?
Actualmente estoy recorriendo a dedo desde Argentina a Alaska con la intención de documentar la hospitalidad pero también los problemas del continente. Por ello estoy viajando siguiendo casi con exclusividad carreteras secundarias, incluso rutas de ripio o tierra y hasta ríos. Los relatos conformarán un libro quizás titulado “Caminos Invisibles de America Latina”, que relevará la vida cotidiana y realidad de los rincones más remotos de nuestro continente. Mientras viajo realizo, además, un proyecto educativo patrocinado por el Movimiento Mundial por la Salud de los Pueblos y por mis propios lectores, quienes con algunas chirolas por mes me ayudan a dedicarme a hacer proyecciones fotográficas y charlas en escuelas y comunidades de forma gratuita para ellos. En el menú del blog pueden enterarse como volverse cómplices de este proyecto y colaborar.

Después de tanto tiempo de viaje me imagino que ya vas desarrollando una especie de “Biblia del viajero”. ¿Qué consejo le darías a alguien que se calza la mochila por primera vez?
¿Consejos para viajar bien y no terminar confundiendo al carnaval tilcareño con un descubrimiento místico? Sí, claro. Hoy día es cada vez mayor la cantidad de gente que viaja, lo que equivale a decir que también se ha vuelto como una moda. Encuentro mucha gente que sólo viaja porque tiene la posibilidad económica de hacerlo y va por el mundo tachando de la lista los sitios Patrimonio e la Humanidad de la UNESCO.

El viaje mochilero, antes una aventura, es hoy un pálido reflejo de lo que era en los setentas u ochentas, quizás debido a que la gran mayoría viaja siguiendo una Lonely Planet, como un previsible rebaño de ovejitas que van pasando por los mismos hostels y sitios obligados de turismo. En otras palabras, terminan ejecutando un turismo barato, pero la aventura rara vez está presente en sus viajes porque no arriesgan, no van a lugares de los que nunca sintieron hablar, sino adonde la foto postal está garantizada.

Por eso, recomiendo que quienes realmente quieran viajar, que se salgan de las rutas archirepetidas (Humahuaca, Potosí, Titicaca, Cuzco, Nazca, etc), que viajen con mapas, para saber dónde están parados, que utilicen las redes de alojamiento gratuito, que hagan dedo, viajen en bicicleta o caminen, y que intenten acercarse a la gente local. Es más importante visitar cualquier pueblo rural del Perú y entender los problemas de la sequía, del precio de mercado de sus productos, de la falta de escuelas, que visitar Machu Pichu vestido con textiles de colores y pensarse un hippie en contacto con la Pacha Mama.

Para seguir los viajes de Juan Villarino, visitar su blog: www.acrobatadelcamino.com



*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.revistaG7.com

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¿Qué tiene que ver esto con el rock? Nada realmente... pero es interesante conocer historias así.

Amapola del 66

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La columna de radio de hoy estuvo dedicada al flamante disco de Divididos: Amapola del 66, una verdadera muestra de talento, creatividad y vigencia. Sin duda, la paciencia fue pagada con creces. Podría decir miles de cosas, pero para eso está el audio... que lo disfruten.

PARTE 1





PARTE 2




Jimi Hendrix: Valleys of Neptune

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Dediqué mi columna de hoy al inagotable e inoxidable talento de Jimi Hendrix; evidenciado, en este caso, a través del flamante disco "Valleys of Neptune".

PARTE 1





PARTE 2


No detenga su motor

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Amo y esclavo del ritmo, Santiago Vazquez es un músico extraordinario y un trabajador compulsivo. De su mano, La bomba de tiempo dejó de ser una orquesta de percusionistas para convertirse en un fenómeno cultural. Como si fuera poco, sus proyectos con Puente Celeste y La Grande están en constante ebullición. En esta nota, una radiografía de una mente que no puede quedarse quieta.

TEXTO MARTIN SANTORO





¿Cómo comenzó tu amor con la música?
Mis padres escuchaban todo tipo de música y yo, según ellos, cantaba e inventaba canciones permanentemente. Recuerdo que tenía una relación especial con el tocadiscos. Apenas lo supe manejar, me podía pasar horas poniendo y sacando discos y mirando el surco mientras escuchaba la música.

Después, recuerdo que armaba baterías con objetos de la casa como libros, cajas, tapas de casettes, ollas y almohadones. Los ponía sobre la alfombra y tocaba con unos palitos chinos junto a la música del equipo. En ocasiones, tocaba y cantaba improvisando melodías, que algunas veces grababa con un walkman. Algunas se convirtieron en mis primeras composiciones.

Mas adelante, a los 10 años comencé a estudiar batería y durante varios años trabajé como baterista, hasta que fui descubriendo otros instrumentos de percusión como el berimbao y la kalimba, por ejemplo. Ahí fui rescatando aquello que yo hacía desde muy chiquito: juntar objetos de todo tipo y hacer música con eso. Al mismo tiempo, siempre fui estudiando audiopercepción, piano, composición, dirección, etc., para poder desarrollar esa inquietud melódica.

Una de las habilidades que más te distingue el tu dirección con un sistema de señas. ¿Cómo desarrollaste el sistema y la composición en tiempo real?
Yo venía trabajando con unos grupos de entrenamiento rítmico con los que utilizaba algunas señas muy rudimentarias fruto de la necesidad. En esa época vi un ensayo del músico norteamericano Butch Morris, que se dedica a la dirección de improvisación con señas y se me abrió una puerta conceptual. Yo no conocía su lenguaje gestual, pero entendí que se pueden usar señas para expresar lo que uno necesite como compositor o como director de improvisación.

En ese momento creé un sistema de señas para generar armonías aleatorias, algo en lo que me encontraba investigando. A partir de ahí, armé el Colectivo Eterofónico de Improvisación: un grupo para explorar la generación de armonías aleatorias y la composición en tiempo real. Ese grupo tenía la sonoridad de una pequeña orquesta de cámara, mezclado con un grupo de jazz. Lo que hacíamos enfocaba sobre todo en la exploración tímbrica y armónica.

¿Por qué pasaste de una propuesta como la del Colectivo Eterofónico a La bomba de tiempo? ¿Qué querías lograr con ese nuevo proyecto?
Después de varios años de trabajo con el Colectivo, fui sintiendo la necesidad de trabajar con el ritmo y especialmente con eso como forma de integrar la mente y el cuerpo en una sola cosa: el baile.

Después de terminar el Colectivo Eterofónico pasé tres años grabando mis discos Raamon y Mbira y Pampa, que van en esa dirección. También tocaba y grababa con Puente Celeste, juntando material para un disco íntegramente dedicado a lo rítmico que sería una colección de estudios de ritmo donde volcar años de trabajo en este sentido pero, a la vez, hacerlo desde un lugar de mucho gozo corporal, y no solamente como algo intelectual. También extrañaba el espacio social y cultural que se genera alrededor de la percusión en muchas ciudades del mundo. Me preguntaba cómo podría producirse algo así en Buenos Aires.

En un momento todas esas búsquedas se juntaron en un clic, y pude ver que un grupo grande de percusión podría trabajar esos “estudios de ritmo” mediante las señas y la improvisación, generando así ese espacio de baile y lo social para mucha gente, de una forma original y flexible. No imitamos otras culturas sino que buscamos lo que cada uno es. Desde ahí, pasé cerca de un año madurando la idea del grupo y desarrollando el lenguaje de señas hasta que tuve una lista de mis músicos ideales para este grupo.

¿Cómo elegís a los músicos con los que trabajás?
En el caso de La Bomba, era muy importante que, además de ser muy buenos percusionistas, fueran capaces de comprender analíticamente lo que tocan… y aún así tocar como si fuera puro corazón. Algunas de las señas que utilizamos exigen un grado alto de entrenamiento teórico y de lectura musical, etc. También es fundamental que tengan una personalidad especial, madura, ya que trabajar juntos durante tanto tiempo es una prueba difícil de convivencia.

En ese sentido, ¿cómo haces para dirigir a un grupo tan amplio de músicos donde cada uno viene con su estilo, sus ideas y sus egos?
La variedad de estilos es bienvenida y tiene su lugar en el sonido del grupo, aunque el lenguaje tímbrico de La Bomba está bastante definido desde el vamos. Para mí, lo fundamental es escuchar lo que motiva a cada uno y tratar de que eso no falte en el grupo. La verdad es que cada uno aporta de su propia visión y madurez personal para que todo fluya entre nosotros. Al mismo tiempo, todos somos conscientes de que en un grupo tan grande hay cosas que podremos hacer y otras que no.

Dada esa simbiosis de ritmo y baile que proponen, ¿sentís que la banda necesita de una retroalimentación del público para llegar a su máximo potencial?
La Bomba y su público son un todo. Creo que sin ellos haríamos otra cosa. Es música para bailar y si nadie baila no sirve.

Uno de los rasgos distintivos del show de La Bomba es la forma en que los invitados entrelazan sus estilos propios con el de la banda. ¿Con qué criterio elegís a los invitados?
El hecho de que haya invitados tiene que ver con la integración. Se trata de un mosaico cultural y musical, que es el de nuestra ciudad, nuestro país, nuestro continente y el mundo. Cada artista que sea parte de esa trama es valioso, mientras que entregue su arte con sinceridad y sin retacear nada. Por eso sentimos que invitar a músicos de estilos muy distintos es natural y que todos ellos nos enriquecen. Los queremos homenajear compartiendo nuestro escenario y nuestro juego.

¿Qué rol cumple La Bombería en el proyecto a mayor escala?
En un momento percibí que ésta forma de improvisar-jugar que usamos en La Bomba, con sus reglas y su sistema de señas, es una herramienta maravillosa para aprender y practicar música grupalmente en todos los niveles. Es suficientemente elástica y poderosa para que un grupo que improvisa con esto consiga cosas totalmente distintas de cualquier otro, usando las el mismo sistema. Desde ahí empecé a pensar que había que divulgar este lenguaje a través de una escuela y seminarios y abrirlo para que muchos otros lo puedan usar en todo el mundo.

Uno de los mayores logros que tiene el grupo en un constante crecimiento exponencial. ¿Por qué sentís que La Bomba se ha convertido en un fenómeno cultural tan importante en estos últimos años?
Supongo que hacía falta algo que cumpla esta función: poder reunirse, bailar, algo que cambia cada vez, tracción a sangre, un espacio que no rechaza influencias ni estilos, que no se encolumna detrás de ninguna estética o ideología, que es para todos y de cualquier edad, que es de acá… El ritmo, cuando se desprende de sus etiquetas, es realmente universal y conecta con algo que nos constituye en lo más profundo.

Con esta popularidad también se generó un cambio en el público que, si bien mantiene la esencia, cada vez parece banalizar un poco la propuesta artística, asistiendo por una cuestión de moda más que de empatía musical. ¿Estás de acuerdo?
Cada uno va por motivos diferentes y me parece que eso es muy bueno. No hacemos un show para ver sentados en una butaca y aplaudir al final. El ritmo es la bandeja sobre la que suceden muchas cosas y esa es la idea. Por supuesto que nosotros como músicos queremos que la música nos alimente y nos exprese y que a la gente le llegue lo que hacemos, pero no vamos a parar el show para pedir que escuchen porque llegamos a alguna polirritmia interesante o porque alguien hizo un solo que la rompió. Todo eso nos genera alegría a nosotros y estoy seguro de que eso llega a la gente de una u otra forma.

El proyecto de La Bomba comenzó como algo más bien under y hoy en día ya son un nombre instalado y popular. ¿Qué ganaron y qué perdieron con la popularidad?
No afecta mucha a lo que hacemos sobre el escenario. Gradualmente tratamos de profesionalizarnos un poco en relación al sonido, luces o esas cosas, pero La Bomba sigue siendo un grupo de goce y de investigación. Es maravilloso que algo así pueda ser popular. Yo tiendo a verlo como el fútbol: los equipos prueban diferentes formas de juego, cambian posiciones en la cancha, tratan de mejorar cada vez y nunca saben como va a terminar el partido. Las reglas del juego impiden que se convierta en un show: sigue siendo siempre un juego.

¿La cómo hacés para que la propuesta se mantenga fresca e interesante después de tanto tiempo?
Un poco de eso lo pone la improvisación y nuestros deseos de probar nuevos recursos. También estoy proponiendo un sistema por el que va a haber una rotación cada cierto tiempo en la dirección musical del grupo, para que nos podamos nutrir de los diferentes estilos de los directores. Algo parecido al rol del director técnico de un equipo deportivo.

¿Qué son Puente Celeste y La Grande en tu vida? ¿Tus otros proyectos llenan un espacio vacante que queda con La Bomba o nacen de inquietudes distintas?
Son cosas muy distintas. Puente Celeste surgió hace 13 años como mi grupo, pero hace ya 7 años que es un grupo con cinco líderes. Por lo tanto, es el espacio de confluencia de esas cinco personas en particular: Edgardo Cardozo, Luciano Dyzenchauz, Marcelo Moguilevsky, Lucas Nikotian y yo. Hay lugar para la improvisación y el juego, pero esto gira alrededor de composiciones instrumentales y canciones. Para mí Puente Celeste es el espacio para encontrarme con mis viejos amigos y jugar al a lo que mejor hacemos, usando de excusa músicas compuestas por cada uno que nos dan ganas de tocar.

Por su parte, La Grande es mi proyecto mas reciente. Es un grupo que integra mis facetas de compositor y productor con mi experiencia con la Bomba de Tiempo. Es como agregar a la idea de La Bomba un montón de instrumentos melódicos y mezclar todo eso en tiempo real, como si al dirigirlo yo fuera un DJ haciendo un mash-up. Para mí esto representa una forma nueva de hacer música con un grupo.

¿Cómo hacés para desdoblarte creativamente con tantos proyectos y mantenerte artísticamente interesante?
Para mí es como los amigos: con uno hablás de fútbol, con otro de artes, con otro te une el humor… Cada relación cubre distintas necesidades que uno tiene y extrañaría a cualquiera de ellas si me faltaran.

Parece que no parás ni un segundo. ¿Tenés una fobia a la quietud? ¿Qué te mantiene en constante movimiento?
No le tengo ninguna fobia a la quietud. Es mas, me encanta y necesito quietud interior para hacer lo que hago en el afuera. Me sucede que, así como a otros se les ocurren canciones todos los días, a mí se me ocurren conceptos de proyectos musicales. Pero a diferencia de las canciones, que se pueden escribir en media hora, un proyecto musical completo puede llevar varios años y muchísimo trabajo de muchas personas para ser concretado. Entonces descarto todas las ideas que puedo. Pero hay algunas ideas que no logro sacarme de encima. Esas las tengo que realizar porque si no, me pesan tanto que no me dejan avanzar.

¿Cuáles son tus planes para este año?
Grabaré un disco y tal vez un DVD con La Grande. Estaremos tocando en Konex en mayo y junio, durante una pausa de La Bomba de Tiempo. También tengo algunas giras como Santiago Vazquez Solo, que son shows que hago con percusión, voces, mbira, berimbao y electrónica en tiempo real. Con Puente Celeste estaremos tocando todos los jueves a partir de abril en el CAFF y grabaremos un disco nuevo para Japón ese mismo mes. Con La Bomba seguramente también hagamos un disco nuevo para fin de año, y seguiremos tocando como siempre los lunes en Konex, y en otros lugares fuera de Buenos Aires.

Fuera de los shows, espero hacerme algo de tiempo para completar un libro que empecé a escribir con el fin de divulgar el lenguaje de señas, otro de entrenamiento rítmico… ¡y no perderme el atardecer!


*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.revistaG7.com

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Ok, si los fanáticos de Riff me quieren cagar a cadenazos por el título, ¡que me vengan a buscarrrrrrrrrrr! (los espero con unos mates y chipá).

Motorama en Roxy Live Bar

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MOTORAMA
3 de marzo 2010
Roxy Live Bar

Por lejos, una de las mejores bandas para ver en vivo. Música que contagia adrenalina, swing, frenesí y todas las ganas de sacudir el cuerpo hasta que salga el sol.

Parada obligatoria: su MySpace.

Para ver más fotos, visiten mi Flickr.



Freak out!

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Ácido, irreverente, bizarro, anárquico, desubicado, incómodo, rockero… ¿Cuántos adjetivos pueden describir perfectamente la obra de Gustavo Sala? Este historietista marplatense se ha ganado un lugar en las principales publicaciones del país a fuerza de humor deforme y absoluta ignorancia de las “reglas de etiqueta” de cualquier publicación.

TEXTO MARTIN SANTORO





Allí reside su genialidad: altas dosis de humor no convencional, espíritu punk y un absurdo inteligente (que no es lo mismo que “hacer cualquier cosa”) llevado a su máxima expresión. Este cóctel embebe lo cotidiano para resultar en un cambalache lisérgico que descostilla de la risa a quien se anime a adentrarse en su mundo.

Además, es una especie de terrorista gráfico que no para: sus trabajos descolocan en la revista Fierro, Rolling Stone y el suplemento NO de Página12. Ya editó la antología “Bife angosto” con Ediciones de la Flor (Quino, Liniers) y acaba de lanzar “Bola triste”, un segundo compilado con un lema en la tapa que reza, cual Groucho Marx del subdesarrollo, “Advertencia: incluye sexo extremo, violencia explícita y advertencias innecesarias”. ¿Acaso queda alguna duda?

Tenés un estilo y un sello propio; algo que hace que al ver un trabajo tuyo no haga falta fijarse en la firma para saber de quién es. ¿De dónde nace tu humor? ¿Cómo hiciste para desarrollarlo?
El estilo nace a partir de lo que a uno le sale y de las cosas que más te gustan, que empezás a meter en tu dibujo aun sin proponértelo. Yo me ubiqué en un lado del dibujo de humor más grotesco o deforme por dos razones: primero porque me gusta y segundo porque me cuesta un huevo el dibujo realista, académico, donde no la podes pilotear y si dibujas para el orto la figura humana estas hasta las bolas. ¿Estoy usando un léxico inconveniente para esta revista? Espero que no, ¡carajo!

¿Sentís que hoy en día definen tu humor como “absurdo” porque no saben bien cómo catalogarlo? Si bien todos los rótulos son odiosos porque, inevitablemente, condicionan al receptor antes de ponerse en contacto real con la obra, ¿hay alguno que sientas que puede reflejarte fielmente?
No esta mal el rotulo de “absurdo” aunque no creo que me identifique en todo lo que hago. En todo caso, prefiero que me rotulen como “gracioso”. Es mucho más difícil ser “gracioso” que ser “absurdo”.

¿Cómo probás si algo es gracioso? ¿A esta altura, te das cuenta solo del potencial humorístico de un chiste o ya estás tan metido que acudís a otros para medirlo?
A veces pierdo el foco completamente sobre mi propio trabajo y, mirando una tira bocetada, me parece al mismo tiempo una idea copada que funciona y una reverenda pelotudez sin ninguna gracia. Para eso están mis amigos Quique, Pablo y Juan, a quienes les paso los bocetos que están “en duda” y, según sus devoluciones, los encaro para dibujarlos a full, me guardo la idea para cuando le encuentre la vuelta o simplemente las tiro ala mierda.

Debe ser muy difícil lograr que, después de tantos años, tu humor no se vuelva redundante y se agote. ¿Sentís que lo deforme/absurdo (otra vez esos rótulos…) te ayuda a eludir eso? ¿Se puede llegar a un punto donde ese lime también se vuelve previsible?
Por supuesto, todo el tiempo se puede ser redundante y caer en los mismos trucos o recursos una y otra vez. Muchas veces se me ocurren cosas que, haciendo memoria, me doy cuenta de que ya las había pensado años atrás. La memoria es así: miserable. Por eso siempre hay que tratar de hacer lo que a uno le sale y trabajar en un terreno cómodo y conocido. A la vez, es igual de importante pensar con otra perspectiva, metiendo elementos nuevos o tratando de encarar las estructuras de otra manera para ver si, de pedo, aparece alguna idea nueva.

Contame sobre tu método de trabajo. ¿Esperás que te llegue la inspiración o la vas a buscar?
La paso a buscar por la casa. Le toco timbre y ella baja, pero la mayoría de las veces esta toda sucia, desarreglada y demacrada. Con una inspiración así no se puede salir a la calle. Hay que esperar que aparezca una un poco más presentable y ahí sí, abusar de ella sin piedad… pero a veces hija de puta tarda muchísimo en aparecer y hay que tomarse muchos cafés y morder muchas biromes en la aburrida y desesperante espera.

Más allá de los guiones, desarrollaste un estilo de dibujo muy personal que se complementa perfectamente con el espíritu de tu humor. ¿Quiénes fueron tus influencias en eso?
De chico me volvía loco con las historietas de Carlos Nine en la “Humi”. También fueron una gran influencia los dibujantes de la revista MAD y autores de acá como “El niño” Rodriguez, Pablo Fayo, Dany Theo, Esteban Podetti y otros, que juntos hacían la excelente revista “¡Suélteme!” a fines de los noventas.

¿Cómo conociste a Humberto Miranda, tu colorista? ¿Qué sentís que aporta a tu trabajo? …¡y no digas “el color”! (risas)
A Beto lo conocí en una charla que dio Rep en Mar del Plata en 1993. Con Humberto y varios más hicimos tres numero del fanzine “Mar negro” y ahí empezamos nuestra amistad comiquera que sigue hasta hoy. Un día, en el 2005, tenía que pintar un trabajo digitalmente y, como yo no tenía ni computadora ni idea, le sugerí a Beto que lo hiciera (porque tenía las dos cosas). Justo a partir de eso empiezan a salir colaboraciones para medios como Genios y Pagina 12, donde las tiras tenían que ser a color. Humberto aporta su mirada y su paleta. A veces una página cambia muchísimo con el aporte del color, así que es una mano más que refuerza el trabajo que uno hace.

¿Estar en medios masivos y populares como la Rolling Stone y Página12, por ejemplo, te condicionan (aunque sea internamente) a la hora de trabajar?
Debo decir que ni en Rolling Stone ni en Pagina12 tuve jamás problemas de censura ni algo parecido. Todo lo contrario: puede irme al carajo más de una vez y publicar tiras o viñetas que pensaba que no iban a salir. Las pocas veces que me “sugirieron” cambiar algo era porque eran malas… y las cambie, claro, ¡por otras peores!

¿Cómo decidís qué ideas o material va para cada publicación en la que trabajás?
Cada medio tiene un tono y un “discurso” o “estilo”, así que ya sé para qué lugar sirve mejor determinada idea. Además, uno se pone mentalmente en el medio para el que trabaja a la hora de pensar una tira. En Fierro, por ejemplo, no hay casi comentarios sobre rock o “cultura joven”, que sí aparecen seguidos en la tira del suplemento NO de Pagina12, por ejemplo.

¿A qué se debe que muchos de tus personajes tienen como nombre una versión distorsionada del de otra persona (famosa)?
La mayoría de las veces, los nombres para las tiras o los personajes son solo caprichos míos o chistes internos con amigos o conocidos. A veces sí aparecen personas reales como Cerati, Fidel Nadal o Spinetta porque me divierto tontamente usando nombres de periodistas, escritores o músicos.

Dado que estás en casi todo el proceso de tus tiras, ¿podrías escribir para otro dibujante o dibujar para otro escritor, o sentís que la obra entera tiene que salir de tu cabeza?
Me siento más cómodo como autor completo, haciéndome cargo de la idea, el guión y el dibujo. Escribí para otros dibujantes, como en “Lolypop”, por ejemplo, que dibujaba Lucas Varela para la revista dominical de La Nación hace tres años. También dibujé guiones de otros, como “Torni”, con guiones de Trillo y Maicas, para la revista Genios. Es un trabajo que uno hace desde otro lugar, formando parte de un proyecto en colaboración, que es bastante diferente en la forma de trabajo a la que uno está acostumbrado (o “malacostumbrado”). Escribir para otro dibujante tiene la ventaja que no te volvés loco plasmando una escena complicada. Lo malo de dibujar guiones ajenos es que… ¡hay que saber dibujar! (risas)

Ciertamente estás ganando popularidad. ¿Qué sentís que busca el público en tus tiras que no encuentra en otro lado?
Popular es Nik. Yo espero que la gente encuentre a mis tiras graciosas y personales, y que también se puedan enganchar con el dibujo en sí. Uno trata de ser lo mas personal posible. En eso estamos.

La escena parece haber cambiado mucho desde tus inicios. ¿Pensás que en los últimos años se ha dado una especie de “revalorización” del humor gráfico y la historieta o es solo una ilusión?
La “revaporización” de la historieta y el humor gráfico es muy relativa. Es verdad que el panorama es muy diferente al de diez años atrás. Hoy los grandes diarios sacan colecciones de historieta, desde Patoruzito al Corto Maltés, pasando por Spider Man y Maitena. En algunos medios que no son “del palo” también aparecen reseñas de revistas o libros de historietas. Además, editoriales como Sudamericana sacaron libros de cómic como “El síndrome Guastavino” de Lucas Varela y Carlos Trillo. También aparecieron muchas editoriales chicas pero serias que editan muy bien como es el caso de Locorabia, Moebius, Thalos, etc. A pesar de esto, sigue sin haber revistas de historietas argentinas nuevas todos los meses en los kioscos, salvo la Fierro y la Comic.ar. Ni hablar de que la historieta se sigue pagando poquísimo.

Además de las historietas, has tenido varios proyectos en otras áreas. ¿Qué te aportó estar en una banda como Dentistas tristes, realizar una obra como Afeitándose en Alemania, estar en el éter con Maldita radio, etc.? ¿Ahí canalizás otras vetas creativas que escapan a la historieta?
Sí, la historieta es un medio hermoso pero a veces dibujar y escribir se hace largo, solitario y aburrido, así que trato de hacer otras cosas como música y radio donde entran en juego elementos totalmente opuestos al cómic: la velocidad, la improvisación, el hecho de estar en vivo, la voz, el sonido… Me divierte hacerlo y me hace tener más ganas de volver a dibujar solo y en silencio después de pasar vergüenza arriba de un escenario.

¿Qué proyectos tenés para este año?
Estoy terminando de completar “Amasala”, un libro que recopila material viejo mío de fines de los noventas y principios de los dos mil, junto con cosas del año pasado y otras inéditas. Lo edita Moebius, que son los mimos que sacaron mi último libro, “Bola triste”. Tiene que salir en abril para presentarlo en la Feria del Libro de Buenos Aires. También debería salir “Bife angosto 2″ a mediados de año. Además, este año sale mi primer libro en España, compilando las dos series que hice para la revista Fierro (”El baño” y “Violeta macho”) mas algunas historias cortas.

¿Qué consejo le darías a alguien que está arrancando?
Le diría que no se caliente tanto por copiar a algún dibujante que le guste mucho y que se preocupe más por encontrar un estilo de dibujo y de guión que le guste y en el que se sienta cómodo. Muchas veces el “estilo” de un dibujante sale a partir de las mismas limitaciones gráficas. Un estilo minimalista y simple puede ser mucho más emocional y personal que un dibujante superdotado en lo académico.

Nos ponemos un poco apocalípticos… Suponiendo que los Mayas tienen razón, ¿cómo querés que te encuentre el 2012?
Sentado.

¿Qué te gustaría que diga tu tumba (urna, caja de cartón, bolsa de consorcio o donde sea que vayas a parar)?
“No te doy la mano porque estoy muerto”.

Unas cortitas…

Tres discos:
“Doolitle” (Pixies), “Peluson of milk “(Spinetta) y “Bipolar” (Cuarteto de nos)

Tres películas:
“El milagro de P.Tinto” (Javier Fesser), “Old boy” (Chan-wook Park), “American Splendor” (Robert Pulcini y Shari Springer Berman).

Tres cosas que te molestan mucho:
La tarjeta magnética de bondi en Mar del Plata, engordar y que me cueste dormir la siesta.

Tres cosas que te alegran el día:
Los alfajores, los helados y los alfajores helados.

¿Últimas palabras?
Esas dos.





*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7,
www.revistaG7.com


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¿Qué tiene que ver esto con el rock? TODO. Entren acá. Si no les saca una carcajada, no entendieron nada.

Natas en Niceto

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NATAS
13 de febrero 2010
Niceto

Para levitar, su sitio.

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Latido electrónico

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Poncho es un mutante electrorockero nacido de las cabezas de Javier Zuker, Leandro Lopatín (ex guitarrista de Turf) y Fabián Picciano (Zuker XP). La banda acaba de lanzar “Ponchototal”, su primer disco de estudio, que cuenta con invitados tan grandes como diversos: Luis Alberto Spinetta, Banda de Turistas, Chivas (de Norma) y la voz de Shannon Funchess. Además, cuenta con la producción del renombrado DJ inglés Justin Robertson. Como si fuera poco, la propuesta estética y visual en vivo está a cargo del estudio Punga Visual Consorcio, quienes pusieron su creatividad bajo la dirección de los mismísimos Chemical Brothers. RevistaG7.com habló con Zúker para conocer más sobre este proyecto.

TEXTO MARTIN SANTORO





¿Cómo nació la relación entre ustedes? ¿Cuándo pensaron que sería una buena idea hacer algo juntos? ¿Ya tenían una idea concreta de lo que querían o se juntaron “a ver qué pasa”?
Habíamos hablado de hacer algo juntos con Lea [Lopatín] y cuando se separo Turf fue un buen momento. Él vino a casa y yo estaba con Fabián, que era parte de XP, empezando a hacer un disco. Se puede decir que fue en el momento justo. Ahí empezamos, pero sin saber hacia donde íbamos. Comenzamos a tocar, grabar y divertirnos. Nos hicimos amigos y de pronto ya teníamos varias ideas que fueron creciendo hasta llegar al disco.

¿Las ideas y el estilo de Zuker XP fueron el germen de todo esto o lo ves como cosas totalmente distintas?
En parte sí, como también lo fue Turf. Aunque no seamos una banda de rock tal como se las conoce, nos sentimos como si lo fuéramos. Ciertamente, las historias de todos nosotros influyen obviamente en lo que es Poncho.

A la hora de componer o incluso cuando grababan el disco, ¿ya tenían en mente cómo se iban a ser en vivo o lo tomaron como dos cosas distintas?
No, para nada. Nosotros grabamos un disco como una obra de arte. De hecho, hay varios colaboradores externos que también lo hicieron por amor a la música y al experimento. Después se nos ocurrió una buena forma para presentarlo en vivo, para exponerlo. Ahí se unió Tomi, de Punga Visual Consorcio, para darle una identidad visual.

¿Cómo fue el proceso creativo?
Las grabaciones fueron alocadas, psicodélicas y diarias. De hecho, no sabíamos que estábamos grabando un disco pero, al mismo tiempo, al ir registrando todo lo que hacíamos, nos dimos cuenta que empezaba a serlo.

¿Cuál es el condimento que agregó Justin Robertson al disco? ¿Por qué lo elegiste a él?
Justin es muy grosso. Tiene mucha experiencia en esto, es de Manchester y era el DJ de la Hacienda, así que imaginate. Volcó un poco de todo eso en Poncho. De todos modos, nosotros producimos la otra mitad del disco.

¿Se puede considerar al disco es una invitación a verlos en vivo o, por su cuenta, logra encapsular todo lo que son?
El disco tiene un mundo propio. Es un delirio muy hermoso donde, además, canta Spinetta y Shannon Funchess del grupo Chk Chk Chk (!!!) de Nueva York. Es una obra muy potente en si misma y en vivo explota todo.

Una vez que pasó el gran boom electrónico, el estilo se asentó como algo masivo de forma inevitable. ¿Cómo hacés para mantener al género y a tu estilo interesante y novedoso en estos tiempos?
Escucho música todo el tiempo, ya sea nueva o vieja. Eso me nutre constantemente. En ese sentido, trato de que mis sets sean novedosos, renovándolos todos los días. Además, mi programa de radio en Metro, Zuker Attack, me permite poner música de todo tipo que no es necesariamente para la disco.

¿El crossover de géneros es una herramienta clave para mantenerse vigente y definir tu propio sonido?
Si, por supuesto. Para mí, es fundamental a la hora de entender y disfrutar la música. En cierta medida, generás interés en un público que es ajeno a esa movida.

En ese sentido, ¿sentís que la participación figuras rockeras “legitima” este proyecto a los ojos de ese público?
No es adrede. Las participaciones se dan de forma espontánea y, para mí, los proyectos donde colaboran diversas personas con sus artes son los mas interesantes. Es una lastima que no se den tan seguidos. Además, creo que ya me gane un lugar dentro de la escena musical argentina y no necesito legitimar mi música.

¿Cómo viene el panorama para Poncho este año?
Vamos a tocar mucho. Ya están en marcha una serie de remixes incendiarios. Seguramente estaremos viajando, en todo sentido. Eso sí, siempre con los ponchos puestos!


*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.revistaG7.com

Cobra Sarli en Niceto

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COBRA SARLI
13 de febrero 2010
Niceto

100% actitud. No hace falta nada más.

Para escuchar, visitá su MySpace.

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Sube la marea

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Los Kahunas es uno de los máximos referentes del surf rock local. Junto a bandas como The Tormentos han sabido revitalizar un género anclado en utópicas playas californianas de los tempranos 60s. A lo largo de su carrera, no solo lograron instalar el género en el público rockero sino lograr una estrecha relación con los máximos exponentes locales del género. Ya tienen dos discos bajo el brazo: “El fantástico sonido Surf & Hot Road de Los Kahunas”(2005) y “Otro reverberante encuentro con Los Kahunas” (2007), y este año van por más. Hablamos con Alexis B., su baterista, para adentrarnos en un verano eterno.

TEXTO MARTIN SANTORO





¿Cómo surgió la idea de hacer una banda surf en un país donde prácticamente no hay ningún referente del género?
El proyecto nació en 2003 cuando nos juntamos con Adrian “El Papu” Castiñeira [guitarrista líder de la banda]. La idea era empezar un proyecto instrumental ya que él está muy ligado al mundo del skate y escuchaba bandas que interpretaban temas instrumentales, desde punk y pop hasta heavy metal. A su vez, yo estaba finalizando otros proyectos y tenía ganas de encarar algo serio. Nos gustaba mucho el estilo de los 60´s en Argentina, con bandas como Los 4 planetas, Horacio Malviccino, Los Iracundos de Uruguay, además de los referentes internacionales. Finalmente, se sumo Antonio Carlos en la guitarra y, luego de algunos cambios de bajista, se incorporó Damian Balde. Así terminamos de darle forma a nuestra propuesta.

Si bien, como marcás, había bandas que habían tocado el estilo, no era algo masivo o popular. ¿Esto les jugó en contra a la hora de presentar su propuesta o sienten que el público fue más bien receptivo?
Creo que nos beneficio. Mas allá de ser un sub genero puntual, es ese mismo paraguas rockero el que da un abanico amplio de gente que puede gustarle esta música.

Uno de los escollos más grandes que tienen que superar las bandas instrumentales es mantener un constante interés en el oyente y generar también ganchos melódicos que ocupan el lugar de las letras. ¿Cómo afrontan este desafío?
Lo bueno del estilo instrumental es que no tiene un discurso desde la palabra pero sí desde la música. En ese sentido, tiene una gran exigencia sobre la ejecución de los instrumentos ya que el protagonismo no está en la voz. Además, es fundamental mantener una dinámica de show a través de una buena puesta en escena, que se logra tanto con la indumentaria como con las coreografías o movimientos particulares.

De alguna manera, su look en escena ayuda a completar la identidad de la banda. ¿Cómo surgió la “estética kahuna”?
Esta inspirada en la indumentaria clásica de la “época clásica” del género, con tuxedos, trajes, camisas a medida, moños y corbatas. Tomamos esto como punto de partida para luego personalizarlo: ya usamos dos juegos de trajes y dos juegos de camisas para que la puesta sea variada. Ahora también trabajamos con Carol Sánchez, una amiga de la casa, que tiene su propia marca de indumentaria: Little Monster. Diseñó nuestra últimas camisas azules con apliques de cebra y esta en pleno proceso de hacer unas nuevas para este año.

¿Cómo es su proceso creativo?
“El Papu” es el principal compositor de la banda. Él trae melodías en solitario y, cuando ya esta firme la idea, se completa con el trabajo de toda la banda, redondeando las ideas hasta llegar al final del proceso de la canción.

¿El sonido de la banda nació de la conjunción de los estilos particulares de cada uno o ya había una idea puntual en mente y se buscó a los músicos idóneos?
Es algo que se va gestando constantemente y, si bien hay ideas de determinados sonidos, no somos de atarnos a cómo se hacían las cosas en 1964, por ejemplo. Nosotros somos una banda actual con una forma de ejecución actual. Si bien las influencias siempre están, nuestra manera de tocar es un reflejo natural de quienes somos. No podría emular el sonido de batería de Dennis Wilson [baterista de los Beach Boys]. Creo que no me saldría, pero tampoco es algo que me detengo a intentar. No me parece que es una forma “personal” de encarar a la música. En ese sentido, somos una banda clásica pero actual.

Grandes bandas como La Renga, Los Fabulosos Cadillacs y Massacre les tienen una gran admiración. ¿Por qué creen que el mundo rockero los quiere tanto? ¿Cómo se generó esa suerte de “crossover” de géneros?
La verdad es que no tenemos más que palabras de agradecimiento para todos ellos. Vamos a tener una eterna deuda imposible de pagar. Gustavo Napoli nos invito a tocar en la cancha de Vélez antes de La Renga, grabó con nosotros y toco muchas veces de invitado en nuestros shows. Flavio Cianciarullo y los Cadillacs nos dieron su constante apoyo desde sus programas de radios, invitando al Papu a los shows en el Luna Park, Pepsi Music, etc. Wallas y los Massacre son un amor: nos invitaron una gran cantidad de veces también a tocar antes que ellos brindándonos su público, su apoyo y su cariño.

También quiero destacar a Marcelo Pocavida, gran prócer del punk, artista y amigo incondicional de Los Kahunas; Expulsados y Cadena Perpetua. Tal vez suene demagógico pero me interesa muchísimo que se generen estas colaboraciones de músicos amigos con nosotros y el género Surf. La música es música y no tiene que ser sectaria.

¿Se ven a ustedes como pioneros o, por lo menos, como punta de lanza para toda una movida que explotó alrededor del género? ¿Creen que va de la mano de un impulso comunal de toda una movida under que empuja cada vez con más fuerza?
No creo que seamos los pioneros. Por ejemplo, nuestros amigos de The Tormentos también representan este género. Ellos trabajan muchísimo y nos une la amistad y un gusto por esta música. Una vez al año hacemos una fecha en conjunto, netamente instrumental, llamada Surf Party. Ya hicimos cinco ediciones por donde pasaron figuras como Danny Amis de los Straitjackets, Gustavo Napoli de La Renga, Wallas de Masacre, Marcelo Pocavida, Expulsados, BBKid y un largo etcétera.

¿A qué atribuyen su gran crecimiento?
Como banda, nos encanta tocar en vivo. Nos formamos en 2003, debutamos en vivo al año siguiente y nunca paramos. Hicimos más de 150 shows, tocando en Capital, Gran Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Neuquén, Comodoro Rivadavia, Trelew, Puerto Madryn, Azul… Creo que tocar tanto, y en escenarios distintos, hace que más gente conozca tu propuesta.

Ciertamente están presentando el género a mucha gente que tal vez nunca escuchó hablar de The Ventures, The Surfaris o Dick Dale. ¿Sienten alguna responsabilidad en ese sentido?
Más que una responsabilidad es muy gratificante poder ser, en alguna medida, comunicadores y difusores de este genero que tanto nos gusta.

¿Ven a su estilo como música de nicho o algo más bien abierto a cualquiera realmente? ¿Cómo definirían a su público?
Creo que es muy variado realmente. Es un género que le puede gustar a mucha gente y no sé si puedo estereotipar solamente un tipo de publico. No me gusta la sectorización ni un elitismo del tipo “yo escucho surf del año ‘81”. Creo que las cosas están para disfrutar, no para colgarse medallas. Esos son pensamientos de antaño y retrógrados

¿Cómo ven la movida acá en contraste con EE.UU. y Europa? ¿Hay un marco para generar un proyecto musical autosustentable o esa fue y será la eterna utopía?
Todavía lo seguimos sustentando (risas). Creo que mientras estén las ganas y la salud, hay Kahunas para rato. Hoy en día veo a los Straitjackets girar por el mundo con 50 años de edad promedio entre sus integrantes y me pregunto “¿por qué no?”.

Saliendo un poco del género, ¿qué discos están escuchando estos días?
Escuchamos de todo. Esta semana estuve con Motorhead, Morrissey, Devo, The Cramps, Chris Isaac, The Mission, Agent Orange, Slayer, Ramones, Depeche Mode, T Rex, Television, Link Wray, Van Halen, Robert Gordon… Como podrás ver, viene variada la cosa.

¿Cuáles son sus planes para este año?
Estamos trabajando en dos discos y, si Dios quiere, vamos a estar haciendo una gira por Europa por primera vez en nuestra carrera, además de tocar todo lo que se pueda en Argentina.

Para conocer más sobre la banda: www.loskahunas.com


*Esta nota salió publicada en el sitio de la revista G7, www.revistaG7.com